Peligros para niños en casa o el hogar

Desde la llegada del nuevo inquilino al hogar familiar, aparecen peligros para niños en casa que ese necesaria una verificación de las condiciones de seguridad del hogar.

Cuando el niño ya tiene edad suficiente para desplazarse a voluntad y ser capaz de “tocarlo todo”, el hogar puede convertirse en un auténtico mundo de peligros. Cada año los accidentes domésticos provocan demasiados dramas.

Los padres no pueden dejar al niño solo ante el peligro, sino que deben velar por la seguridad de su entorno.

Velar por la seguridad en casa es absolutamente imprescindible. Sin ánimo de ser exhaustivos, a continuación les proponemos algunos consejos útiles para asegurar un grado suficiente de protección en el hogar y asegurar en gran medida la seguridad de sus hijos.

 

Líquidos calientes

  • Peligros de niños en el hogarAl preparar la comida, hay que alejar al niño de la cocina. No cocinar nunca con el niño en brazos.
  • Mantener los mangos de cazos y sartenes siempre en el interior de la placa y utilizar los fuegos más cercanos a la pared. Tal como se ve en la fotografía, es muy fácil que mientras esté cocinando, en un descuido el niño quiera ver el contenido del recipiente y pueda tirarse por encima agua o aceite hirviendo.
  • Regular el termostato del calentador para que el agua no supere los 40 grados como máximo.
  • No dejar al niño solo frente a un bol de leche o sopa muy caliente.

 

Encimeras y hornos

  • No dejar a su alcance las rejillas de la cocina cuando aún no sé han enfriado por completo.
  • En algunos países venden unas tapas de seguridad para cubrir las placas eléctricas después de su uso.

 

Productos de limpieza

  • Mantener en un armario cerrado, a una altura inaccesible para el pequeño, todos los productos de limpieza, especialmente los cáusticos.
  • No traspasar jamás un producto de limpieza a una botella vacía de vidrio o plástico que pueda confundirse con agua, zumo o refrescos. En los hospitales se ven periódicamente casos de niños con el estómago destrozado porque sus padres, por distintas razones, han vaciado lejía o salfumán en botellas de por ejemplo Fanta, y los niños han pensado que era refresco, han bebido un buen trago y cuando se han dado cuenta que no era Fanta ya era demasiado tarde. Esos niños deben hacer dieta toda su vida ya que su aparato digestivo queda seriamente dañado. Y por desgracia hoy en día este sigue siendo uno de los accidentes más comunes en niños pequeños.
  • Aunque no es un producto de limpieza, es también bastante común en urgencias de los hospitales niños que han “jugado” con tubos de pegamento de contacto y al abrirlo se han pegado sus dedos. En estos casos se requiere una intervención quirúrgica para poder despegar los dedos entre ellos o a otra parte del cuerpo, o aún peor, los labios o los párpados del ojo. Cuando esto sucede se tiene que extirpar una parte de la piel y resulta bastante doloroso.

 

Objetos cortantes y de cristal

  • Tanto los cuchillos y las tijeras como los utensilios de bricolaje deben guardarse después de su uso en un lugar inaccesible a los niños.
  • No hay que permitir que los niños pequeños usen vasos y platos de cristal, mejor utilizar de plástico para evitar posibles cortes en caso de rotura.

 

Pequeños objetos

  • Uno de los más comunes peligros para niños en casa es el atragantarse. Debemos evitar dar al niño menor de tres años cacahuetes, gominolas, chicles y otras golosinas de pequeño tamaño, ya que pueden atragantarse con ellas, además de no ser nada recomendables ni para su salud, ni para sus dientes.
  • Atención a los objetos compuestos de pequeñas piezas cuando los niños sean menores de tres años (normalmente, el fabricante advierte del peligro con un pequeño símbolo).
  • No hay que dejarle jugar con gomas, bolsas de plástico (transparentes o las que regalan en los supermercados) o cuerdas.
  • Las pilas botón (esas pequeñas que se utilizan en los relojes) deben cambiarse con precaución, nunca dejarse a su alcance ya que muchas de ellas tienen componentes muy tóxicos incluso venenosos como el mercurio, que provoca daños muy graves e irreparables en diferentes órganos del cuerpo como el cerebro, hígado y riñones.

Peligros para bebés en casa

 

La silla alta o trona

  • Al adquirir la trona hemos de comprobar que se ajusta a las normas de seguridad. Debe tener un cinturón ventral y entre las piernas para sujetar al pequeño y evitar que se escurra hacia abajo.
  • Conviene instalar la silla lejos de los muebles que pueden servir de punto de apoyo para que el pequeño se levante o haga presión. Dicho de otro modo, que el pequeño no pueda levantarse de la trona (y caerse), apoyándose en un mueble que tenga cerca.
  • No debemos dejarle nunca solo sobre ella y menos desatado.

 

Medicamentos

  • Debemos guardarlos en un botiquín al uso, cerrado con llave y lejos del alcance del niño.
  • Si el niño ha de tomar un medicamento, le explicaremos que se le da porque necesita curarse puntualmente, y no porque sea bueno, e insistir en que si lo toma por su cuenta puede ponerse muy enfermo.
  • No es bueno tener “reservas” de medicamentos y menos de medicamentos caducados.

 

Bañera

  • Si existe un calentador en el cuarto de baño, debemos comprobar que no haya riesgo. Si el calentador es eléctrico hay peligro que el niño le tire agua y pueda electrocutarse. Hay que alejar de la zona de baño todo enchufe o aparato eléctrico. Si el calentador es de gas, puede consumir en pocos minutos el oxígeno del cuarto de baño y morir de asfixia. También comprobar que no haya emanaciones, por ejemplo que se apague la llama y tengan una intoxicación por el gas butano.
  • No podemos dejar nunca a un niño menor de cuatro años sin vigilancia durante el baño. Puede ahogarse en sólo 20 cm de agua. Este es uno de los peligros para niños en casa más dramáticos y hay que tenerlo muy en cuenta.
  • Hay que verificar la temperatura del baño con un termómetro o, en ausencia de éste, con el codo o la parte de arriba de la mano (es decir con la palma no, con el otro lado de la mano) ya que la piel es mucho más sensible. En ningún caso debe hacerse con los dedos porque lo que a usted le parece “calentito” al niño le puede quemar.
  • Debemos eliminar de su alcance, en los bordes de la bañera y en el lavabo, desodorantes, perfumes, champús.
  • Es conveniente colocar una alfombra antideslizante.
  • Cuando se saque al niño de la bañera, es muy fácil que le resbale de sus manos y caiga al suelo, especialmente si lo coge de la cintura. Este es un accidente muy común con los padres que intentan sacar de la bañera al niño con un brazo mientras preparan la toalla con la otra mano. Para evitar accidentes intente preparar la toalla en una superficie plana y a continuación saque al niño cogiéndolo por debajo de sus brazos, utilizando los dos brazos a la vez.

Peligros para niños en casa

Tomas de corriente

  • Recurrirse a tapas protectoras que cubran los orificios de entrada en las tomas de corriente o enchufes. También existen tapas protectoras superpuestas a modo de guillotina. Ante una urgencia, puede colocarse celo bien pegado sobre la toma de corriente. Pregunte en las tiendas tipo ferreterías o de electricidad sobre las diferentes opciones disponibles.
  • Evitar el uso de “ladrones” y alargos de corriente.
  • Reñir al niño siempre cuando va a tocar cualquier enchufe o toma, avisándole de las dramáticas consecuencias que puede tener jugar con ellos. Es de vital importancia que lo entienda.
  • Desconectar inmediatamente después de su uso cualquier aparato eléctrico que el bebé pudiera llevarse a la boca o manipular.
  • Jamás dejar aparatos peligrosos conectados como turmix, picadoras, licuadoras, minipiler, trituradoras, peladoras, etc que tengan cuchillas y que el niño pueda poner los dedos y apretar el botón de activación.

 

Escaleras

  • En escaleras interiores, colocar una barrera de seguridad para impedir el acceso al bebé, si no va acompañado de un adulto.
  • Cuando comience a andar hay que enseñarle a subir las escaleras a cuatro patas y a bajarlas reculando.

Puertas

  • Peligros de niños en casa ejemplo de puerta y sus dedosExisten dispositivos de seguridad que mantienen las puertas fijas cuando están abiertas. Uno de los accidentes más comunes es cuando el niño pone los dedos en la zona de las bisagras y por la razón que sea se cierra la puerta, atrapando los dedos del niño.
  • Las puertas correderas son muy peligrosas, las encontramos en casas, pero sobretodo en algunos tipos de transportes o en locales comerciales, con esas puertas que “sea abren sólas” cuando un sensor detecta movimiento al acercarnos a ellas. Los niños pequeños apollan las manos y su cuerpo en esas puertas, y en el momento en que se abren, no les da tiempo de reaccionar para retirar la mano y se enganchan los dedos en la obertura por donde “desaparece” la puerta. Este tipo de accidentes puede provocar daños, desde leves como dolorosos rasguños en la piel como daños graves que pueden llegar a la amputación de varios dedos.

 

Ángulos de los muebles

  • Lo más práctico es colocar esquineras de plástico o esponja. También pueden realizarse en casa con ayuda de trozos de espuma y cinta adhesiva.

 

Literas

  • ¿A partir de qué edad un niño pequeño puede dormir en una litera? No hay que dejar dormir a un niño menor de seis años en la litera superior; y en todo caso, se colocarán barreras de seguridad.

 

Plantas

  • Hay que enseñarle a que no toque las plantas, ya no sólo por la salud de las plantas sino porque muchas plantas domésticas o en lugares públicos son tóxicas (mirar siguiente punto).
  • Hay que obviar en el hogar ciertas plantas ornamentales cáusticas, como las lechetreznas y la poinsetia o flor de pascua, que contienen un látex muy tóxico para la piel, las mucosas y los ojos. También el jugo digerido de la famosa planta dieffenbachia puede ser mortal para un niño.
  • Los insecticidas y pesticidas sólo se utilizarán el día que se prevea que el niño no va a salir al balcón, jardín o huerto. Debemos guardarlos en un lugar cerrado e inaccesible al pequeño.

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Ventanas y balcones

  • Peligro de bebé a punto de caer balcónLas ventanas accesibles han de tener dispositivos de cierre con sistemas de seguridad que deberán ajustarse tanto si están cerradas como entreabiertas.
  • No hay que colocar mueble alguno al lado de las ventanas que pueda utilizar el niño para subir.
  • El espacio entre las barras verticales del balcón no ha de superar los 11 cm. Lo más práctico será colocar una red plástica dura o una tela metálica más alta que las rejas.
  • Conviene inculcarle el grave peligro que supone caerse al vacío. Cuando se estrenó la película de Supermán en el año 1978, hubieron muchos casos de niños que saltaron por ventanas y balcones pensando que volarían. Si lo ven en dibujos animados u otros medios, hay que inculcarles que eso no es posible, antes de que lo comprueben por si mismos.

 

Fuego

  • No debemos dejar a su alcance ni cerillas ni mecheros.
  • No debemos enseñarle a utilizar el fuego, por ejemplo que en su cumpleaños encienda las velas con un encendedor de cocina, es como enseñarle a que prendan fuego a la casa en el futuro.
  • Debemos tener cuidado de que no se acerque alrededor de la barbacoa cuando se está utilizando.
  • Hay que evitar que cuando se cocine, los niños estén cerca de donde se cocinan los alimentos, desde paellas con aceite caliente a ollas con agua hirviendo, cuando hay un accidente vuelcan sus contenidos y acaban en el suelo, justamente donde juegan ellos. Por eso hay que evitar que jueguen en las zonas con posible riesgo.

 

Es posible que además de estos peligros para niños en casa, hayan otros que no he comentado, pero estos son los que más se ven en las urgencias de los hospitales. Si tiene alguna sugerencia que no hayamos contemplado, por favor, escríbanos con el formulario de comentarios que hay más abajo.

 

El niño de tres años de edad y sus características

Niña o niño de tres años y su cumpleaños

Para el niño de tres años la escuela pasará a formar parte de su vida cotidiana, con sus alegrías y con sus disgustos. Estos acontecimientos requieren una escucha atenta por parte de los padres. Los niños de tres años también necesitan compartir sus problemas para no acostarse con ellos. Cada día será conveniente el diálogo durante diez o quince minutos junto a su almohada. A los pequeños les gusta entonces contar cosas que tenían hasta el momento calladas.

Cuando se halle muy cansado, una pequeña historia o una nana que reconozca le será de gran ayuda. Y, sobre todo, hay que escoger el momento adecuado para acostarle. Hay algunos signos que lo preludian: reducción de la actividad, reclamo del chupete, o a la inversa, hiper-excitación. Todos los niños necesitan un entorno tranquilo para tener un buen descanso, por lo que están totalmente desaconsejados los juegos demasiado movidos.

Necesidades afectivas y objetos de apego

Para que un niño se desarrolle de manera sana y feliz es necesario cubrir una serie de necesidades básicas, entre las que se incluyen, por supuesto, las necesidades afectivas. El amor da a nuestros hijos seguridad y les ayuda a crecer.

Sentirse querido

Niña de tres añosHace años existía la creencia generalizada de que el estricto cumplimiento de las necesidades físicas del bebé (comida, higiene, reposo…), con el establecimiento de un patrón de horarios y de costumbres, bastaba para cumplir como padres en la primera etapa de la vida de un recién nacido.

Más recientemente, muchos experimentos han constatado la importancia, tanto en el desarrollo físico como emocional, de la formación y el mantenimiento de lazos afectivos.

En las primeras semanas de vida, el contacto con la madre es vital para el pequeño y, al contrario de lo que se pueda suponer, generalmente un niño al que no le ha faltado ese contacto suele ser más independiente y acepta mejor las ausencias y el alejamiento cuando va creciendo. El instinto maternal (con su componente hormonal y heredado) ya encauza esa necesidad vital que el recién nacido reclama.

El padre no sufre ninguna descarga hormonal con el parto, pero va naciendo en él -al igual que en la madre- el amor por el nuevo recién llegado gracias al contacto diario y la convivencia. Y todo lo que compartan ambos en sus cuidados, en la expresión de su cariño, será básico para ese vínculo fundamental que necesita el pequeño en su crecimiento.

Pero de la misma forma que al principio la sobreprotección es necesaria, conforme el niño crece ésta puede ser contraproducente. Por tanto, el amor de los padres debe estar dirigido a que el pequeño adquiera seguridad, busque el contacto con otras personas y cree lazos afectivos.

Hablarles les da seguridad a los niños de tres años

Los bebés también necesitan que se les hable, han de sentirse queridos pero también constatarlo a través de las palabras de los padres. Aunque parezcan no comprender el significado de lo que se les dice, son muy receptivos a las voces de sus seres queridos y saben distinguir sus diferentes estados de ánimo. A través de las palabras se les transmite cariño, seguridad, se les demuestra el amor…

Al igual que sucede en una relación de pareja, el hecho de verbalizar los sentimientos es fundamental. Ello se hace más evidente cuando los niños son mayores. Las madres de hijos adolescentes saben por propia experiencia que, a esa edad, los niños son cada vez más reacios a los abrazos y besos y es entonces cuando las palabras se vuelven indispensables para expresar los sentimientos.

La niña o niño de tres años (o menos), desea que le acaricien, le besen, y sobre todo le hablen con palabras cariñosas. Conforme su lenguaje va enriqueciéndose, los padres también van encauzando sus sentimientos con otro tipo de demostraciones y en ello el diálogo es fundamental. Un niño se siente seguro, se siente amado, cuando existe comunicación. Y ésta ha de ir aumentando con el tiempo a favor de un desarrollo saludable.

El osito de peluche o la mascota

Niña pequeña con osito de pelucheUna mascota no es más que un objeto de apego, como puede ser el chupete, pero se transforma en un ente capital en el universo de muchos niños. Para calibrar su importancia, debe remitirse a la importancia que posee para el niño el vínculo materno. El pequeño, desde que nace hasta aproximadamente los dos años, quiere tener a la madre siempre a su lado, para poder verla y constatar que está ahí con él.

Cuando eso no ocurre, entonces el oso de peluche, el pañuelo o la almohada, impregnados de olores familiares, se convierten en una representación del progenitor ausente. De ahí que los pediatras denominen a la mascota “objeto de transición” que reemplaza a la madre cuando ella está lejos.

Su adopción se produce a partir de los seis meses y el objeto elegido al que el niño se aficiona se convierte en indispensable. Cuando esté cansado, tenga miedo o le cueste dormir reclamará sobre todo su mascota, que apretará contra él, chupará o acariciará. Su presencia es comparable a la de un amigo muy querido: le da seguridad; resuelve muchas de las situaciones cargadas de ansiedad…

No existe razón para privarle de dicho sentimiento y los padres no han de infravalorar la intensidad de esta forma de apego. En general, el niño dejará progresivamente la mascota hacia los cuatro o cinco años. Incluso ya desde los dos años puede manifestar una tendencia a olvidarla, no llevándola sistemáticamente en sus salidas a la calle.

Con las caricias crecen mejor

Todos los especialistas lo confirman: los niños acariciados son adultos más sanos y sociables. El masaje infantil es una práctica muy antigua en otras culturas y se ha revalorizado en la occidental, sobre todo en los casos de bebés prematuros, en los que se ha comprobado su eficacia para favorecer su evolución física y emocional. Además, gracias al masaje, el niño toma conciencia de su propio cuerpo al mismo tiempo que se potencia su desarrollo sensorial.

Por eso es aconsejable iniciarlo desde los primeros meses de vida. No importa el momento, aunque lo más práctico es antes del baño, cuando el bebé está desnudo sobre el vestidor o la cama.

Lo importante es que la temperatura del entorno sea cálida y que la madre esté relajada para no comunicar su propio nerviosismo al niño. Las manos deben estar calientes y se utilizará un aceite para bebés, a base de almendras dulces. Los movimientos serán ligeros y sutiles sobre todo su cuerpo, cabeza, rostro, manos y pies al completo. En el abdomen las manos han de realizar suaves movimientos circulares en el sentido de las agujas del reloj. Esto alivia a los lactantes que sufren dolores a consecuencia de los gases y puede estimular un intestino perezoso.

El niño de tres años, controla muy bien su cuerpo y lo que toca. Su lenguaje se enriquece, ganando en variedad y precisión, y se cuestiona prácticamente todo. Al sentirse más autónomo en todos los aspectos, disminuye su tendencia a llevar la contraria. El pequeño está más abierto a compartir experiencias, y sus relaciones con otros niños adquieren cordialidad. Al mismo tiempo que se inventa historias y aventuras, pueden aparecer también los amigos de ficción. Y tiene predilección por los cuentos y las historias, ya que éstas le ayudan a entender el mundo y a desarrollar su capacidad creativa.

Autónomo en sus movimientos

Niña o niño de tres años y su cumpleañosLa niña o niño de tres años experimenta un cambio espectacular. Su cuerpo se ha estilizado y ha adquirido las proporciones de un niño: la cabeza se armoniza con el resto del cuerpo, éste pierde redondeces y al mismo tiempo sus movimientos ganan en soltura, espontaneidad y armonía.

El pequeño de tres años controla muy bien su cuerpo y es consciente de ello. Las habilidades motoras adquiridas se consolidan y, al mismo tiempo, aparecen y aumentan otras. La seguridad repercute en su funcionamiento cotidiano.

Su mayor satisfacción es el movimiento y para sentarse, si ha de elegir, se decidirá siempre por el suelo, aunque siempre para continuar con otra actividad manual. Ahora pedalea con suma facilidad en su triciclo, salta a la cuerda, se pone de puntillas, sube y baja escaleras, es capaz de sostenerse en una pierna o de andar sobre una línea recta sin desviarse y manteniendo el equilibrio.

En sus excursiones y paseos con los adultos, demuestra su resistencia al andar sin reclamar constantemente que le cojan. Ya sabe comer y beber solo. Se lava las manos o se peina con más o menos destreza.

Aprenderá en el parvulario a ponerse la bata sin ayuda e incluso comenzará a defenderse con los botones. Sus habilidades manuales evidencian un rápido desarrollo. Las construcciones con bloques dejan de ser un secreto para él, combinando tanto las formas en horizontal como en vertical.

Llegó el momento de los “¿por qué?”

El lenguaje del niño de tres años es mucho más rico, variado y preciso. Logra articular correctamente las palabras, haciéndose inteligible tanto para los adultos de su entorno como para los extraños. Además, en esta etapa su vocabulario aumenta de forma espectacular y es bastante normal que pase días repitiendo insistentemente las últimas palabras aprendidas.

Los términos escatológicos producen su hilaridad y descubre las primeras palabrotas. Adopta buena parte de las reglas gramaticales sin esfuerzo, distinguiendo perfectamente entre el singular y el plural, el masculino y el femenino o los tiempos de los verbos, aunque tenga problemas con los irregulares. Los pronombres ya no tienen secretos para él, sobre todo el “yo” que utiliza con profusión (para delimitar su persona, sus propiedades, sus gustos; en definitiva, para hacerse valer).

Sus frases se van haciendo completísimas aunque, evidentemente, su capacidad de comprensión sea mayor que la de expresión. Algunos niños, por ansias de perfección y precisión, construyen despacio sus oraciones. En esos momentos, es importante no presionarles. Pero lo más llamativo de esta etapa son los monólogos y las continuas preguntas, infinidad de preguntas a las que los adultos muchas veces no encuentran respuesta, sobre todo si éstas se hallan encadenadas.

Compartir se hace más fácil

El niño de tres años suaviza su resistencia a obedecer y sus cada vez menos frecuentes reacciones adversas denotan la búsqueda de unos límites, que los padres han de imponer de forma coherente y persistente. Al sentirse más autónomo y ser capaz de razonar ciertos temas, adquiere mayor seguridad y con ello disminuye su tendencia a llevar la contraria. Además, la posibilidad de dialogar y de comunicarse aumenta el deseo de cooperar, tanto con los adultos como con los niños de su propia edad.

Las relaciones sociales con los otros niños van cambiando. Es evidente que a ello contribuye también su estancia en el parvulario. Aunque las preferencias por jugar solo continúan siendo predominantes, el pequeño está más abierto a compartir experiencias y sus relaciones adquieren cordialidad. Incluso son capaces de esperar turno (tolerar la frustración ya no resulta tan imposible) o de compartir sus juguetes. Aquellos que tienen hermanos menores se convierten en líderes y se creen con derecho a manejarlos a su antojo.

En el seno familiar, el niño afianza el lugar que ocupa. Conoce perfectamente a los miembros que componen su familia: madre, padre, abuelos, tíos, primos… Es capaz de aceptar mejor las separaciones de la madre porque puede fijarla de forma abstracta en sus pensamientos y comienza a entender los límites de la temporalidad, aunque todavía confunda los minutos y las horas.

Adivina, adivinanza

A los niños de tres años les encanta adivinar y hacer que el adulto adivine lo que ellos proponen. Este juego, tan viejo como el ser humano, potencia su memoria visual y fortalece y enriquece su lenguaje descriptivo. Le ayuda a aprender al mismo tiempo que se divierte y enorgullece de sus aciertos. De la misma forma funciona el “Veo, veo”, que estimula en este caso su conocimiento del entorno más inmediato.

Los niños de tres años de edad del siglo XXI

Los niños del siglo XXI tienen a su disposición otros tipos de estímulos que son diferentes a las que tuvimos nosotros o nuestros padres, en lugar de tener cuadernos de dibujos para colorear muy limitados con una docena de dibujos, se puede acceder a decenas de miles de dibujos para colorear al gusto de cada niño o niña, incluso con apartados específicos de dibujos para niños de tres años.

También hay webs que tienen disponibles vídeojuegos para niños de entre 2 y 3 años que permiten familiarizarse con las tecnologías modernas y les enseña los colores, letras o conceptos numéricos mucho antes que los niños que utilizan métodos tradicionales.

Incluso cuando ya tienen más soltura, pueden jugar a videojuegos muy simples como los famosos “Angrybirds” y su saga, que permiten al niño aprender cosas increíbles para su edad como conceptos básicos de física o de estrategia que estimulan su cerebro a muy temprana edad mientras se lo pasan en grande.

Sobre el tiempo que pueden estar delante de la pantalla (sea videojuegos o televisión), los especialistas no se ponen de acuerdo, pero no debe ser durante un tiempo prolongado para evitar a la larga problemas de vista o de la columna vertebral, y esta actividad debe alternarse con actividades físicas para tener un desarrollo físico t psíquico pleno y así evitar el sedentarismo.

Es recomendable acompañar al niño especialmente al principio, cuando se utilicen las nuevas tecnologías para evitar accidentes (por ejemplo que borre cosas que no debe borrar), o para enseñarle a distinguir una opción de un banner publicitarios, o también para que no se frustre en caso que se encuentre con problemas simples como no saber “arrastrar” un objeto con el ratón o con el dedo si se trata de una pantalla táctil.

A pesar de las voces críticas, está comprobado que utilizar las nuevas tecnologías en los niños es recomendable por la cantidad de ventajas que ofrecen respecto a las técnicas tradicionales, aunque no son exclusivas, más bien complementarias.

El niño de dos años de edad y sus características

Niña con chupete

Agotador e incansable, el niño de dos años difícilmente halla límites a su actividad diaria si no se los imponen los adultos. El resultado es que es imposible tenerle sentado, es difícil llevarle a la cama, no tiene tiempo para comer… Este derroche de actividad es reflejo de su buena salud, física y psíquica.

Al mismo tiempo se enfrenta a nuevos retos de sociabilidad, como es aprender a controlar sus necesidades. Aunque todavía sea un bebé, todo su cuerpo va estilizándose y armonizándose y su independencia motriz y manual es ya constatable.

En esta etapa, el niño aumenta considerablemente su vocabulario y capacidad discursiva y aprenderá a controlar sus esfínteres. Continúa siendo egocéntrico y puede aparecer un problema muy delicado como es el de los celos. También manifiesta diversas dualidades; desde la valentía a los miedos o desde la cooperación a la protesta. Poco a poco se le debe guiar hacia la aceptación de la frustración.

Casi como si fuera de goma

Niña de dos añosEl cuerpo del pequeño de dos años conserva todavía muchas de las características del bebé. Su piel es suave, sus formas aún algo redondeadas, tienen un poco de barriga y su cabello es fino. Pero ya va mostrando ciertas características del niño que será en el futuro: las proporciones entre su cabeza y el resto del cuerpo comienzan a ser más armónicas y sus rasgos más estilizados.

Como se ha indicado en el capítulo anterior, el ritmo de crecimiento es ya mucho más pausado y se conserva la media de evolución anual para talla y peso de unos 10 Cm y 2 Kg, cada año. El desarrollo más espectacular corresponde a su independencia motriz y manual.

El niño de dos años tiene ya una gran seguridad en sus miembros y es capaz de subir y bajar escaleras agarrado a la barandilla, aunque apoyando los dos pies en cada escalón, y de subir y bajar de la trona, del sofá, de cualquier silla, del tobogán, etc., sin ayuda.

En este año, los niños y la niñas aprenderán a chutar el balón e incluso a montar en triciclo, una actividad que suelen encontrar absorbente y que les permite fortalecer su musculatura, calibrar distancias y direcciones y potenciar su equilibrio. Tanto derroche de actividad implica numerosas caídas de las que el niño suele salir indemne después de medio minuto de lloros. Y es que su cuerpo es tan elástico que parece casi de goma.

Enriquecer su lenguaje

Al avanzar este año, el niño aumenta considerablemente su vocabulario y capacidad discursiva, siendo capaz de decir frases completas. Aunque continúe el interés por imitar, el lenguaje le ayudará a comprender muchas cosas y se convertirá en el mejor aliado del aprendizaje. De ahí que un pequeño de esta edad interrogue acerca de todo y plantee preguntas casi metafísicas como el por qué no hablan los gatos como Gardfield, o preguntan si un aparato de televisión tiene sed, o si puede volar como las protagonistas de los dibujos animados de Las Supernenas.

Las preguntas van ayudándo a enriquecer su lenguaje y su capacidad de comprensión del mundo. Por eso es Importante contestarlas, con más o menos coherencia. También empezará a utilizar los pronombres, aunque al principio sea normal cierta confusión.

El diálogo es fundamental en esta etapa, ya que potenciará el lenguaje del niño. Los padres han de establecer con él una comunicación recíproca; es decir, también hay que escucharle. Si el niño de dos años no habla, habrá que dirigirse a un especialista.

Preparado para usar el orinal

Niña haciendo pipiEl tema del control de esfínteres y sobre el momento en que hay que acostumbrarle a ir al inodoro suscita un amplio debate entre los especialistas.

Algunos sostienen que insistir en ello cuando el pequeño no está preparado sólo creará resistencia y retardará aún más el proceso. En términos generales, la etapa de los dos años se considera la más adecuada, y aunque algunos niños logren controlar sus esfínteres al año y medio, es importante que a los tres años todos lo hayan conseguido.

Es conveniente saber que en general las niñas son más precoces que los niños en muchos aspectos, como también a la hora de hacer el pipí y sentarse en el orinal. En este tema, como en muchos, la atenta observación de los padres dará las claves.

En principio, es necesario que el niño reconozca las sensaciones de estar mojado o de tener el pañal sucio. Si se siente incómodo, lo manifiesta y además lleva ya un tiempo con ganas de “probar la experiencia de sentarse en el inodoro”, quizá sea el momento de plantearlo.

Además, el niño debe entender lo que significan los términos «pipí» y «caca» y comenzar a utilizarlos. Lo mejor es hacer coincidir el momento de quitarle el pañal con el buen tiempo y facilitar el proceso con ayuda de un orinal. Llegados a este punto, los adultos han de armarse de calma y paciencia y seguir una serie de estrategias.

Hay niños que una vez que se acostumbran a funcionar sin pañales durante el día, automáticamente dejan de mojarlo durante la noche. En estos casos, se facilitará su descanso nocturno si se les hace orinar antes de acostarse. Conviene estar preparado a que, de repente, el niño manifieste un retroceso en el control de esfínteres. A veces puede ser una actitud pasajera, y que el niño restituya poco después la costumbre ya adquirida; otras veces las causas pueden ser psicológicas, como por ejemplo los celos.

Tan valiente y tan miedoso

El pequeño aventurero no calibra los riesgos porque se siente a la vez más seguro de sus posibilidades y no es capaz de distinguir, por el momento, los peligros. Pero el niño de dos años manifiesta una dualidad curiosa: se presenta muy valiente en ciertos aspectos, pero muy miedoso en otros.

Los miedos infantiles aparecen en el primer año pero continúan desarrollándose, quizá de forma más aguda, en los dos y tres años. El más común es el miedo nocturno, cuando ha de enfrentarse solo a la oscuridad en su habitación. El mundo real se mezcla con el imaginario y las fronteras son tan tenues que crean auténticos conflictos interiores.

Por mucho que sus padres se hayan empeñado en suavizar los cuentos infantiles, aparecen inevitablemente los fantasmas. Pero los especialistas aducen que estas reacciones confirman su crecimiento y que definitivamente van superando la etapa de bebés en su evolución. El niño también necesita el miedo para poder establecer unas pautas de seguridad en su vida futura.

Se le ayudará a vencer sus terrores razonando sobre el mismo miedo, y convenciéndole de que sus padres siempre estarán a su lado… Y, por supuesto, no hay que dejar nunca a un niño a merced de sus pesadillas, que acostumbran a aparecer también en esta etapa. Necesita que alguien le tranquilice y le ayude a relajarse y para ello nadie más indicado que una madre o un padre.

La relación con los demás y los celos

Niño de dos años con su hermanoEl niño de dos años continúa siendo egocéntrico aunque ya empieza a encontrar placer en la relación con otros niños. De sus costumbres de cuando tenía un año conserva esa capacidad por estar al lado del otro mientras permanece absorto en su propio mundo, ajeno totalmente al compañero.

A lo máximo que puede llegar es a contribuir agregando más arena al montículo que ha comenzado otro niño o a compartir el balancín durante breves Instantes. Es su comportamiento típico. Habrá que esperar a los tres años para que el pequeño adquiera la capacidad de jugar de forma interactiva con sus coetáneos.

El niño de dos años también juega mejor con niños mayores, quienes, si no son hermanos, suelen comportarse de forma más tolerante, le dirigen, le enseñan nuevas cosas -vitales para su ansia de aprender- y aguantan mejor sus limitaciones. Los problemas más delicados se establecen con los menores, sobre todo si llegan dispuestos a competir por el afecto de su madre.

Los celos surgen principalmente en esta etapa: celos cuando su mamá alza en brazos a un bebé de unos conocidos o familiares; celos cuando el hermano o la hermana mayor se permiten ciertas conductas prohibidas a él; celos cuando aparece un nuevo competidor, mucho más pequeño en la familia. Ayudarle a superar correctamente esta etapa es uno de los esfuerzos paternos que se verá más positivamente recompensado.

Rabietas y berrinches en niños de dos años

A veces el bebé es un encanto y se muestra sumamente cooperativo, mientras que otras le da la pataleta. El niño de dos años es pura dualidad y en ésta no faltan las rabietas y los berrinches. Las causas de estos ataques de obstinación son básicamente dos: una es que al no tener todavía noción del tiempo, necesita satisfacer sus deseos al instante. Todavía le falta tiempo y experiencia para aprender a aceptar la frustración.

La segunda se centra principalmente en su interés por realizar proezas alejadas de sus capacidades, ya que para él la vida constituye una prueba constante. Existen otras razones, como pueden ser los celos o que esté midiendo las fuerzas con sus padres para ver hasta dónde puede llegar. En todos estos casos sólo la calma y la firmeza permitirán sobrellevar la crisis. Si los padres se han mantenido firmes en una decisión, ésta será aceptada por el pequeño sin problemas en la siguiente ocasión.

Cómo ayudarle a dejar el chupete

Niña con chupeteAl igual que en el control de esfínteres, alrededor de los dos años es un buen momento para defenestrar el chupete de su vida, aunque no conviene hacerlo todo al mismo tiempo.

Se escogerá una etapa tranquila (nunca cuando esté padeciendo una enfermedad o una convalecencia o haya cierto estrés en el hogar) y se hará de una forma gradual y progresiva. Se puede empezar anunciándole que el chupete se va a quedar en casa a la hora de ir a salir de paseo.

El siguiente paso será limitarlo sólo a la noche o a las siestas y el último explicarle que ya no necesita el chupete y que es capaz de vivir tranquilamente sin él.

Hay padres que prefieren hacerlo de forma expeditiva, pero para ello se deberá contar con la concienciación del pequeño (por ejemplo, que él mismo sea el que lo tire a la basura como paso fundamental para hacerse mayor). Es evidente que, si existía dependencia, el niño pasará unos días intranquilo, desasosegado, malhumorado, pero pronto lo superará.

¿A la cama sin protestar?

El niño de dos años todavía no tiene bien definida la noción del tiempo, por lo que la sucesión del día y la noche tampoco está clara.

A esta edad en la que tiene tanto por hacer, se resiste a dormir aunque esté francamente cansado, y cuanto más cansado está más difícil es llevarle a la cama. Los especialistas indican que en esta etapa sus necesidades de sueño se sitúan en unas trece horas diarias, de ahí que la siesta sea fundamental. Su cerebro necesita esas horas para poder desarrollarse con normalidad, ya que durante el sueño se reestructuran correctamente lo aprendido durante el día. Hay estudios que relacionan el dormir poco a estas edades con el fracaso escolar en el futuro del niño.

Por la noche, siempre será recomendable crear un entorno apacible y unas costumbres fijas, repetitivas e inalterables que preludien el descanso nocturno, es decir que todos los días exactamente a la misma hora: hacer un pipí, leer un cuento en su cama, besito de buenas noches y apagar las luces, siempre en este orden. Y, sobre todo, acostumbrarle a un horario estable y a dormir en su cama, ya que dejar que se acueste con los padres puede llegar a ser una costumbre difícil de erradicar.

Cantando también se aprende

A los niños de dos años les encanta cantar. Aprenderán canciones sencillas en la guardería, con sus dibujos animados favoritos, tararearán por su propia cuenta las que escuchen de su madre… Potenciar esta faceta es colocar un buen cimiento para su posterior desarrollo, tanto en vocabulario como para aprender a pronunciar el sonido de ciertas consonantes que son difíciles en el idioma español (como por ejemplo la “rr”, la “s”, etc).

El pequeño aprende así a educar poco a poco su oído y a enriquece su vocabulario al mismo tiempo que se divierte.

El niño de dos años y los videojuegos

A partir de los dos años y medio (o incluso antes) el niño de dos años ya puede empezar a jugar a videojuegos simples, con los que puede aprender conceptos básicos como los colores, los números y otros conceptos algebraicos simples, además de familiarizarse con las nuevas tecnologías. Simplemente muéstrele como se hace y verá que en pocos minutos aprenderá todo lo básico para jugar por si mismo. No debe permanecer largo tiempo delante de la pantalla y debe alternarse con actividades físicas para evitar el sedentarismo u otros problemas.

Es muy recomendable que esté a su lado para enseñarle como funcionan ciertos juegos y a diferenciar entre los “botones” del videojuego y otros elementos externos como banners publicitarios. Se quedará maravillado de hasta que punto los niños tan pequeños son capaces de aprender a manejar las nuevas tecnologías en tan poco tiempo de práctica.

El niño de un año y sus características

Niña de un año

Cuando el niño tiene un año (entre los doce y veinticuatro meses), los progresos son incesantes: andar, hablar… Con las primeras palabras llegan también las primeras características propias de su personalidad: el bebé va tomando conciencia de sí mismo y, a la par que su discurso, va construyendo progresivamente sus rasgos de identidad.

Cumplidos los dos años, el niño es agotador e incansable y difícilmente halla límites a su actividad diaria. Con su tercer cumpleaños está ya preparado para el paso al mundo de la infancia.

El niño de un año ralentiza su crecimiento físico pero, por el contrario, su desarrollo psíquico y motor se hacen mucho más evidentes. El afán de satisfacer la curiosidad por todo lo que le rodea va íntimamente ligado con el deseo de independencia.

El lenguaje constituye una de sus más importantes adquisiciones en esta etapa. Su círculo de relaciones se amplía, sobre todo si ya va a la guardería, pero todavía prefiere la compañía de los adultos a la de los niños de su misma edad. Paralelamente, aumenta su tendencia al desafío y el deseo de imponer sus decisiones para reafirmar su propia personalidad.

EL NIÑO DE UN AÑO

En este segundo año de vida, es decir, de los doce a los veinticuatro meses, la evolución de la talla y el peso es mucho menos espectacular que durante el primer año. El crecimiento corporal parece ralentizarse a favor del desarrollo psíquico y de las diversas habilidades (motoras, manuales, etc.).

Ahora ganará aproximadamente unos 40 g por semana, que se traducen en unos 2 kg por año. La talla también aumentará lentamente (unos 10 cm por año). Además, hay que tener en cuenta que en esta etapa se combinan períodos largos en los que apenas se modifican la talla y el peso con otros mucho más cortos en los que se produce dicho aumento (por ejemplo, tras una enfermedad). Su cuerpo sigue siendo el de un bebé pero la musculatura de sus piernas, conforme va ejercitándose en andar, adquiere mucha más fuerza y sus articulaciones se van enderezando.

Niña de un añoLa habilidad manual se hace especialmente significativa: puede abrir una caja, coger una cuchara, tomar un vaso para beber… Pero la boca sigue siendo su mejor laboratorio de exploraciones, sobre todo teniendo en cuenta que sus encías están muy sensibles a causa de la aparición de los primeros dientes.

En el trimestre que va de los quince a los diecisiete meses, el niño asegura sus primeros avances del año. El que ya ha aprendido a andar gana seguridad en sus pasos. El trepar y el tocarlo todo se convierten en actividades muy tentadoras y que tenderán a opciones a partir de los dieciocho meses. En esta época, actividades como sentarse solo en una silla, agacharse o caminar marcha atrás van constituyendo su adiestramiento en el equilibrio global del cuerpo.

Curiosidad por todo lo que le rodea

Conforme el pequeño va adquiriendo cierta independencia motriz, aumentan las posibilidades de satisfacer su curiosidad, al mismo tiempo que se amplía el universo por descubrir. Su curiosidad es insaciable y a menudo puede conllevar asociados algunos peligros. Sin embargo, una vez establecidos los límites que impone el riesgo, fomentar su curiosidad y ayudar a canalizarla facilitará su desarrollo. Esta misma curiosidad hará que más adelante el niño se interese por los números, las letras, el conocimiento en general.

Este deseo por satisfacer la curiosidad va íntimamente ligado con sus ansias de libertad. El niño de un año reclama ya las excursiones fuera del parque. A partir del año y medio, y conforme sus pasos se consolidan, se siente más fuerte y más preparado para las escapadas. Al pequeño le encanta escabullirse del control del adulto, que le persigan… y tolera cada vez peor que le contradigan, tanto las personas como los objetos. Una pieza que no se suelta o un cuento que no se abre por donde él quiere pueden encender su cólera.

El deseo de tocar y las frustraciones (canalizadas la mayor parte en berrinches) expresan muy bien esa lucha por la autonomía que no ha hecho más que comenzar.

La adquisición del lenguaje

Niña de un añoConstituye uno de los retos más Importantes de este segundo año de vida, pero todavía habrá de pasar un tiempo para que sea capaz de comunicarse y relacionarse con el entorno a través de la palabra. No todos los niños desarrollan sus habilidades lingüísticas al mismo ritmo; pero a esta edad, aunque su capacidad para expresarse verbalmente sea limitada, sabrán comunicarse, comprenden lo que se les dice y obedecen órdenes sencillas.

Lo Importante es respetar su evolución y fomentar su aprendizaje hablándoles y dándoles un modelo correcto. Al niño de un año le encanta imitar y de la imitación surgirán sus primeras palabras, aunque al principio no sea capaz de reproducirlas correctamente. Pero sólo es cuestión de tiempo, siempre y cuando el modelo sea el adecuado.

Los adultos nunca deben convertir las palabras del niño en un idioma sui géneris del hogar, que a la larga puede repercutir en un retraso en la adquisición de un lenguaje óptimo.

Entre los quince y los diecisiete meses su léxico aumenta, y su vocabulario posee de diez a veinte palabras. Es la época de las palabras-frase, en la que una sola palabra puede tener numerosos significados según el contexto y la forma en que las pronuncia. Más adelante el bebé será capaz de construir frases de dos o tres palabras y de asociar más de un concepto. Es entonces cuando aprende a decir «no», palabra que se convertirá en el epicentro de buena parte de sus manifestaciones verbales. Paralelamente se amplía también su capacidad de comprensión y ante peticiones u órdenes sencillas responderá con acciones concretas.

El círculo de relaciones se amplía

Conforme pasa el tiempo y aumenta la independencia del niño, el círculo de sus relaciones se amplía, sobre todo si acude a la guardería.

De todas formas, el pequeño sigue llevándose mejor con los mayores y estas preferencias continuarán firmes durante un tiempo. La observación detenida de un grupo de niños en un parque permite calibrar hasta qué punto la armonía brilla por su ausencia en el contacto con sus coetáneos: pueden darse un abrazo y, al cabo de un minuto, pegarse o pelearse por el mismo juguete. Poco a poco, y sobre todo si la convivencia con otros niños de su edad se convierte en una costumbre cotidiana, el niño aprenderá a jugar con los demás, aunque por el momento la relación se limite a jugar a su lado.

Respecto a la familia, la relación afectiva con los padres seguirá siendo la más importante y continuará potenciándose. Evidentemente depende de ellos para satisfacer buena parte de sus necesidades básicas pero también se permite el lujo de protestar. Aunque en esta época tolera mejor las separaciones temporales, sigue reclamando a menudo la atención de sus padres, en especial de la madre. Será cuando esté enfermo, cuando más exija el contacto materno. La madre le calma, le acaricia, entiende su malestar…

En cambio, en los momentos en que derrocha salud buscará también al padre para compartir con él sus juegos. En esta época el contacto con los abuelos también empieza a ser gratificante. Los abuelos, por regla general, son más tolerantes con ciertos temas. Libres de la responsabilidad de «educar», en sentido estricto, están abiertos a una relación más atractiva y esto es percibido inmediatamente por los pequeños. Asimismo, si hay hermanos, la relación también se potencia, ya que encuentran en ellos un compañero para sus juegos, siempre que la edad del otro lo permita. Lo ideal para ellos es que sea un año o año y medio mayor.

De la cuna a la cama

El traslado de la cuna a la cama dependerá del tamaño del niño y de la necesidad de preservarlo de los peligros que conlleva su mayor movilidad e independencia (si hace intentonas de saltar por encima de la barandilla o ya ha saltado…). Se ha de procurar que coincida con una etapa tranquila, sin otros cambios importantes en su vida, y convencerle de que él ya es mayor para seguir durmiendo en la cuna como un paso más en su evolución. Los psicólogos recomiendan que el cambio se realice alrededor de los dos años y medio o tres, cuando el pequeño ya controla sus esfínteres.

No, no y no

El “no” es indisociable del niño de un año, como el «¿por qué?» lo es del niño de tres. Esta etapa es esencial para que el pequeño afiance su independencia y autonomía y para reforzar su personalidad. Esa tendencia a la oposición ha de ser llevada por los padres con cierta relatividad. Comprobar cómo un ser tan pequeño puede comportarse de forma tan obstinada, y sin entrar en razones porque no las tiene todavía objetivadas, puede llegar a poner muy nervioso a cualquiera. Corresponde a los padres hacer alarde de prudencia y mucha paciencia. Al cabo de veinticuatro meses, esta actitud desafiante e irracional se diluirá en una balsa de aceite: a partir de los dos años, la capacidad de conversar se hace más evidente y hasta empiezan a cultivar el sentido del humor

Menos horas para dormir

Niña durmiendo con ositoAl año y medio -entre los quince y los diecisiete meses-, es normal que el pequeño ya haya abandonado sus siestas matutinas, aunque las de las tarde continuarán hasta que comience la etapa preescolar, más o menos a los tres o incluso a los cuatro años. Hasta esta edad los progresos son continuos, y todos estos cambios pueden perturbar sus noches. Para que duerma bien habrá que seguir respetando un cierto ritual, aunque ya más adaptado a las nuevas condiciones. Aunque abandonen la siesta de la mañana, queda la tarde, ya que dormir seguirá siendo bastante imprescindible hasta la edad de tres o cuatro años. La duración de la siesta dependerá de las características del niño y de cuánto haya dormido por la noche. Lo importante es que se despierte por sí mismo, espontáneamente, Por regla general, el niño de un año duerme una media de catorce horas incluyendo la siesta, pero las excepciones también son abundantes.

Manzanilla, melisa…

salut-infantil-29b-flores-margaritasLa mayoría de los problemas de nerviosismo e intranquilidad que se presentan en los bebés responden generalmente a trastornos de origen digestivo. Hay que tener en cuenta que sus enzimas digestivos no están todavía maduros -sobre todo cuando se trata de acostumbrarse a la leche llamada artificial, cuya digestión es más lenta que la de la leche materna-, lo que puede traducirse en gases y malas digestiones que les incomodan.

Uno de esos trastornos es el denominado cólico del lactante, un problema puntual de los primeros meses sobre el que los expertos manifiestan divergencias: algunos lo atribuyen a la mala digestión, otros al miedo a enfrentarse a la oscuridad. Lo cierto es que muchos pequeños lloran y doblan las piernas contra la barriga cuando la luz diurna comienza a decaer. En estos casos puede ser aconsejable la utilización de ciertas hierbas naturales, como la manzanilla, la melisa o el anís verde, con suaves propiedades tranquilizantes y que facilitan la digestión y expulsión de los gases. Existen preparados instantáneos específicamente para lactantes.

Enfermedades frecuentes en los niños pequeños

Comprobando la fiebre a un niño

Los niños acostumbran a pasar varias enfermedades típicas. De hecho, algunas, como los resfriados, incluso suelen “repetirlas” muchas veces. Se considera que buena parte de ellas le ayudan a hacerse más fuerte; otras son “gajes” de la edad.

Resfriados

Las denominadas infecciones respiratorias -desde un leve resfriado hasta las anginas, otitis o bronquitis- son la causa de más de la mitad de las enfermedades infantiles y la principal de las consultas al médico. Desde el nacimiento hasta alrededor de los cinco años, el niño sufre una media de 50 a 60 episodios de este tipo.

Y es que, en efecto, los pequeños están especialmente predispuestos a caer ante este tipo de infecciones por una causa totalmente natural, ya que presentan un déficit de inmunoglobulina A secretora, que es la que protege las mucosas, hallándose ésta en una proporción muy baja hasta los cuatro años.

Cómo tratar de evitar los resfriados

Ciertas reglas de higiene de vida representan un buen medio de prevención:

  • Cada día debe airearse la habitación del niño, sea invierno o verano. Ésta debe mantener una temperatura entre los 18 y los 20 grados.
  • Hay que eliminar el tabaco del entorno del niño. El tabaquismo pasivo es uno de los primeros responsables de la contaminación doméstica.
  • Los humidificadores son excelentes en invierno, sobre todo si en el hogar existe calefacción.
  • En las salidas del niño a la calle, es mejor el paseo por parques, bosques y jardines que por vías muy transitadas. Si hace frío habrá que protegerle los oídos y la garganta con gorros y bufandas.
  • Un 80 por ciento de los virus se vehiculan por la mucosidad nasal presente en las manos. En ellas los virus permanecen activos más de seis horas, lo que hace evidente que pasen de mano en mano y participen de forma dominante en la transmisión de las infecciones de vías respiratorias. Por eso desde muy pequeños hay que acostumbrarles a lavárselas a menudo.
  • La higiene nasal es fundamental, tanto en el bebé como en el niño más mayor. Libera la nariz de impurezas que resultan un terreno favorable para los virus y limita el desarrollo de infecciones en las vías respiratorias: sonarse frecuentemente puede evitar la propagación de los microorganismos y limitar complicaciones como las otitis, sinusitis, bronquitis, etc.

Alergias cutáneas: eccemas

Niño con enfermedad cutáneaLa dermatitis atópica o eccema afecta a entre un 5 y un 10 por ciento de los bebés a partir de los dos o tres meses y aparece generalmente ligada a antecedentes familiares, aunque pueden existir otros factores del entorno que la desencadenen, ya sean alimentarios, contaminantes o bien incluso psicológicos, como una excesiva ansiedad.

Evoluciona con crisis intercaladas con períodos más o menos largos de remisión y normalmente desaparece de manera espontánea hacia los dieciocho meses. Se caracteriza por un aspecto seco y áspero de la piel, más tarde adquiere un tono rojizo que puede acompañarse de hinchazón, e incluso pueden aparecer pequeñas ampollas que al secarse se convierten en costras.

En los más pequeños afecta especialmente a la cabeza y a la parte superior del cuerpo; en los mayores se localiza en todas las zonas con pliegues y a veces en manos y pies. No ha de confundirse con la costra láctea.

Es esencial el diagnóstico del médico, que indicará tratamiento en caso de eccema repetitivo y con sobrein-fección. En lactantes el pediatra también puede aconsejar descubrir el alimento responsable de la alergia y eliminarlo de la dieta de la madre o bien pasar a una leche hipoalergénica artificial.

En los casos leves, unas medidas de higiene sencillas bastarán para hacerlo desaparecer en el plazo de una o dos semanas:

  • Evitar el contacto con el sol y el agua del mar.
  • Procurar que sus ropas sean de algodón.
  • Lavar las prendas con jabones naturales y enjuagarlas muy bien.
  • Limpiar la piel del bebé utilizando jabones sin detergente y aplicar sobre ella aceite de almendras dulces o aceite de oliva virgen extra.
  • Espolvorear arcilla blanca sobre las zonas supurantes.

 

Enfermedades exantemáticas

Niño con fiebre llorandoCasi todas las enfermedades exantemáticas -rubéola, varicela, sarampión, escarlatina, roséola infantil- están causadas por virus y tienden espontáneamente hacia la curación por sí solas no precisando tratamiento antibiótico, sino nada más que medidas higiénicas y naturales para su mejoría, aunque es conveniente el seguimiento médico.

Hay una excepción a esta regla, la escarlatina, causada por una bacteria y en la que se necesita tratamiento. En general, el pediatra hará un tratamiento sintomático de las enfermedades exantemáticas encaminado a atenuar las consecuencias de los síntomas que las caracterizan: reducir la fiebre y el dolor; procurar que el niño esté siempre bien hidratado; reducir el picor de las lesiones de la piel.

Es raro que el sarampión y la rubéola aparezcan en el primer año de vida y en España en ese período se vacuna a los niños con la triple vírica, que las incluye junto con las paperas. Puede ser que a pesar de la vacuna el niño las sufra, pero será de forma mucho más atenuada. Cualquier niño que no se haya alimentado con el pecho puede coger la varicela.

Respecto a la roséola infantil, o exantema súbito, es de carácter muy benigno y no precisa tratamiento excepto la administración de líquidos. Se caracteriza por diminutos granos de color rojo que aparecen después de tres días de fiebre y la erupción dura unos dos días.

Diarrea

Puede estar ligada a una mala higiene de los biberones, a un episodio infeccioso, a la salida de los dientes o en período estival por cambio de agua, excesiva ingestión de frutas líquidas o las mismas condiciones ambientales que favorecen la multiplicación de los microorganismos patógenos.

En bebés muy pequeños es conveniente que el pediatra les examine enseguida y se debe estar especialmente alerta en combatir la deshidratación suprimiendo la leche durante veinticuatro horas, salvo si se le amamanta, y dándole suero. Posiblemente el médico aconseje que en los días posteriores se le ofrezca una leche de régimen o que se reduzca a la mitad la concentración de su leche habitual.

Si el niño ya toma alimentos sólidos, se puede utilizar el agua de arroz o de zanahorias durante las primeras doce o veinticuatro horas. Si hay tendencia al vómito, convendrá dársela a cucharaditas. Los dos o tres días siguientes se continuará con arroz hervido, manzana rallada, plátano chafado, pan tostado y dulce de membrillo.

La papilla de frutas puede prepararse con zumo de limón, dulce de membrillo, manzana y plátano. En niños de dos y tres años convendrá que se supriman alimentos agresivos durante unos cuatro días: la leche, las verduras, las frutas ácidas y la carne. Para ayudar a la regeneración de la flora intestinal, puede consultarse al pediatra la conveniencia de ofrecerle lactobacilos.

PREVENCIÓN DE LAS ALERGIAS

Cada vez son más los expertos que coinciden en que es posible limitar los riesgos de alergias futuras en los primeros años de vida vigilando la dieta y la higiene en casa. Incluso se indica que esta prevención comienza desde el embarazo, y la gestante con problemas de alergia familiares debe cuidar especialmente su alimentación.

Casi todos los alergógenos naturales son proteínas, pero tampoco deben olvidarse los conservantes y colorantes incluidos en los alimentos procesados. Por eso es fundamental que la embarazada y la madre que da de mamar siga una dieta lo más natural posible con alimentos frescos y que ésta sea la pauta futura para el niño cuando pase a la alimentación sólida.

También en la introducción de nuevos alimentos se ha de tener un especial cuidado con los denominados alimentos de riesgo: leche de vaca, huevos, carne de cerdo, pescado, gambas, cacahuetes, soja, fresas, kiwis, especias, miel, chocolate. Éstos nunca deben incluirse en la dieta antes de cumplir un año; y cuando llegue el momento, siempre se hará de forma gradual y vigilando la reacción del pequeño.

Cosas a tener en cuenta al visitar al pediatra

Pediatra

Cuando vaya con su bebé o niño de visita al pediatra, es conveniente fijarse en estos aspectos del pequeño, sobre los que el profesional reclamará información:

  • Temperatura actual y su evolución.
  • Estado de su respiración (lenta, rápida, dificultosa). Existencia de tos y de qué tipo.
  • Si existe dolor y cómo lo manifiesta (llora, se toca los oídos, encoge las piernas).
  • Aspecto y color de la piel.
  • Deposiciones (aspecto y color).
  • Falta de apetito o existencia de vómitos.
  • Ojos (irritación, secreciones).
  • Estado de ánimo (abatido, inquieto, irritable, adormilado).

Alimentación del bebé a partir de los 4 meses hasta el año

bebe comiendo papilla

Cuando el bebé empieza a tomar las primeras papillas de frutas, a partir de los cuatro meses, se inicia una fase importante en su alimentación, en la que se realizan grandes cambios que prefiguran en gran medida su estilo de alimentación futuro. El paso a la alimentación sólida, la introducción de nuevos alimentos, el aprendizaje de hábitos ante la mesa son aspectos fundamentales de la crianza y la educación del niño.

Coincidiendo con el destete, a partir de los cuatro meses, el pediatra podrá recomendar introducir los cereales sin gluten como primer alimento semisólido en el bebé alimentado con biberón o bien comenzar por la papilla de frutas. Se ha de seguir siempre la pauta indicada por el especialista y nunca introducir nuevos alimentos sin consultarlo, basándose sólo en recomendaciones o experiencias de conocidos o vecinos.

La regla básica en la diversificación de su alimentación es la paciencia: los alimentos debe ser introducidos poco a poco (dejando pasar un tiempo prudencial entre los nuevos sabores) y en su momento, ya que si un alimento se ofrece antes de lo recomendado, aunque sea aceptado, puede repercutir en posibles alergias futuras. Se debe comenzar con frutas que no provoquen alergias. Las más recomendadas son la manzana y la pera, a las que se puede agregar un poquito de agua para que la papilla quede más líquida, y unos días más tarde el plátano.

Con las fresas y los melocotones habrá que esperar todavía tiempo, ya que pueden ser alérgenos. Al principio es mejor no mezclar las naranjas y mandarinas con el resto de las frutas y dárselas solas en forma de zumos. Algunos niños rechazan la fruta, así que se puede intentar «dorar la píldora» agregando un poquito de harina de cereales sin gluten. Nunca se añadirán galletas (contienen gluten) o azúcar. Otras madres optan por comenzar con productos ya preparados (que parecen agradarles más) e irlos combinando progresivamente con las papillas de fruta fresca hasta sustituirlos completamente por éstas.

CINCO MESES: EL PRIMER PURÉ DE VERDURAS

Puré de verdurasA partir del quinto o sexto mes, el pediatra indicará la introducción del puré de verduras a mediodía. Primero una mezcla de patata, calabacín, zanahorias y judías verdes con una cucharada de aceite de oliva virgen al apagar la cocción, y al cabo de un mínimo de tres días, sus primeros 20 g de carne; al principio pechuga de pollo sin piel ni grasa, hervida con las verduras o bien a la plancha y agregada en el momento de pasar las verduras por la batidora.

A partir de los siete meses se podrá empezar a sustituir la carne de pollo por ternera. Si el niño lo tolera bien, se le irá intercambiando el puré de verduras con pollo y con ternera y por la tarde se continuará con la papilla de frutas. Es mejor esperar a introducir un poquito más tarde el cordero, ya que contiene más grasa, y procurar cortes bien magros.

También a partir de los siete u ocho meses se pasará a los cereales con gluten en forma de papillas de textura muy agradable y que combinan diferentes tipos de cereales y miel. Por estas fechas se puede dar al niño una galleta o un troclto de pan, ya que empieza a tolerar el gluten.

A partir de los ocho o nueve meses ya se puede introducir el pescado blanco -lenguado, rape, pescadiIla— en el puré del mediodía o en la cena. Hay que vigilar que no contenga espinas. También se le acostumbrará a nuevas verduras, como puerros, cebollas y acelgas. Eso sí, siempre respetando al menos tres días para Introducir un nuevo alimento. Las espinacas, la remolacha y los nabos deberán esperar un poco más. Hay que tener en cuenta que hasta que el niño no tenga un año no es preciso que pruebe todas las verduras.

De diez a doce meses se puede introducir el huevo, empezando por la yema. Al cabo de una semana, ya se le puede dar medio huevo y a la siguiente uno entero. Siempre se le dará cocido, nunca crudo.

 

AL CUMPLIR EL AÑO

salut-infantil-17b-bebe-comiendo-papillaSu dieta se diversifica, ahora con la introducción del yogur y otros productos lácteos. También puede comenzarse a darle leche de vaca. El niño ya está en condiciones de comer un poco de todo. La batidora ha de relegarse a un segundo plano y los purés pueden ser más grumosos, primero comenzando por aplastar la patata con un tenedor o por desmenuzarle el pescado, aunque con la carne troceada puede esperarse a introducirla a los quince meses.

Conviene que el niño se vaya acostumbrando poco a poco a masticar y a digerir lo que come. La introducción de nuevos alimentos se realizará por separado, para averiguar si pueden provocarle una reacción. Conforme va acercándose a su segundo cumpleaños, el niño ya tiene definidos sus propios gustos y también pasa por una etapa de afirmación del ego.

Ello explica que se niegue en un momento determinado a comer un alimento y al cabo de media hora lo saboree tan tranquilo. Hay que respetar sus gustos, pero dentro de un límite, y ampliar su menú ofreciéndole nuevos sabores sin perder la paciencia. A esta edad los niños podrán comenzar a comer pasta hervida, con un poquito de tomate y algo de queso rallado, o un arroz limpio. Cerca de los dos años también se podrá comenzar por los purés de legumbres -pasados primero por el pasapuré para eliminar en lo posible la piel fibrosa que es incapaz de digerir el intestino del bebé- aunque en muy pequeña cantidad y cocidos con arroz, patatas o cereales.

Su menú ya es casi como el del adulto, con cuatro comidas principales: desayuno con un lácteo y cereales -la papilla sigue siendo todavía una buena opción-; un puré de verduras con carne y una fruta a trocitos a mediodía; un yogur u otro postre lácteo en la merienda; y la cena a base de sopa con tapioca, sémola de trigo o maicena, un poquito de pescado, una zanahoria rallada y una compota de manzanas o queso fresco.

HASTA LOS TRES AÑOS

Sus necesidades alimenticias son importantes pero también precisa fantasía en la presentación de los alimentos. El niño no entiende de dietas equilibradas, pero está demostrado que su propio apetito las encauza a la larga con dos condicionantes: que no se le hayan creado prejuicios de antemano y que haya tenido una variedad razonable de alimentos naturales. En este lento aprendizaje hay que asegurarse de que se desarrolla con normalidad, pese a que su apetito pueda variar de una comida a otra. De manera general hay que cuidar que su dieta incluya:

  • Lácteos. Medio litro de leche al día, bien en forma líquida, productos lácteos o preparaciones culinarias.
  • Carne y pescado. De 20 a 30g de carne o pescado al día cuando tiene un año para aumentar hasta los 40 g a los tres años. Han de ser carnes magras -aves sin piel, ternera, conejo- y pescados blancos.
  • Huevos. Entre uno y tres a la semana, sustituyendo a la carne o al pescado. Cereales. Se les puede dar pastas de sopa y arroz bien cocido de dos a tres veces a la semana. Los copos de cereales pueden reemplazar a las papillas de la mañana.
  • Verduras. Dos veces al día. Se pueden empezar a tomar crudos el tomate y el pepino cortados en daditos, la lechuga en juliana y las zanahorias ralladas. Entre las verduras cocidas no pueden faltar las zanahorias, los calabacines, las judías verdes, los puerros y las patatas. Frutas. Pueden comerlas hervidas o crudas. Las cocidas son más recomendables cuando el niño tiene diarrea. Los plátanos han de estar bien maduros y la fruta en general debe lavarse muy bien y cortarse en trozos pequeños.

Hay que incluir el aceite de oliva virgen, el pan y un poquito de miel, y limitar la sal (como norma general, dos veces menos que para un adulto) y el azúcar (por ejemplo en los zumos, que ya tienen su azúcar natural: la fructosa).

 

Consejos para que coma bien

Bebé comiendo papillaSi al pequeño le cuesta comer y las horas de las comidas se convierten a veces en un suplicio, estos sencillos consejos pueden servir de ayuda:

  1. No dejarle comer solo. Hasta los adultos comen mejor en compañía.
  2. En cuanto sea posible, es preferible ofrecerle el mismo menú que al resto de la familia.
  3. Una buena estrategia consiste en hacerle que se sirva él mismo aunque se corra el riesgo de que tire algo a la mesa o al suelo.
  4. No hay que presionarle: debe comer a su ritmo.
  5. Debe animársele a que pruebe de todo, pero no hay que obligarle a que acabe toda su ración. Al cabo de veinte minutos se le retira el plato y se le hace esperar, sin ceder, hasta la próxima comida.
  6. No utilizar la comida como recompensa ni como castigo. El niño come para nutrirse y no para que los padres estén contentos.
  7. Una conversación agradable en la mesa hará siempre la convivencia más agradable.

 

Sobre los bebés vegetarianos

La dieta vegetariana en los bebés es un tema polémico, con ardientes detractores y defensores, según el caso. Los niños, sean o no vegetarianos, tienen los mismos requerimientos nutritivos básicos y la diferencia está en cómo se satisfacen éstos a partir de la introducción de los alimentos sólidos; pues mientras el bebé es amamantado, todos los expertos están de acuerdo en que la leche de la madre cubre perfectamente dichas necesidades. Si los padres están firmemente convencidos de introducir al bebé en este tipo de dietas, deben disponer de la información necesaria para darle una alimentación sana -la consulta a un experto en nutrición se hace imprescindible-, otorgando una importancia fundamental a la obtención de proteínas, calorías, calcio, hierro y vitaminas del grupo B, especialmente B12 en la dieta vegetariana extrema. La dieta ovolactovegetariana, que incluye leche y sus derivados y huevos, pero no carne, ha sido aprobada por las autoridades sanitarias.

 

Los potitos

Los especialistas recomiendan la comida casera con preferencia, poro no hay ningún inconveniente en utilizar los potitos en casos excepcionales: cuando se hace un viaje o no ha habido tiempo de prepararle la comida. Siempre es fundamental comprobar que el bote está convenientemente envasado al vacío: la tapa debe hacer un chasquido al abrirse. Si no es así, la esterilización no es adecuada y es mejor no dárselo. Una vez abierto no se ha do guardar en la nevera más de cuarenta y ocho horas y no más de veinticuatro si la cucharilla utilizada ha quedado dentro del tarro; la saliva del bebé puede ayudar a que se deteriore antes.

Crisis convulsivas en niños entre 6 meses y 3 años

Bebé con convulsiones

Entre un 5 y un 10 por ciento de los niños en edades comprendidas entre los seis meses y los tres años sufren estas crisis producidas por una mala regulación de la temperatura corporal.

Una variación acusada de la temperatura puede provocar una mala oxigenación de las células cerebrales, lo que desata las convulsiones. Aparecen con una fiebre alta y repentina pero también tras un descenso brusco de la temperatura (por ejemplo, un baño muy frío en un niño con fiebre).

En ocasiones, las crisis pueden provocar la pérdida de conocimiento.

  • Si la crisis está ligada a una hipertermia (exceso de calor), se aconseja desnudar al pequeño, suministrarle un antipirético y ponerle paños fríos.
  • Si es al contrario, será necesario recalentarle, friccionarle y abrigarle en espera del médico. Después de la crisis se le continuará dando un medicamento para ayudar a bajar la fiebre cada tres o cuatro horas.

La consulta al médico es imprescindible, pero los padres deben tener en cuenta que el hecho de haber sufrido una crisis convulsiva no implica que se vuelva a producir o que el niño sufra epilepsia. Generalmente los especialistas no administran tratamiento preventivo hasta constatar la aparición repetitiva.

¿Por qué tienen fiebre los niños pequeños? ¿Qué hacer?

Niña con chupete

La fiebre no constituye por sí misma una enfermedad sino un síntoma de ella; es la reacción normal y útil del organismo que lucha contra los microorganismos que lo atacan. No es por tanto Indispensable concentrar toda la atención en el termómetro y los esfuerzos en hacerla bajar a cualquier coste. Por otro lado, ciertos virus mueren por encima de los 39 grados y en cambio continúan desarrollándose a 37 grados.

El termómetro sube muy deprisa en los niños, pero la fiebre no es proporcional a la gravedad de una enfermedad, ya que hasta una banal rinofaringitls o una exposición prolongada al sol, por ejemplo, puede hacer subir la temperatura a 40 grados. No obstante es necesario vigilar la fiebre en los más pequeños por el riesgo de convulsiones.

 

¿Por qué tienen fiebre los niños pequeños?

Se habla de fiebre cuando la temperatura excede de los 37,5 grados durante la mañana y los 37,8 grados por la tarde.

Las causas pueden ser diversas:

  • Un niño muy abrigado, expuesto durante mucho tiempo al sol o en una estancia muy caliente.
  • La salida de los primeros dientes si la fiebre en este caso no supera los 38 grados y no dura más de veinticuatro horas.
  • Una infección respiratoria, una enfermedad eruptiva o incluso una reacción a una vacuna.
  • A veces la fiebre no viene acompañada de otros síntomas y puede desaparecer en veinticuatro o cuarenta y ocho horas. Si ésta persiste, es necesario la consulta con el pediatra, por ejemplo, y particularmente, en el caso de las niñas, ya que puede deberse a una infección de orina.

 

¿Qué hacer cuando un niños pequeño tiene fiebre?

Niña con fiebre altaEn espera del médico que pueda diagnosticar la causa y actuar al respecto, los padres pueden seguir estas recomendaciones:

  • Lo primero de todo es comprobar la temperatura de la estancia, que debe situarse entre los 18 y 19 grados. Se ha de mantener al pequeño con poca ropa y sin tapar.
  • Es conveniente un baño de unos diez minutos, sobre todo si tiene bastante fiebre. La temperatura del agua debe ser uno o dos grados más baja que la que tiene el niño.
  • Colocarle sobre la frente, las sienes y también sobre las muñecas una toalla mojada en agua fría y escurrida. Volver a mojarla cuando se caliente.
  • Es bueno que beba agua fresca, ya que el pequeño con fiebre pierde mucho líquido transpirando y existe peligro de deshidratación. También pueden ofrecérsele zumos de frutas, tisanas o caldos de verdura.
  • No obligarle a comer. El niño necesita concentrar toda su energía en la “batalla” que está librando. En cuanto se halle mejor será él mismo el que manifieste el deseo de ingerir algo.
  • Seguir las instrucciones indicadas por el médico respecto al uso de un antipirético, si se sigue la medicina alopática o tradicional, o un remedio homeopático en el caso de optar por esta alternativa.

 

El sueño del bebé

Bebé durmiendo

Los problemas del sueño Infantil, o más certeramente, del sueño del bebé, representan un motivo frecuente de consulta al pediatra. Porque el sueño del bebé afecta principalmente al sueño de los padres. Si uno no duerme por la noche, los otros tampoco. Pero mientras el pequeño -sin obligaciones por ahora- puede permitirse el lujo de descansar a su gusto durante el día, a los padres no les ocurre lo mismo. Este diferente ritmo trastoca la armonía de muchos hogares. Recuperar un equilibrio entre ambas opciones requiere mucha paciencia, firmeza y algo más de conocimiento sobre el universo del pequeño, con sus pros y sus contras.

Las primeras semanas de vida

El bebé duerme unas dieciséis horas diarias -aunque algunos pueden llegar a las veinte y otros no superar las catorce- y sobre todo ¡de día! Esta actitud es normal desde las primeras semanas e incluso hasta alrededor de los seis meses. Hay que tener en cuenta que, durante su vida intrauterina, su reloj biológico funcionaba de forma muy diferente al de la vida en sociedad. Cualquier madre puede recordar que, conforme su embarazo iba siendo más evidente, el feto parecía completamente relajado durante el día y comenzaba a removerse o dar patadas entre las nueve y las doce de la noche. Por tanto, será necesario un tiempo hasta que el pequeño se adapte a las nuevas condiciones o requerimientos.

Durante las dos o tres primeras semanas, conviene adaptarse al ritmo del bebé al mismo tiempo que se le va encauzando, sin presiones ni prisas, a las nuevas condiciones que reclama el ritmo de vida actual. Para ello bastará con mantener su estancia en la oscuridad si es de noche evitando cerrar la puerta, y bajar la persiana o la voz durante sus siestas diurnas. Así él se habituará al ritmo normal de la casa. Las tomas de la noche han de tener una atmósfera más calmada y a media luz, evitando mover mucho al bebé. A menudo, para conciliar el sueño por la noche, el bebé reclamará que se le meza o se le pasee.

Además, para inquietud de los padres, estos preámbulos se hacen cada vez más largos. Si hasta los tres meses con cinco minutos bastaba, a partir de entonces el tiempo va aumentando, a la par que disminuye la paciencia de los padres. De ahí que el pequeño deba aprender desde el principio a dormir solo, lo que no quiere decir que no se instituya un ritual para acostarle. Al contrario: la repetición de ciertos hábitos tranquiliza al bebé para el sueño. Cada día, a una hora fija, hay que instalarle todavía despierto en su cuco o cuna -mejor después del baño y la toma-, acariciarle la cabeza unos segundos, cantarle una nana o accionarle una cajita de música y dejarle dormir sin la presencia de la madre.

Ya ha cumplido su primer mes

Y con ello el pequeño comienza a diferenciar el día de la noche. Los biberones o las tomas nocturnas se espacian. Al mismo tiempo, es normal que también por esta época aumenten sus crisis de lloros al caer la tarde y no haya manera de calmarlo. Si el niño ha mantenido durante el día una actitud normal y ha estado risueño y tranquilo, no hay por qué preocuparse. En estos momentos debe intentarse no entrar en el círculo vicioso de los brazos. Un buen baño relajante y si es necesario alguna infusión calmante especial para bebés pueden ser de ayuda. Además, es necesaria una buena dosis de paciencia y mantenerse firme en que duerma solo, aunque sea necesario entrar cinco o seis veces en su habitación hasta que lo logre.

Cuatro meses: el momento crítico

Por estas fechas el bebé ya ha comenzado a organizar sus jornadas: noche completa, una o dos siestas por la mañana y una gran siesta al mediodía. En definitiva, ha cambiado y encontrado su propio ritmo en el nuevo entorno. Pero es ahora cuando los padres han de estar más alertas e inculcarle un buen hábito de sueño. Sigue siendo completamente válido (más, si cabe) el ritual para acostarse con sus elementos externos asociados, como cuna, nana, música, mascota y despedida, mantener una actitud segura (el pequeño debe entender que conciliar el sueño solo es lo más natural del mundo) y un horario fijo.

Si se le pasa la hora de dormir, posiblemente habrá que esperar bastante tiempo para que logre conciliar de nuevo el sueño. A partir de entonces será necesario también estar atentos a no instaurar malas costumbres (por supuesto, nada del chupete untado con azúcar para que se calme o de acostarle en la cama de los padres). Si se despierta por la noche y protesta ligeramente, habrá que esperar un rato a su lado para que se duerma sin romper su ciclo normal -es decir, no levantarlo ni mecerlo-, simplemente intentando tranquilizarle.

 

¿Dónde acostar al bebé?

DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS TRES MESES

Es mejor un cuco, ya que por sus pequeñas dimensiones se hace más agradable, cálido y reconfortante para el bebé (que todavía no ha “olvidado” lo cómodo que estaba en el seno materno).

El momento de cambiarlo dependerá, y es obvio, del desarrollo del niño. Más o menos a los tres meses el cuco se queda pequeño para las proporciones que ha adquirido el niño.

A PARTIR DE LOS TRES MESES

En su propia cuna y a ser posible en su habitación, si hasta entonces el bebé ha permanecido en la de los padres. Casi todos los niños agradecen por estas fechas el aumento de espacio para tumbarse a gusto.