Cosas a tener en cuenta al visitar al pediatra

Pediatra

Cuando vaya con su bebé o niño de visita al pediatra, es conveniente fijarse en estos aspectos del pequeño, sobre los que el profesional reclamará información:

  • Temperatura actual y su evolución.
  • Estado de su respiración (lenta, rápida, dificultosa). Existencia de tos y de qué tipo.
  • Si existe dolor y cómo lo manifiesta (llora, se toca los oídos, encoge las piernas).
  • Aspecto y color de la piel.
  • Deposiciones (aspecto y color).
  • Falta de apetito o existencia de vómitos.
  • Ojos (irritación, secreciones).
  • Estado de ánimo (abatido, inquieto, irritable, adormilado).

Primeros días del bebé en casa

madre con bebé

Hay ya en casa un nuevo inquilino, en torno al cual va a girar, presumiblemente, toda la vida de la familia. Cada día, cada momento de este inicio a la vida estará lleno de emociones y de gratas experiencias para el bebé y sus padres. Existen tantos aspectos fundamentales en esta etapa, y tantas interrogaciones, que se deberá estar especialmente atento a los adelantos del bebé, y seguirlos muy de cerca. Durante el primer año de vida, el bebé estirará su talla sorprendentemente, ganará peso y fortalecerá sus piernas, preparándolas para los primeros pasos.

El esbozo de un bebé en los primeros doce meses sería, a grandes rasgos, el siguiente: engordará y crecerá de forma espectacular para llegar, al cumplir el año, a los 10 kg y los 75 cm, aproximadamente. Buena parte de sus reflejos evolucionarán para convertirse en movimientos voluntarios. Aprenderá que estar contento o enfadado tiene sus propias expresiones diferenciadas, y que sus manos son la mejor herra

mienta para el conocimiento del mundo. Sus dientes comenzarán a aflorar en las encías y producirá sus primeras palabras. También se preparará para dar sus primeros pasos.

CONTROL DE TALLA Y PESO

Las estadísticas generales clasifican a los neonatos -bebés en el primer mes de vida- según el tiempo de gestación y el peso. Con todo, no hay que obsesionarse con esta clasificación. El primer apartado incluye tres subgrupos: recién nacidos a término, entre las treinta y siete y las cuarenta y dos semanas de gestación; prematuros, cuando llegan al mundo antes de las treinta y siete semanas de gestación; y nacidos después de las semanas establecidas, a partir de las cuarenta y dos semanas de gestación. El peso también conlleva divisiones: peso normal (entre 2.500 y 4.000 g), peso bajo (menos de 2.500 g) y peso elevado (más de 4.000 g). A partir de estas clasificaciones y combinándolas se dan todas las variantes posibles.

Un bebé que nace dentro del período considerado normal pesa, por término medio, 3.300 g, mide 50 cm y tiene un perímetro craneal de 34 centímetros. Estas cifras han de tomarse como simples orientaciones, ya que las características de un neonato pueden variar según el sexo -la estatura y el peso suelen ser algo mayores en los niños que en las niñas-, los factores genéticos -estatura y constitución de los padres- y las condiciones de vida de la madre durante el embarazo.

Durante los primeros días, el recién nacido pierde cerca del diez por ciento del peso que tenía al nacer. La denominada pérdida fisiológica se recupera fácilmente en la segunda semana. A partir de entonces resulta fácil comprobar el aumento de peso. En el primer trimestre los bebés suelen engordar entre 150 y 200 g semanales. En el segundo trimestre, de 100 a 150 g. En el tercer trimestre el aumento es de unos 100 g semanales, y en el cuarto se reduce a unos 70 g a la semana. Con esta progresión, a los cuatro o cinco meses doblan su peso, que estará en torno a los 10 kg cuando cumplan un año. Respecto a la talla, la media de crecimiento es de 10 cm a los cuatro meses y otros tantos a los doce meses, con lo que el pequeño medirá al año unos 20 o 25 cm más que cuando nació.

Los niños que han nacido con bajo peso o menor medida tienden a equipararse con sus coetáneos al cabo de unos meses. Así que no hay que desanimarse si un bebé prematuro, aunque en buen estado de salud, ha pesado sólo 1.570 g y medido 40 cm. A los doce meses puede haber alcanzado el peso y la estatura medios de un niño de su edad. Además, los bebés también pasan por «crisis» de crecimiento que surgen de pronto. Es fácil darse cuenta porque, de repente, parecen hambrientos e insaciables, abalanzándose al pezón o a la tetina del biberón.
La curiosidad lo puede todo

Imaginarse en la piel de un recién nacido da una medida de la gran aventura a la que debe enfrentarse: un mundo en principio extraño que puede provocar sensaciones de todo tipo. Necesita tiempo y un largo aprendizaje. Si el recién nacido duerme la mayor parte del día y apenas abre los ojos, poco a poco, a partir del primer mes, comenzará a interesarse por el mundo que le rodea: primero será su propio cuerpo, luego los objetos de su alrededor y por último las personas de su entorno (el hogar, el parque, la guardería). En todo ello, la curiosidad es el primer factor estimulante. Su inteligencia se va despertando a través de las vivencias.

Estas «crisis» acostumbran a durar, más o menos, dos días hasta que todo vuelve a la normalidad. Por ello es aconsejable no obsesionarse con el tema. Las periódicas visitas que el pediatra establece para el control del pequeño permitirán que sea el profesional el que evalúe su correcto desarrollo;

DE LOS REFLEJOS A LOS MOVIMIENTOS VOLUNTARIOS

El neonato presenta al nacer una serie de reflejos, algunos de los cuales desaparecerán mientras que otros evolucionarán para convertirse en movimientos voluntarios. Entre ellos se hallan la capacidad de dar algunos pasos cuando se les pone de pie, o la de agarrarse fuertemente a los dedos de un adulto. Además el bebé, desde el mismo momento en el que nace, es capaz de sostener la cabeza breves instantes cuando se apoya sobre el vientre. Si se le acostumbra a mantener esta posición cuando está despierto, es evidente que desarrollará antes los músculos que le permitirán «aguantar» la cabeza recta.

Su curiosidad por el entorno será un buen acicate para el entrenamiento. Pero, eso sí, cuando se le levante o se le coja en brazos, hay que sujetar bien su cabeza, porque hasta los tres meses sus músculos no están preparados para realizar por sí solos dicho esfuerzo y habrá que esperar más o menos hasta los cuatro meses para comprobar que puede sostenerla correctamente y girarla en todos los sentidos.

El recién nacido también presenta otros reflejos tan importantes para su supervivencia como es el de succión, y otros que delatan sus esfuerzos de adaptación al nuevo medio, que no es precisamente una tarea fácil para él. Por eso no hay que asustarse si estornuda a menudo, aunque no esté resfriado -es una simple reacción a las pequeñas partículas de polvo que se le introducen por la nariz-, o si se sobresalta incluso espontáneamente: hay todo un mundo de ruidos nuevos, extraños, e incluso sensaciones a las que se debe acostumbrar.

En este apartado se incluyen también las regurgitaciones después de algunas de las tomas, que no han de ser consideradas vómitos ni han de implicar un problema; lo mismo que los ruidos intestinales, la contracción de las piernas y la presión como si quisiera hacer de vientre cuando come.

Es bastante normal que durante los primeros meses las deposiciones del bebé coincidan con las tomas, sobre todo si se alimenta con leche materna. Es lo que se denomina diarrea fisiológica.

UN BEBÉ DE LA CABEZA A LOS PIES

salut-infantil-06-bebeUna observación detenida del cuerpo del bebé y de los cambios que experimenta según pasa el tiempo revela información interesante sobre la evolución física de los seres humanos. La cabeza de un recién nacido por parto normal tiene una forma ovalada que irá desapareciendo en el transcurso de los días siguientes.

Ello es debido a que los huesos del cráneo todavía no están soldados, lo que facilita la salida del bebé al mundo exterior a través de la vagina materna. Por el contrario, los niños

que nacen por cesárea y que, por tanto, no han realizado el mismo esfuerzo, presentan una cabeza redondeada. Pero independientemente de la forma que presente, destaca el perímetro de la cabeza del bebé, de unos 34 cm. Los huesos del cráneo presentan dos fontanelas o separaciones entre ellos; la anterior se cierra entre los nueve y los dieciséis meses de vida; y la posterior, entre el primer y segundo mes.

En comparación con su cabeza, el cuerpo del bebé parece casi Insignificante: pequeño, con una tripa prominente y unas piernas cortas y arqueadas. Estas características irán cambiando poco a poco.

Así, durante este primer año, su tripa seguirá destacando pero sus piernas arqueadas comenzarán a enderezarse conforme adquiera seguridad al caminar.

También sus pies se presentan planos, ya que el arco de la planta se va formando lentamente. De ahí que cualquier especialista aconseje que el niño ande descalzo sobre la arena. Es la mejor forma de fortalecer su musculatura y de que el arco de la planta evolucione normalmente.

Su piel también variará en los días inmediatos a su nacimiento. Su color perderá ese tono rojo tan intenso y característico de los recién nacidos y el manto blanquecino y grasoso que la protege. Paralelamente renovará la

piel, en un proceso normal (descamación fisiológica) que se acusa principalmente en los dedos de las manos y los pies. El vello que puede cubrir su cara y hombros, denominado lanugo, también desaparecerá. Pueden aparecer, sobre todo alrededor de la nariz, en los párpados y en la nuca, unas manchas rojas denominadas an-giomas, que se hacen más evidentes al realizar un esfuerzo o al llorar. También son típicos los puntitos blanquecinos en el triángulo del rostro, de la nariz al mentón. Ambas manifestaciones son temporales. Conforme van pasando los meses, la piel del pequeño se va tornando pálida, muy suave y extremadamente delicada.

Es conveniente que cualquier alteración cutánea sea consultada con el pediatra.

La sonrisa del primer trimestre

Será una de las primeras alegrías de los padres, por mucho que algunos teóricos se empeñen en afirmar que esos amagos con la boca son casi reflejos e incontrolados. Es evidente que durante el primer mes la capacidad visual y la conciencia social del bebé son excesivamente limitadas, pero eso no Impide disfrutar de su sonrisa. Además, de la misma manera que cuando un bebé llora está demostrando su incomodidad, en uno u otro sentido, una sonrisa puede reflejar su tranquilidad y bienestar. Esa pequeña curvatura en sus

labios, acompañada de la relajación plácida de sus miembros, es uno de los primeros regalos del nuevo miembro de la familia y merece tratarse como tal. Con ella el pequeño va tendiendo sus lazos con el entorno y especialmente con la persona que le alimenta, mima, besa y acaricia. Lo importante consiste, como progenitores, en ser capaces de establecer la complicidad que la comunicación con un ser tan pequeño conlleva. Posiblemente, el niño ya sonría a los dos meses cuando se le mire o se le hable.

Por lo general, al final del tercer trimestre, un adulto puede ya provocarle la risa.

En sus manos está el mundo

Las manos serán para el bebé casi como sus ojos. Por los movimientos que desarrolla con ellas se puede seguir paso a paso su despertar a la conciencia, ya que con su cuerpo aprende tanto como con lo que le rodea. La actividad mano-boca es muy corriente desde los primeros meses de vida. A partir de las cinco o seis semanas, el pequeño comenzará a fijarse en su mano cuando ésta pasa por su campo de visión e incluso insistirá en moverla, lo que Indica que se ha cerciorado de su existencia. A partir de entonces, si se coloca un sonajero o un móvil a su alcance, colgado en la cuna, dirigirá sus manos hacia el objeto para tocarlo. Redoblará sus esfuerzos si oye

su sonido y éste se mueve. Y poco a poco establece la relación entre el movimiento que hace, el objeto que ve y el sonido que oye. Palpar, coger y tocar se convertirán en sus aficiones más absorbentes. Sin embargo, por regla general, los bebés se interesan por todo sin tener conciencia del peligro. De ahí que a partir de que comience a gatear sea necesario extremar las precauciones: enchufes, objetos de cristal…

Esta ansia por saber tiene su recompensa, ya que hacia los siete meses su puntería se afina y es capaz de coger los objetos con ambas manos y llevárselos certeramente a la boca. Entre los ocho meses y el año las manos se convertirán en el instrumento para tirar al suelo todo lo que esté a su alcance. Esta etapa es necesaria en su aprendizaje, ya que con dicho juego mide distancias, calibra diferentes ruidos, anticipa lo que va a suceder…

Lo mejor es optar por eliminar de su campo de visión y tanteo todo aquello que se rompa o conlleve peligro, y dejarle jugar con el resto de los objetos.

Preparándose para andar

bebé llorandoEl bebé suele dar sus primeros pasos más o menos entre los diez y los dieciocho meses; sin embargo, en este aspecto, como en otros muchos, el ritmo de desarrollo de los pequeños es sumamente variado. El que un niño

comience a andar antes del año no implica que sea más listo ni más ágil que el que lo hace al año y medio. Cada niño tiene su propia cadencia de desarrollo y es necesario respetarla. Puede ser que a uno le cueste más andar pero, en cambio, su adquisición del lenguaje sea precoz, o viceversa.

Los profesionales han constatado que hacia los seis años, los niños suelen igualar sus capacidades.

Antes de que logre caminar ha sido necesario superar toda una serie de «pruebas» previas. El proceso ha comenzado por sostener erguida la cabeza y, más adelante, por sentirse capacitado para darse la vuelta por sí solo cuando se le coloca boca abajo. Hacia los ocho meses ya ha de poder mantenerse sentado, sin ayuda. A los nueve, empezará a ponerse de pie, siempre agarrado al parque, a un adulto…

Es entonces cuando algunos niños descubren que gateando pueden llegar a casi todos los sitios y se convierten en auténticos expertos en esta técnica. Otros, en cambio, ni se dignan apoyar las rodillas en el suelo.

Sobre el gateo existen opiniones para todos los gustos, desde las que argumentan que es fundamental para el desarrollo del niño a las que afirman que los niños que gatean tardan más en andar. Lo importante, a fin de cuentas, es respetar su evolución natural y que el pequeño no se sienta nunca forzado.

REGURGITACIONES

Es normal que mientras el alimento del bebé sea sólo líquido regurgite después de cada toma o biberón, es decir, expulse un poco de leche tras el eructo. Eso no debe preocupar a las madres excepto si lo hace en grandes cantidades y con mucha frecuencia. Si regurgita en exceso, la causa puede ser que mame demasiado deprisa, que trague aire al hacerlo o que la leche sea demasiado líquida. Hay que comprobar que el bebé introduce todo el pezón en la boca cuando mama para que no le entre aire y en caso de que tome biberón, revisar que el agujero de la tetina no sea demasiado grande. Otras veces, el exceso de regurgitaciones en los bebés de biberón se soluciona espesando más la leche (haciendo la mezcla con menos agua) o cambiando el tipo de leche, pero estas medidas deben tomarse sólo por indicación del pediatra. Sólo en el caso de que las regurgitaciones revelaran sangre hay que consultar al pediatra inmediatamente.

HIPO

Los recién nacidos sufren con frecuencia ataques de hipo que a veces, incluso, pueden durar hasta una hora. El hipo suele ser la consecuencia de que el bebé se alimente demasiado deprisa, tragando aire al succionar. Aunque los padres acostumbran a inquietarse, es poco lo que se puede hacer por el bebé aparte de mecerlo y acariciarlo. Para tranquilidad de los padres hay que decir que no provoca sufrimiento alguno al bebé.

Granitos blancos o milium

El milium, es decir, esos minúsculos puntos nacarados diseminados por la frente, la nariz, las mejillas, el mentón y a veces hasta el mismo pecho, aparecen a causa de una obstrucción de las glándulas sebáceas debido a que las secreciones no están completamente regularizadas. No hay que hacer nada. Desaparecerán de forma natural después de algunas semanas o meses.

Manchas oscuras

Sin relieve, son de un tono un poco más oscuro que el de la piel pero no tan marrones como los lunares. Afectan a uno de cada treinta recién nacidos, pero también pueden aparecer más tarde, en cualquier parte del cuerpo. No hay que preocuparse: son totalmente inofensivas y no evolucionan negativamente jamás.

Lunares

Los lunares congénltos, que ya se presentan en el nacimiento o durante las primeras semanas, afectan solamente a uno de cada cien bebés. Los más frecuentes son los que aparecen más tarde, sobre todo después de una exposición solar, afectando sobre todo a los bebés rubios y pelirrojos.

Marcas en forma de fresa

Su verdadero nombre es hemangiomas. Son unas manchas invisibles normalmente en el examen pediátrico que se hace en el nacimiento, pero que aparecen muy precozmente. Los pediatras suelen decir que su aparición coincide con la salida d¡e la maternidad. Empiezan como un minúsculo punto rojo, que se va agrandando durante los ocho o diez primeros meses de vida para formar una pequeña excrecencia. Se trata de una dilatación de algunos vasos sanguíneos en la capa externa de la piel y su causa es desconocida.

Muchos padres se desesperan ante estas anomalías estéticas que manchan sobre todo la cara y la cabeza. Pero en la gran mayoría de los casos es mejor no hacer nada al respecto, ya que estas lesiones desaparecen espontáneamente a la edad de cinco o seis años, sin dejar ninguna huella. Sin embargo, es necesario vigilar muy atentamente los hemangiomas próximos al párpado, ya que pueden provocar algunas lesiones en el ojo.

Las manchas de vino

Llamadas displasias vasculares o angiomas planos, estas manchas rojovioláceas aparecen en el nacimiento y crecen con el niño. Son muy frecuentes -afectan a uno de cada cinco niños-, y aunque raramente grandes, pueden resultar poco atractivas, sobre todo si afectan a la cara. En la mayoría de los casos, un tratamiento con láser permite hoy en día disimularlas.

Revisiones médicas del recién nacido

bebé recien nacido

Índice de Apgar

Desde el momento en que le cortan el cordón umbilical que le une a su madre, al bebé se le hacen una serie de test destinados a determinar su índice de Apgar.

Se trata de una apreciación del estado de su salud según los cinco criterios expuestos en 1952 por la doctora Virginia Apgar: el color de la piel, el ritmo cardíaco, la respiración, el estado muscular y la respuesta a los estímulos. El médico establece para cada uno de es-tos criterios una nota comprendida entre cero y dos. Cuando la suma es igual a 10, el aspecto y las reacciones del bebé son normales.

Un índice de 8 o de 9 no debe inquietar a los padres: puede ser debido a que sus manos y sus pies presentan una coloración ligera-mente azul, frecuente en los partos muy largos. Si la suma está comprendida entre 4 y 7, el niño reclama una atención especial; y si es inferior a 4, necesita una reanimación.

LOS EXÁMENES DEL PEDIATRA

Durante sus primeras veinticuatro horas, el bebé será examinado por el pediatra de la clínica de forma exhaustiva, examen que será renovado días después, antes de dejar la maternidad. El médico realiza un verdadero chequeo del niño mediante las siguientes pruebas: Una auscultación le permite verificar el ritmo cardíaco y la respiración del bebé. Tomando el pulso en el nivel de las arterias femorales, el médico se asegura de que no existan malformaciones cardiovasculares.

  • El examen de la piel puede poner en evidencia una coloración anormal o manchas (angiomas).
  • El examen morfológico busca eventuales malformaciones. El médico verifica la presencia del frenillo de la lengua y la buena formación del paladar, examina la columna vertebral, los huesos y las articulaciones. Manipulando las piernas del bebé comprobará si existe una luxación congénita de las caderas.
  • El examen de los ojos controla su reacción a la luz y la ausencia de conjuntivitis.
  • El examen neurológico aprecia las reacciones del niño a las estimulaciones del médico. El bebé cierra sus puños cuando el médico le coloca un dedo dentro de su mano; intenta dar algunos pasos cuando se le pone de pie; chupa un objeto que se le mete en la boca… Estos son algunos de los reflejos innatos del recién nacido pero que desaparecerán al cabo de pocas semanas.

EL TEST DE GUTHRIE

Mediante un pinchazo en un dedo o en el talón se extrae una pequeña muestra de sangre del bebé para, mediante el test de Guthrie,  descartar la presencia de dos enfermedades que pueden provocar retraso mental si no se tratan a tiempo: la fenilcetonuria y el hipotiroidismo congénito.

 

MANCHAS DE NACIMIENTO

Casi todos los recién nacidos presentan manchas que pueden ser de nacimiento o aparecer algunos días o meses más tarde, pero que no representan, por lo general, ningún peligro. No obstante, hay que vigilarlas atentamente para comprobar si evolucionan y cambian de tamaño.

Pecho o biberón?

madre con bebé

Durante los tres primeros años de vida, la alimentación posee una importancia crucial para el buen desarrollo físico del bebé. Dar con la clave de la mejor alimentación para el bebé durante los primeros años, es garantizar el aspecto fundamental, junto con la higiene personal y el dormir “bien”, de su calidad de vida. Además de garantizar un desarrollo sano, la buena alimentación proporcionará al bebé grandes dosis de afecto y protección.

La alimentación es una de las claves de la salud del niño. Durante los primeros años se van adquiriendo las costumbres que determinarán el perfil alimentarlo del resto de su vida. Para que el niño crezca sano y feliz necesita el amor de sus padres, transmitido también mediante una buena alimentación. La lactancia materna favorece especialmente la íntima relación entre madre e hijo, se suministra de forma mucho más sencilla y cómoda y además ayuda a prevenir infecciones.

Si no es posible, la lactancia artificial también puede aprovecharse para alimentar al niño afectivamente. Después del calostro, al segundo o quinto día, se produce la subida de la leche, una leche especialmente concebida por la madre para su propio bebé y, por tanto, la mejor para él. Después de la primera semana, en la que madre y pequeño reajustan los horarios de las tomas, todo empezará a ser más fácil.

La madre, ya más relajada, es capaz de valorar la comodidad que le da el hecho de amamantar al bebé. Aunque está sujeta a unos horarios, las ventajas son Infinitamente mayores. Primero, la simplicidad: la leche está lista a cualquier hora del día, no hay que calentarla ni preservarla de los microbios, no es necesario comprar leche, ni esterilizar biberones, ni hervir el agua, ni probar con tetinas hasta que el niño encuentre su medida justa. Además, no tendrá que levantarse a preparar biberones por la noche y podrá viajar con el bebé sin necesidad de ir cargada con mil y un utensilios.

La salud del niño también se beneficia con la leche de su madre. Apenas hay riesgo de diarreas o de estreñimiento y su alimentación es totalmente equilibrada en cuanto a proteínas (justo las necesarias y además sin peligro de que provoquen alergias), el tipo de grasas y las vitaminas y sales minerales que requiere su organismo. Además, la leche materna refuerza su sistema inmunitario, ayudando a prevenir las infecciones.

Si le interesa el tema, tiene estos dos artículos con más información:

 

EL BEBÉ QUE NO ENGORDA.

El peso del bebé suele ser una de las principales preocupaciones de los padres. En los días siguientes al! nacimiento, el niño pierde una décima parte de su peso debido a la evacuación de los desechos que ocupaban sus intestinos y a la escasa alimentación que recibe. A partir del tercer día empezará a aumentar entre 100 y 150 gr., a la semana el primer mes, y entre 150 y 200 g por semana durante los tres meses siguientes. Pero hay que tener en cuenta que los bebés no aumentan de peso de forma regular sino que tienen unas “puntas de crecimiento” en que engordan más y necesitan más alimento. Estas épocas suelen coincidir con las tres semanas, seis semanas, los tres meses y los seis meses de edad.

Si el niño no engorda, en primer lugar hay que determinar si es porque come poco y duerme mucho, o porque no recibe la leche adecuada tanto en cantidad como en calidad. En el caso de que tome biberón, el pediatra evaluará la necesidad de cambiar de leche o la dosificación de la misma, ya que muchas veces los bebés no se terminan el biberón porque la leche les resulta indigesta y se sienten molestos.

Cuando se trata de un niño de pecho, además de revisar la salud y dieta de la madre, hay que observar si el bebé succiona de forma correcta, ya que en algunos casos en que los bebés no engordan, la causa no está en la frecuencia y duración de las tomas sino en la calidad de la succión. Si el niño no succiona bien (chupa su labio inferior junto al pezón, aprieta sus mandíbulas sobre el final del pezón), las mamas de la madre no estarán suficientemente estimuladas y no producirán la leche necesaria, al tiempo que el bebé no ingerirá el alimento suficiente. Existen distintas técnicas para verificar si el bebé mama de forma correcta que puede aplicar la misma madre con el consejo del pediatra.

Lactancia con biberón, consejos y trucos

madre dando el biberón a un bebé

La Lactancia artificial.

Debido al estilo de la vida actual, muchas madres optan por dar el biberón. En ese caso hay que avisar al equipo médico para que, tras el parto, inhiba la subida de leche con la medicación adecuada. La leche maternizada es un alimento lácteo elaborado a partir de la leche de vaca, pero al que se le ha realizado un tratamiento específico para que resulte aceptable para el recién nacido.

Se le reduce la cantidad de proteínas, extrayendo sus grasas animales, que son reemplazadas por otras de origen vegetal, y se aumenta su contenido en vitaminas, ácidos grasos y minerales. Siempre debe ser el pediatra el que escoja el tipo de leche y la dosis más recomendable para cada bebé. Si en los primeros días el bebé presenta algún signo de intolerancia a la leche (vómitos, cólicos o alguna reacción en la piel), el pediatra optará por cambiarla, ya que existen en el mercado leches con distinta composición para adaptarse a las necesidades de cada caso.

Cómo dar el biberón.

Hay que sentar al bebé sobre las rodillas en una posición semi inclinada (ni demasiado enderezado, ni demasiado recostado) y colocar un cojín sobre el brazo en el que se apoyará su cabeza. Hay que mantener el biberón de forma que la tetina esté siempre llena de leche para impedir que entre aire y el bebé lo trague al succionar.

 

El biberón.

Si el niño no puede recibir el pecho materno, el pediatra indicará la leche de adaptación más adecuada a sus características y orientará la ración y número de tomas. También decidirá si es necesario cambiarla si al pequeño no le sienta bien y si se completará su dieta con alguna vitamina. Es importante que los padres acepten la lactancia artificial como sustituto de la materna. Hoy día, las leches maternizadas están concebidas para cubrir las necesidades infantiles y garantizar el correcto desarrollo del niño.

Las dos reglas más importantes en este caso son la higiene con los biberones, que ha de ser escrupulosa, y el respeto absoluto de las proporciones de agua y leche en polvo.

Lo mejor es contar con seis biberones, preferentemente de cristal, para no tener que esterilizar más de una vez al día. La esterilización puede realizarse por el método antiguo (son necesarios veinticinco minutos desde el comienzo de la ebullición), es decir, hirviendo los biberones, o bien utilizar aparatos más modernos al vapor, eléctricos, para el microondas, etc., o recurrir a la esterilización en frío o química.

Antes de la esterilización, sea cual sea el método empleado, siempre se han de lavar concienzudamente los biberones utilizando una escobilla. Las tetillas de látex son convenientes para los niños que chupan más lentamente y las de sillcona, más duras, para los más tragones. Convendrá reponerlas cada dos meses. Se utilizará agua embotellada, a condición de que sólo se use para el niño y nadie beba directamente de esa botella, o del grifo hervida al menos durante cinco minutos. Para no tener que es-

tar hirviendo agua constantemente, puede cocerse una cantidad para el día y, una vez templada, introducirla en un termo (no más de veinticuatro horas). Así estará casi lista para tomar. La preparación del biberón requiere unos pasos obligados, comenzando por respetar la regla de 30 cm3 de agua por cada medida rasa de leche en polvo (puede pasarse el mismo rascador incluido en el bote o una hoja de cuchillo limpio por el borde de la superficie para asegurar la cantidad exacta, sin prensarla). Ni más ni menos, ya que una leche muy diluida no alimentará correctamente al bebé y, excesivamente concentrada, puede provocar problemas digestivos y de deshidratación.

Las cantidades indicadas por el pediatra corresponden a las de agua y no a las del biberón reconstituido. Por ejemplo, si el bebé toma ya 120 cm3, una vez preparada la leche puede aumentar a 140. Por tanto, siempre hay que medir el agua y, una vez asegurada la cantidad exacta, añadir la proporción necesaria de leche en polvo. Respecto a la temperatura, los niños que nacen en primavera o en verano pueden beber la leche a temperatura ambiente (20 grados). Para los nacidos en otoño e invierno, es mejor templada (en torno a los 36 o 37 grados). Siempre hay que verificar que la leche no esté muy caliente, vertiendo unas gotas sobre el dorso de la mano, sobre todo si se ha utilizado el microondas

(no se ha de olvidar que el biberón puede estar en estos casos frío, mientras que el contenido hierve). Nunca deberán aprovecharse restos de leche de un biberón ni prepararse la leche con antelación, si va a tener que estar a temperatura ambiente. Los niños alimentados con leche artificial han de espaciar sus tomas a un máximo de cinco horas, siempre un poco más que los niños que toman pecho.

Para garantizar una buena digestión debe esperarse un mínimo de dos horas y media entre biberón y biberón. Si no se termina el biberón, no hay que forzarle. Posiblemente en la siguiente toma tendrá más apetito. Mientras asimile bien lo que se le da y no adelgace, no existen razones para presionarle. En los viajes conviene llevar un termo con agua esterilizada y templada y preparar el biberón en el momento en que se lo va a tomar.

También puede ser práctico recurrir a las leches ya preparadas, aunque son más caras y precisan del frigorífico una vez abiertas. Tanto el bebé que toma el biberón como el que mama pueden necesitar también agua. Por eso es aconsejable tener un biberón más pequeño para cubrir estas necesidades.

El momento del destete.

Según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el amamantamiento exclusivo puede mantenerse durante cuatro o seis meses. El destete deberá realizarse a ser posible de forma gradual y en el momento adecuado, evitando las temporadas de mucho calor. Si por razones de trabajo o de salud hay que iniciar el destete antes de los meses señalados, se procederá programando una preparación mutua (de madre y niño) para ello. Por ejemplo, la primera semana sustituyendo el pecho por el biberón en una de las tomas. Si lo tolera bien, la segunda semana se harán dos tomas con biberón; la tercera, tres, manteniendo hasta el final las tomas de la mañana y de la noche. Al cuarto mes y al igual que el bebé que toma biberón, se puede empezar sustituyendo la toma de la tarde por una papilla de frutas.

Cuando el biberón no les deja satisfechos.

tomando peso a bebéLlega un momento en que el bebé que es alimentado con biberón no queda satisfecho con lo que toma y puede manifestarse hambriento pese a aumentar las cantidades de leche. En estos casos, a partir del tercer mes, el pediatra puede aconsejar suplementar el biberón de la noche con unas cu-charadltas de papilla de cereales sin gluten. De esta forma, el pequeño queda más tranquilo y aguantará mejor durmiendo toda la noche.

También algunos pediatras recomiendan sustituir al cuarto mes la toma de la noche por una papilla de cereales sin gluten preparada con la leche de Inicio que ya toma o bien con la de continuación -a partir de los cuatro meses-, que deberá ser bastante liquida hasta que el niño vaya acostumbrándose a la cuchara. Si rechaza esta última, convendrá dársela con el biberón y volverlo a intentar al cabo de unos días. A los niños les suelen encantar las papillas de cereales y las aceptarán sin poner excesivos reparos.

Otro tema es la fruta, a cuyo sabor más ácido deberán acostumbrarse. Antes de los seis o siete meses sus papillas de cereales no deben incluir gluten, ya que es la mejor forma de prevenir la aparición precoz de la enfermedad celíaca. La Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica recomienda que los bebés no tomen gluten hasta los meses apuntados. De ahí que las primeras papillas -a partir de los tres meses- se elaboren sin ese componente.

Lactancia materna (de pecho), consejos y trucos

bebé tomando pecho madre leche materna

LACTANCIA MATERNA.

A las pocas horas de nacer, si la madre ha escogido dar de mamar a su hijo, ya se coloca el bebé en el pecho para que empiece a succionar y estimule la secreción láctea. Al principio, el pecho sólo segrega un líquido amarillento, llamado calostro, que es particularmente rico en anticuerpos que preparan al niño para protegerse de las agresiones externas. Progresivamente, la leche va aumentando no sólo en cantidad, sino también en calidad, ya que a medida que pasan los días y las semanas, la leche va haciéndose cada vez más rica en nutrientes y adaptándose a las necesidades nutritivas del bebé. A continuación explicamos algunas de esas sencillas reglas que harán que la lactancia del bebé sea más sencilla y eficaz.

Cómo dar de mamar.

Las madres que han optado por dar el pecho deben tener en cuenta que en la lactancia natural el bebé es quien marca las pautas; es decir, que hay que seguir su ritmo y respetar algunas reglas básicas:

  • Hay que mantener el bebé en el pecho el tiempo que quiera; a excepción de los quince primeros días, en que no está recomendado dejarlo mamar más de quince minutos seguidos.
  • Los ritmos de las tomas dependerán únicamente del cansancio de la madre: en teoría no existe un intervalo recomendado entre una y otra. En la práctica, los padres se acostumbran rápido al ritmo insaciable del bebé que reclama su ración por las noches. Hay que tener paciencia, ya que lo ideal es darle de mamar cada vez que lo reclama. Pero si todavía no es la hora de comer y el bebé está llorando, hay que probar a calmarlo con la voz, las caricias, o simplemente acunándolo antes de ponerlo en el pecho. Si se calma de esta forma, es la prueba de que todavía no necesita la comida.
  • Hay que colocarlo en el pecho correctamente, ya que la mayoría de las molestias que sufren las madres cuando dan de mamar se deben a la mala posición del bebé; su cabeza debe estar de frente a la madre y no de lado. Hay que apoyar en una mano los glúteos del bebé y colocar su cabeza en el ángulo que forma el codo de la madre, de modo que cabeza, pecho, genitales y rodillas estén completamente frente a la madre. Con la otra mano la madre debe sostener el pecho, sin apoyar los dedos en la areola. El bebé debe meter en su boca todo el pezón y casi toda la aréola y mantener la nariz despegada; así puede respirar bien.

Las contraindicaciones.

  • Durante todo el período de lactancia, la madre debe abstenerse de fumar, tomar alcohol, otras drogas y todo tipo de medicamentos, ya que estas sustancias pasan a la leche y consecuentemente al bebé. En caso de necesidad hay que consultar al médico.
  • Tampoco pueden dar el pecho las mujeres que sufren alguna enfermedad Infecciosa, una anemia grave, epilepsia, ciertas enfermedades crónicas y las que se han sentido extremadamente cansadas durante el embarazo.
  • Con respecto al bebé, a excepción de malformaciones labiales o bucales que le Impidan succionar, o puedan provocar heridas en el pezón, no hay ninguna contraindicación.
  • Si el bebé tiene cólicos intensos, la madre que amamanta debe eliminar de su dieta las bebidas con cafeína, el chocolate, los plátanos, las naranjas, las fresas y los platos muy condimentados.

 

DAR EL PECHO.

madre con bebéEs importante que sepamos cómo organizar el amamantamiento. Actualmente se reivindica el derecho del niño a alimentarse cuando lo pida, aunque es conveniente una cierta regularidad, por el ritmo y bienestar de todos. El niño de pecho normalmente acaba por adaptarse más o menos a una media, dejando transcurrir unas tres o cuatro horas entre toma y toma. Si reclamara antes, hay que dejar pasar al menos hora y media. Es mejor también procurar una pausa nocturna de unas seis horas. La madre no debe esclavizarse con el reloj y el ansia de respetar escrupulosamente todas las tomas para garantizar el desarrollo del niño. Si el niño está dormido profundamente, no conviene despertarle. De la misma forma no hay que obsesionarse con la báscula, pesándole antes y después de cada toma, a no ser que el pediatra lo recomiende. Si el aumento de peso semanal es el correcto, la madre puede estar segura de que el niño mama realmente lo que necesita.

¿Cuánto tiempo ha de mamar? Veinte minutos de amamantamiento, diez por cada pecho, son en general suficientes. Los primeros días la madre puede tener molestias al dar el pecho. Esto es normal y desaparecerá espontáneamente, pero conviene empezar reduciendo el tiempo y aumentando el número de tomas para ir gradualmente adaptándose a las necesidades del niño y el mejor estado de la madre. Un tema que preocupa especialmente a las madres primerizas es el de dar de mamar por las noches.

Para consuelo de éstas, la mayor parte de los niños que nacen con buen peso no hacen durar su reclamo o necesidad de la toma nocturna más de seis semanas. Una buena estrategia consiste en darle de mamar a las once o doce de la noche, para que pueda aguantar hasta las seis. Así se pueden ir ganando períodos de sueño más largos. La lactancia materna favorece un contacto más estrecho entre madre y niño. Para saborear la ventaja afectiva que ello representa, es mejor instalarse en un entorno calmado, sin ruidos.

Durante el día la madre se sentará en una silla baja con el respaldo ligeramente inclinado hacia atrás (una excesiva inclinación hacia delante puede producir dolor de espalda). El niño se sostiene en posición semisentado (pueden utilizarse unos cojines para facilitar su acomodo o el del mismo brazo de la madre). Antes de cada toma la madre deberá lavarse los pechos con agua y jabón.

En los casos en que la madre deba ausentarse durante una o varias tomas, es posible extraer la leche, bien manualmente o bien utilizando un sacaleche manual o eléctrico (pueden alquilarse) aunque respetando siempre una escrupulosa higiene. La leche se pone en biberones previamente esterilizados que se guardan en el frigorífico, para luego calentarlos al baño maría o con un calienta-biberones eléctrico. La leche no debe guardarse más de ocho o doce horas.

Sus necesidades de líquido.

El agua es indispensable para el desarrollo del bebé. En los primeros meses, el liquido presente en la leche materna y adaptada es por regla general suficiente, pero ello no ha de impedir que se ofrezca al niño agua, sobre todo en los meses de calor, Hasta los ocho meses es mejor que ésta sea hervida. A partir del cuarto mes los zumos de fruta deben estar presentes en su dieta, sobre todo naturales, primero solos y luego también acompañando a la papilla de frutas. Si el bebé estuviera estreñido, el pediatra podría recomendar darle antes del cuarto mes una cucharada de zumo de naranja para facilitar las deposiciones.

¿Cómo cuidar un bebé los primeros días?

madre con bebé

Desde los primeros días conviene establecer unos horarios y ritos fijos en el cuidado del bebé, como por ejemplo la hora de darle de mamar, acostarlo, bañarlo o sacarlo a pasear.

Estas costumbres dan seguridad y tranquilidad al niño y le ayudan a enfrentarse a ese mundo lleno de sorpresas y cosas nuevas que representa la vida fuera del seno materno.

Durante los primeros meses, madre e hijo mantienen un mismo ritmo de vida lleno de pequeños ritos que desempeñan un importante papel en el desarrollo y bienestar del bebé. Es importante desde el primer momento, ser consciente de estos ritos, planificarlos y con el tiempo se van haciendo de manera automática por ambas partes de forma natural.

RITOS Y HORARIOS FIJOS

Sostener al niño en brazos, acunarle, mirarle y hablarle mientras mama, bañarle, acariciarle, darle masajes, cambiarle los pañales, etc., son actos que la madre repite cada día, convirtiéndolos en costumbres que constituirán los pilares del futuro aprendizaje del bebé.

Repetir los mismos gestos cada día (tanto los destinados a su cuidado como las muestras de amor y cariño) convierte a la madre o al padre en un espejo en el que el bebé puede verse a sí mismo, ya que todavía no sabe verse como un individuo independiente. Más tarde, a los tres o cuatro meses, se pueden variar los horarios teniendo en cuenta que cada nueva experiencia debe producirse de una forma gradual.

PADRE DESDE EL PRIMER DÍA

padre con bebéEl padre puede integrarse desde el primer día en este juego de ritos y gestos con el bebé, porque a pesar de la natural dependencia del recién nacido de la madre, el desarrollo integral del niño necesita de la presencia de la figura masculina.

Si el padre aprende a tomar confianza con el bebé y no se autoexcluye de sus cuidados, sentará las bases para una relación plena con su nuevo hijo y con su pareja, evitando celos y sentimientos de abandono.

En la actualidad, muchos padres alternan con la mache los cuidados del niño bañándolo, cambiándole los pañales y dándole el biberón. Pero también es importante que se impongan un protocolo de mimos, caricias y juegos.

El bebé percibirá los gestos del padre de forma diferente a los de la madre porque su mirada, su sonrisa y su voz son diferentes. Eso creará una base sólida de armonía y entendimiento familiar así como un desarrollo óptimo del niño.

CANCIONES DE CUNA

El bebé tiene dos necesidades primordiales al nacer: la leche, y la voz y contacto maternos. Por eso en todas las culturas hay canciones de cuna para dormir, entretener y tranquilizar a los bebés.

La voz de la madre ha estado acompañando al bebé desde el cuarto mes de gestación, porque es a partir de ese mes cuando el feto empieza a percibir los sonidos en el medio acuático en el que vive. Después del parto, la voz de la madre conecta al niño con el exterior y es su primer punto de referencia para ir integrando el mundo sonoro que le rodea y para preparar su futura inserción lingüística, es decir, para aprender a hablar.

Algunos especialistas llaman al canto “el cordón simbólico”, ya que si la madre sigue cantando, puede distanciarse del niño y abandonar la estancia donde se halla el bebé sin romper el contacto con él, o incluso puede grabar sus canciones para tranquilizar al niño cuando tiene que ausentarse.

Las canciones de cuna o nanas suelen calmar y tranquilizar a los niños, ya que incluyen los tres elementos que más satisfacen la demanda de fusión del niño: la voz, el contacto físico envolvente del arrullo y la mirada. La nana más efectiva es la que se canta en la mecedora mirando y arrullando al bebé, porque el balanceo le producirá una grata sensación de equilibrio.

El significado del llanto

bebé llorandoEl llanto del niño al nacer es como una forma de respiración profunda, ya que su salida a través del canal cervical le produce una cierta hipoxia -falta de oxígeno- pasajera. Cuando la cabeza del bebé sale fuera de la vulva, deja de percibir la presión a la que está habituado y esto, junto con la falta de oxígeno y otros cambios que se producen, estimula el centro encargado de la respiración de su cerebro, produciendo el llanto que anuncia el nacimiento.

Al principio, el llanto será el único medio de comunicación del bebé. En los primeros días de su existencia, este lenguaje le servirá indistintamente para manifestar su sufrimiento, sus deseos y sus necesidades de comida. Bastarán unas semanas para que los padres aprendan a interpretar este lenguaje y para que averigüen que nunca son los gritos de un bebé lo que debe preocupar, sino su silencio prolongado.

EL SUEÑO

El recién nacido duerme una media de dieciséis horas al día con variaciones según cada caso. Los primeros días, el bebé no diferencia entre el día y la noche y sus períodos de sueño duran unas tres horas. Al cumplir el mes empezará a adquirir el ritmo día-noche, pero puede despertarse todavía una o dos veces por noche. Durante el día hace cuatro siestas y permanece un largo período despierto al final de la jornada entre las diecisiete y las veintidós horas.

A los tres meses puede llegar a dormir hasta nueve horas por la noche y el resto de los períodos de sueño los reparte en tres o cuatro siestas durante la jornada. Los períodos de vigilia se van alargando poco a poco.

Es importante que el bebé duerma lo suficiente, ya que es durante el sueño profundo cuando el organismo segrega la hormona del crecimiento que le permite la recuperación física. Por eso es esencial mantener y respetar el ritmo de sueño particular de cada niño. Si éste se altera, pueden existir problemas de crecimiento irreversibles, y los pediatras observan que estos niños sufren con más frecuencia problemas de otitis o rinofaringitis.

LA HABITACIÓN DEL BEBÉ

Al principio resulta más cómodo tener al bebé por las noches en la habitación de los padres en un pequeño moisés con ruedas. Pero durante el día, el bebé debe estar en su habitación, ya que de esta forma se reserva la intimidad de la alcoba y no se crean hábitos en el niño difíciles de erradicar cuando sea un poco más mayor. La habitación del bebé debe ventilarse al menos una hora al día e intentar que su temperatura no sobrepase los 20 grados en invierno. Cuando se usa calefacción hay que mantener el grado de humedad mediante humidificadores o recipientes con agua en la habitación.

Hay que evitar llenar la habitación del recién nacido con muchos muñecos de peluche, ya que son nidos de polvo. Es mejor conservar sólo uno y lavarlo con frecuencia.

LA HIGIENE DEL BEBÉ

El baño del bebé (rito diario obligado desde que se cae el cordón umbilical, unos diez días después del nacimiento) debe convertirse en algo más que una operación de limpieza, ya que es una excelente oportunidad para mantener una relación táctil entre madre e hijo o entre padre e hijo, y un momento privilegiado de intimidad entre el bebé y los padres. Hay que hacer durar el ritual del baño lo máximo posible y alargarlo dando un suave masaje con un aceite especial.

Existe la falsa idea de que a los recién nacidos no se les puede cortar las uñas porque les duele; sin embargo, cuando las tienen largas, es más peligroso no cortárselas ya que se podrían arañar. Para que resulte más fácil se le puede colocar un paquete de algodón dentro de la mano para que se le abran los dedos, y realizar la operación con mucho cuidado y en perfectas condiciones higiénicas.

Los primeros dientes del bebé no saldrán hasta los seis u ocho meses, pero algunos especialistas recomiendan que desde el quinto o sexto día de vida se empiece a cuidar su «dentadura» masajeando sus encías dos veces al día.

La madre o el padre pueden envolver su dedo índice en una gasa humedecida y masajearle las encías suavemente. Esto no sólo ayuda a eliminar posibles bacterias, sino que fortalece también sus encías previniendo así las típicas molestias que provoca la salida de los dientes de leche.

 

 Bebés prematuros

El bebé ha nacido antes de tiempo o ha nacido en fecha que le correspondía pero con poco peso, precisará de unos cuidados especiales y posiblemente deberá pasar unos días en la incubadora.

Sean prematuros o no, estos bebés pueden presentar problemas para mantener la temperatura y para ser alimentados con normalidad, dificultades respiratorias, hipoglucemia (niveles bajos de azúcar en la sangre), ictericia, etc.

En los últimos años, la mayoría de las clínicas no sólo permiten que los padres tengan acceso a la incubadora y pasen bastantes horas con su hijo, sino que además lo recomiendan, ya que se ha demostrado que los abrazos y caricias de la madre favorecen una recuperación más rápida del bebé.

El nacimiento de un bebé

madre con bebé

Tras nueve meses de espera, se ha producido por fin el encuentro entre la madre y su bebé. Después de dejar el seno materno, donde se sentía seguro y protegido, el bebé tiene que acostumbrarse en un plazo muy breve a un nuevo entorno donde todo es extraño, desde los ruidos hasta ciertas sensaciones.

En esta etapa evolutiva de adaptación, roto el cordón umbilical, la madre continúa siendo un pilar básico en el que el niño se apoya y al que acude siempre. Junto a ella, unido por el mismo ritmo de vida, el bebé va a ir organizando su mundo, en el que, poco a poco, también irán entrando el padre y el resto de la familia. Todos ellos cubren las necesidades afectivas y propician que el pequeño se desarrolle de forma sana y feliz, de modo que más adelante logre acceder a la vida social de forma receptiva y sosegada.

Además del amor y de los cuidados recibidos, del contacto íntimo con los seres que conforman su entorno más cercano, la alimentación -la lactancia, ya sea natural o artificial- va a ser fundamental para el buen desarrollo físico del bebé, y por supuesto, esencial también para la adquisición de unos hábitos sanos que marcarán con el paso de los años la vida sana del niño.

Según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el amamantamiento exclusivo, es decir, la alimentación sólo a base de leche, puede mantenerse durante cuatro o seis meses.

Si bien, a juzgar por las apariencias, podría afirmarse que durante los primeros meses de vida el bebé se limita a mamar y a dormir, la realidad es muy diferente, pues todo un universo de nuevo cuño se está creando dentro de él.

En efecto, el crecimiento físico del bebé va a ser notablemente rápido, sólo comparable al acelerado ritmo de su evolución psíquica: el recién nacido interioriza no sólo el afecto que recibe, sino toda una serie de pautas de conducta, alimentación e higiene que van a servir de base para los tres primeros años, agotadores pero fascinantes, que le esperan.

Madre e hijo

Durante las primeras semanas, madre e hijo mantienen un mismo ritmo de vida lleno de pequeños hábitos cotidianos que desempeñan un rol fundamental en el desarrollo y bienestar del bebé. Dar de mamar, acunar, bañar, acariciar son actos rituales que la madre repite cada día y constituirán los pilares del futuro aprendizaje del niño. De esta manera el bebé organizará su mundo, en el que el padre y los demás miembros de la familia se integrarán gradualmente.

Madre e hijo han estado íntimamente unidos durante los nueve meses de gestación y, por tanto, desde el mismo momento en que tienen que separarse por el corte del cordón umbilical, es necesario establecer gestos que se conviertan en vínculos de unión como la mirada, las caricias, la voz y los hábitos de higiene o de alimentación. En los primeros meses de vida, el niño se concibe a sí mismo como un todo con su madre, no como un ser diferente. Por eso necesita tener mucho contacto con ella para adquirir un concepto de globalidad corporal. Y es importante que este contacto sea envolvente, es decir, que la superficie de contacto corporal sea lo más amplia posible, ya que el tacto es el sentido más desarrollado en el recién nacido.