El niño y las bacterias, prevención de enfermedades

Niño en el pediatra

Durante los tres primeros años de vida del niño, las visitas al pediatra pueden ser frecuentes. Por un lado, los padres se enfrentan al cuidado de un nuevo ser, del que ignoran buena parte de sus reacciones, y deben ir aprendiendo, poco a poco, a descifrarlas.

Por otro, el sistema inmunitario del pequeño es extremadamente sensible a los virus y bacterias que circulan en el ambiente. Se trata de una auténtica lucha contra los virus y las bacterias. La prevención es, en estas edades más que nunca, un requisito imprescindible para una buena salud.

El sistema inmunitario del niño se fortalece con el tiempo. Ello explica que en estos primeros años sea especialmente receptivo a las infecciones. Por ello los expertos recomiendan especialmente que su primera fuente de alimento sea la leche materna, ya que ésta estimula sus defensas.

Además, la calidad de vida y las condiciones de higiene influyen en la prevención de las enfermedades típicamente infantiles, como son los resfriados, y en que no degeneren en mayores complicaciones. Los programas de prevención sanitaria pública también están enfocados al control de la salud del niño con las visitas periódicas de pediatría y puericultura y el programa de vacunaciones sistemáticas.

 

CONSTRUCCIÓN DE SU SISTEMA INMUNITARIO

A pesar de que al nacer los bebés ya poseen un sistema inmunitario (durante la gestación, la madre transmite al feto anticuerpos a través de la placenta que proporcionan al recién nacido protección contra diversas enfermedades en los primeros seis meses de vida), éste está por desarrollar.

Pero el proceso es lento e implica que muchas veces el organismo deba experimentar la enfermedad para desarrollar defensas contra ella. Muchos padres con niños de esta edad se sienten desesperados: cuando no sufren un eccema, les duele el oído, o todas las epidemias parecen cebarse en ellos; durante el primer año de guardería pasan más días en casa enfermos que en ella… Estas situaciones encadenadas generan la Inquietud paterna; pero es necesario mentalizarse de que los problemas físicos infantiles son, en su mayoría, benignos y ayudan a desarrollar su sistema defensivo.

Los padres han de enfrentarse a la enfermedad del pequeño con serenidad. Es frecuente que los padres experimenten un cierto sentimiento de culpabilidad. Sin embargo, los especialistas afirman que lo extraño es que un niño no pase ni un simple resfriado.

 

Mecanismos de prevención

Constatado esto, lo que sí es cierto es que se puede ayudar al bebé a reforzar su sistema defensivo y prevenir la enfermedad. Está comprobado que la lactancia materna es fundamental en el desarrollo del sistema inmunitario.

La leche de la madre, y al principio el calostro, contienen los anticuerpos necesarios para una buena protección durante su infancia y generan la flora intestinal que en principio le permitirá pasar sus primeros meses sin conocer la diarrea ni el estreñimiento. Por eso los expertos defienden con tanto ahínco el amamantamiento. Las condiciones de higiene de vida también pueden ser determinantes en la lucha contra

las típicas enfermedades respiratorias. Los padres deben evitar por ejemplo que el niño soporte ambientes muy contaminados (no sólo no fumando en casa sino posibilitando, en la medida de las circunstancias, que el pequeño pasee por parques y jardines y no en avenidas repletas de vehículos).

Por último hay que destacar los sistemas de prevención comunitarios, en cuyo apartado se hallan las revisiones pediátricas y de puericultura de los programas de medicina preventiva de sanidad y el calendario de vacunaciones sistemáticas.

Higiene del bebé, cómo bañarlo, cambio de pañales, etc

baño y cambio panales del bebé

Todo un mundo se está creando en el interior del bebé. En pocos meses, su evolución es vertiginosa, e incomparablemente mayor que la que experimenta cualquier organismo adulto. Sin embargo, en apariencia su vida se limita a los pañales, y a la cuna.

Lo cierto es que en la calidad de vida del bebé desempeñan un papel importante las pautas de higiene, que constituirán una buena fórmula de protegerlo de todo un rosario de infecciones a las que son especialmente sensibles, así como el sueño y la adaptación de sus ritmos biológicos al funcionamiento familiar.

El ritual del baño no es innato, ni para los padres ni para el bebé. Este momento debe ser, para ambas partes, no sólo un ejercicio de higiene sino también una oportunidad para establecer la complicidad. Hay niños a los que les disgusta enormemente que les sumerjan en el agua, pero la mayoría de ellos disfrutan con el baño y terminan por considerarlo un juego más. Tras los primeros días, en los que cualquier

cuestión es nueva, el pequeño y los padres comienzan a obtener placer en los pequeños actos cotidianos. El baño es uno de ellos, pero también una de las buenas formas de preservar la salud del pequeño y protegerle de posibles enfermedades.

 

LA HIGIENE DE LOS MÁS PEQUEÑOS.

Posiblemente durante los primeros meses y si las temperaturas son bajas, los padres hayan decidido que el baño se realice en la misma habitación donde está instalada la cuna, tanto por comodidad como para asegurar la temperatura correcta del entorno; pero tarde o temprano, el pequeño comenzará a usar el cuarto de baño para estos menesteres y todo debe estar en perfectas condiciones.

Lo primero que hay que hacer es asegurar la temperatura de la estancia -entre 24 y 25 grados- y colocar el equipo necesario al alcance. De esta forma se evita la tentación de dejar al pequeño

para ir a buscar algo. Si la madre o el padre están solos, es mejor descolgar el teléfono o conectar el contestador automático. También habrá que comprobar la fecha de caducidad de los productos de higiene que se van a utilizar y evitar exponerlos a una fuente de calor, ya que una temperatura elevada puede alterar su composición.

Los primeros meses es aconsejable colocar el vestidor muy cercano a la bañera y disponer sobre él, antes del baño, una toalla extendida y la ropa necesaria para cambiar al pequeño. Nunca se dejará al bebé solo, ni aunque los bordes del vestidor sean altos. Cuando sea más mayor, ya se le podrá vestir sobre una cama después de sacarle de la bañera y arroparle bien con una toalla.

La mejor hora del baño.

En cierta forma el bebé se adaptará a las necesidades del adulto, por lo que es mejor escoger el momento en que el padre, la madre, o ambos, estén más tranquilos. En todo caso siempre se ha de evitar bañarle cuando acaba de comer o cuando empieza a tener hambre. Algunas madres prefieren hacerlo al caer la tarde y antes de la última toma, cuando el bebé se halla generalmente más inquieto. Es un buen momento para ello ya que el baño les distrae, relaja y calma. Esta franja horaria será la ideal cuando ya sean mayores. Permite acostarles bien limpios tras sus “batallas” diarias y mucho más relajados para afrontar una larga y reconfortante noche de sueño.

La preparación del agua y la comodidad del bebé.

Baño de bebé niña desnudaSe llena la bañera del bebé comenzando con agua fría y después con la caliente. Esta costumbre evitará prepararle un baño excesivamente caliente. No hay que sumergir nunca al bebé en el agua sin antes comprobar la temperatura: alrededor de 38 o 39 grados; y 37 grados en el momento de introducirlo. Lo ideal es utilizar un termómetro de baño; en su defecto, el codo puede servir de referencia, pero nunca el dedo. En los primeros días es más cómodo utilizar un jabón líquido que se verterá sobre el agua previamente a la inmersión del bebé.

Ya con el pequeño tumbado encima del vestidor, se empieza por quitarle el pañal y retirar las heces que pudiera tener. Luego se le desnuda totalmente. Éste puede ser un buen momento para darle un masaje corporal, utilizando para ello aceite infantil. Los bebés agradecen enormemente este agradable contacto con la madre.

Para sumergir al bebé en la bañera se pasa el brazo por su espalda y se le sujeta con la mano la axila contraria al lado donde se halla la persona que lo baña. De esta forma, el brazo sostendrá también su cabeza, que debe quedar siempre fuera del agua. Con la otra mano se le sostienen las nalgas y se le sumerge progresivamente. Con esta mano se enjabona al bebé. Es mejor servirse para ello de las manos, no sólo porque le limpian, sino también porque con ellas se dan masajes y ello le produce gran placer.

También puede utilizarse un guante de felpa que ha de esterilizarse cada día. Por ahora es mejor olvidarse de la esponja, un verdadero nido de microbios. También hay que evitar que la espuma le entre en los ojos y será necesario aclarar muy bien el cabello. Para sacarle del agua hay que sujetarlo de la misma manera que para introducirlo, luego se le coloca sobre el vestidor y se le envuelve con la toalla.

Para evitar enrojecimientos e irritaciones hay que secarle bien pero con suavidad, insistiendo sobre todo en los pliegues de codos y rodillas, tras las orejas y en las axilas y el ano. La toalla se deberá cambiar cada dos o tres días o más a menudo en caso de manchas accidentales.

Pendientes de todos los pequeños detalles.

Una vez seco, se le viste comenzando por el pecho para que no coja frío. Ya preparado, se limpiarán sus ojos con suero fisiológico y una gasa estéril para cada uno de ellos. Se procederá de igual manera con la nariz. Las orejas se limpian con gasas o un pañuelo de algodón limpio, nunca con bastoncillos, ya que si el bebé hiciera un movimiento brusco, se corre el peligro de perforar sus tímpanos.

Si el bebé tiene las uñas excesivamente largas, probablemente se arañe. En estos casos, será mejor cortárselas pero no mucho, para evitar infecciones si se resquebrajara la fina piel de sus dedos. Si no se araña, los expertos recomiendan esperar unas semanas para cortárselas. Las tijeras deben desinfectarse con alcohol de 60° antes y después de cada uso. En cuanto a las uñas de los pies, es inútil ocuparse de ellas en los primeros meses, ya que su crecimiento es mínimo.

El cambio de pañales.

Se deberá realizar de seis a ocho veces al día durante los primeros meses, hasta que el bebé comience a orinar y defecar con regularidad. En cualquier caso siempre habrá que cambiarle cuando esté sucio y después del baño. Cuanto más secas estén las nalgas del bebé, menos problemas habrá de irritaciones.

Al principio se recomienda utilizar una leche hidratante específica para limpiarle, concebidas para proteger su piel de la agresión de la orina o las heces. Más tarde se podrán utilizar las toallitas húmedas, mejor sin alcohol y con agentes hidratantes. La limpieza se realizará siempre desde delante hacia atrás y se secará suavemente con una toalla. En caso de irritación, se deberá optar por una crema tratante. Como ocurría con el baño, antes de cambiar los pañales se ha de tener todo dispuesto alrededor para evitar dejar solo al bebé.

A partir del octavo mes.

Bebé bañandose con pelota azul y rojaEntre los ocho meses y el año, es decir, cuando el niño ya se mantenga sentado, se podrá bañar al bebé en la bañera grande, aunque por mayor seguridad es aconsejable introducir la bañera pequeña dentro de la grande. Las precauciones, en todo caso, han de persistir o incluso aumentarse si se utiliza la bañera de los adultos. Se colocará una alfombra o material antideslizante en su superficie, se llenará de agua únicamente hasta la cintura del bebé sentado y nunca se le dejará solo para evitar que resbale, se golpee o trague agua.

A partir del año, el niño puede protestar con el lavado del cabello. En general les molesta el agua en la cabeza y en la cara. Una buena estrategia consiste en acostumbrarles a que estiren un poco la cabeza hacia atrás y mojarles y aclararles utilizando para ello una jarra de plástico. El lavado del cabello se puede reducir entonces a tres o cuatro veces por semana, pero el baño seguirá manteniéndose todos los días.

Su primer neceser.

Todos los productos utilizados han de ser específicamente para bebés. Nunca se usará un gel o champú de adultos, particularmente si está perfumado. Existe el riesgo de provocar en el pequeño una alergia cutánea.

  • Jabón líquido hipoalergénico (se puede utilizar el mismo para el lavado de su cuerpo y cabello).
  • Aceite corporal (para el masaje antes del baño).
  • Agua de colonia sin alcohol (unas gotitas sobre su cabello y sus ropas, nunca sobre su cara).
  • Leche hidratante.
  • Crema tratante (para las escoceduras).
  • Toallitas húmedas.
  • Gasas estériles.
  • Suero fisiológico.
  • Cepillo suave (para peinarlo).

Cuándo comenzar con el cepillo de dientes.

Generalmente se cree que el uso del cepillo ha de comenzar con la aparición de los dientes definitivos pero, en realidad, para una buena higiene bucal, la educación en el cepillado de los dientes debe comenzar mucho antes. Desde los dos o tres años es necesario enseñar al pequeño, mejor jugando, a cepillarse los dientes después de cada comida y antes de ir a acostarse. Sólo así el uso del cepillo y el dentífrico se convertirá en una costumbre diaria.

Servirán de ayuda en este cometido los cepillos de colores vivos y formas divertidas, y los dentífricos con sabor agradable. Pero, para ser realmente eficaz, la limpieza ha de hacerse bien: el cepillado debe durar al menos dos minutos y el movimiento debe realizarse de arriba abajo. Habrá que ayudarles en esta tarea para que también se cepillen las muelas. Se escogerán cepillos blandos, de tamaño pequeño y con las cerdas redondeadas.

Cómo bajar el riesgo de muerte súbita del bebé

De causa desconocida, la muerte súbita se produce en bebés de pocos meses, sin ningún síntoma previo. El bebé aparece muerto en su cuna sin señal alguna de sufrimiento.

En los últimos años, este tipo de muerte ha descendido debido, según algunas hipótesis, al hecho de que ahora se aconseja a los padres acostar a sus bebés sobre la espalda o de lado y no boca abajo como se solía recomendar hace unos años.

Al parecer, en esta última posición (que se recomendaba para evitar que las regurgitaciones de leche ahogaran al niño) existe un mayor peligro de hipertermia y de asfixia, ya que la nariz y la boca están pegados contra el colchón y pueden dificultar su normal respiración.

Un estudio reciente realizado en Gran Bretaña ha demostrado que las tasas de muerte súbita en aquel país habían disminuido a la mitad después de que las autoridades sanitarias recomendaran colocar a los bebés en la cuna boca arriba.

Otros estudios han identificado algunos factores comunes en la muerte súbita, como un déficit ponderal en el nacimiento, padres fumadores, pañales muy apretados y habitaciones mal ventiladas o muy calientes. Dos estudios, uno neozelandés y otro británico, han llegado a la conclusión de que dejar que el niño duerma en la habitación de los padres hasta los seis meses reduce el riesgo de muerte súbita.

Se aconseja también evitar los edredones de plumas, los colchones blandos, los almohadones protectores mal fijados y vigilar que la temperatura de la habitación del bebé no sobrepase los 20 grados. Estas simples precauciones han hecho descender notablemente en los últimos años la tasa de muerte súbita.

Por qué llora el bebé?

bebé llorando

Durante las primeras semanas de vida, la actividad del bebé se limitará básicamente a alimentarse y dormir. Pero existen algunos problemas que pueden enturbiar esa plácida vida y que sobre todo inquietarán a la madre, tales como el llanto insistente, los cólicos, o el escaso aumento de peso.

Si bien, en su mayor parte, se trata de incidencias normales en la vida de cualquier recién nacido que no deben causar preocupación, los padres deben tener suficiente información para poder conocer la causa de esos problemas y saber cómo actuar en cada situación.

Especialmente para las madres primerizas, algunos problemas que en ocasiones presentan los recién nacidos pueden resultar inquietantes aunque no tengan mayores consecuencias. Los llantos sin causa justificada, los cólicos, la aparición de manchas en la piel, el hipo, la regurgitación… pueden resultar molestos para los padres pero no revisten complicación alguna, e incluso pueden ser aminorados con la ayuda de un masaje. En cambio, otros síntomas como los vómitos, las diarreas y la fiebre elevada exigen la iihtervención inmediata de un médico.

EL BEBÉ QUE LLORA MUCHO.

Algunos estudios han demostrado que incluso los bebés sin problemas aumentan la duración de sus períodos de llanto a partir de la tercera semana de vida y a las seis semanas pueden llorar de dos a cuatro horas al día. El llanto es el único medio de comunicación que posee el niño para indicar que tiene hambre, que le duele la barriga, que está mojado e incómodo, que se siente abandonado, que tiene frío o calor… Los padres, para averiguar lo que les pasa, no tienen más remedio que utilizar el sistema de eliminación; y hallar la causa no siempre es tarea fácil. Los gritos insistentes del bebé pueden llegar a poner más nerviosos a los padres, quienes a su vez transmitirán esa inquietud al niño.

Está comprobado que a última hora del día, al final de la tarde, la mayoría de los bebés se muestran más inquietos y aumentan su llanto. Según algunos autores, ello es debido a que mediante el lloro descargan las tensiones acumuladas a lo largo de toda la jornada.

Las viejas teorías que insistían en que había que dejar llorar al bebé porque si no se malcriaba han dado paso a las nuevas ideas que defienden que los bebés aprenden a amar y a confiar dependiendo de la respuesta que reciben de sus padres a sus demandas. Los bebés cuyo llanto es atendido por sus padres se convierten en personas confiadas, independientes y sociables, mientras que los bebés a los que se les deja llorar sin atender su demanda pueden desarrollar un sentimiento de aislamiento y desconfianza.

Aunque no se conozca la causa de su llanto, los estudios demuestran que el bebé que es acariciado, acunado y recibe miradas y palabras se calla antes que el que no recibe atención alguna. Pero tampoco es bueno acudir inmediatamente o darle de mamar al primer llanto. Hay que probar otras formas de atender su demanda, y llegar a un término medio es fácil de lograr si se utiliza la intuición. Si al primer gemido los padres acuden inmediatamente, el bebé puede convertirse en un tirano.

Con el tiempo, los padres acaban desarrollando su propia técnica para calmar al bebé: acariciarle, darle el chupete, acunarle, cambiarle el pañal, ponerlo en el pecho de la madre, pasearlo por toda la casa en el cochecito, meterse con el bebé en el baño, darle un paseo en el coche, ponerle la misma música con la que la madre se relajaba en el embarazo, colocarlo contra su pecho para que oiga su corazón, cantarle una nana… El sistema que funciona con un bebé puede resultar ineficaz con otro; por tanto, se trata de probar con paciencia hasta encontrar el que mejor se adapte a cada niño.

Los primeros años

Bebé aprende a caminar

Aprender a caminar y a hablar supone una auténtica revolución en la vida del ser humano: se podría decir que estos grandes logros, junto con el control de los esfínteres, marcan una frontera entre dos etapas de la vida, la que separa al bebé del niño de pocos años. La autonomía que adquiere el niño de aproximadamente un año es muy notable y sus progresos, continuos, pues a esta edad los niños desarrollan una actividad infatigable mientras van construyendo su personalidad.

Respecto al desarrollo físico, en tres años la talla y peso del pequeño experimentarán un importante crecimiento: las proporciones corporales abandonarán las formas clásicas del bebé para dar paso a las propias del niño. Para crecer equilibradamente, en el sentido más amplio de la palabra, el niño ha se sentirse querido. Corresponde a los padres atender estas necesidades afectivas, así como otras exigencias básicas en su calidad de vida, como la alimentación, la adquisición de los hábitos de higiene o la adaptación de los ritmos biológicos a las costumbres familiares y sociales.

Tras la lactancia, se da paso a la alimentación sólida y a la introducción de nuevos alimentos. El niño de tres años no entenderá de dietas equilibradas, pero si ha tenido a su disposición una variedad razonable de alimentos naturales, y no se le han creado prejuicios, su propio apetito le encauzará hacia una alimentación equilibrada.

En estos años desempeña un papel primordial la prevención, y en ella se incluyen el control de la salud con visitas periódicas de pediatría y puericultura y el programa de vacunaciones sistemáticas. La seguridad del pequeño es también de suma relevancia. Los accidentes domésticos -traumatismos, quemaduras, intoxicaciones, asfixias, ahogos- provocan la muerte de centenares de niños cada año. Velar por la seguridad en el hogar es absolutamente imprescindible, sin olvidar las precauciones necesarias en el vehículo o la protección frente al sol.

En este período de grandes descubrimientos, posibilitados por la insaciable curiosidad y un innato deseo de independencia, día tras día el pequeño se prepara para el gran salto: el acceso a la escuela y con él el inicio de una nueva etapa en su vida, la Infancia.

El cólico del lactante

El cólico es un término impreciso con el que se explica el llanto de los bebés que lloran durante mucho rato sin una causa aparente. Algunos pediatras creen que los cólicos son debidos a problemas digestivos combinados con el estrés, ya que suele dar buenos resultados el tratamiento para aliviar el dolor abdominal combinado con la relajación del ambiente.

Si el niño tiene cólicos abundantes, es mejor reducir la cantidad de alimento y aumentar la frecuencia de las tomas.

La Liga de la Leche (asociación mundial en defensa de la lactancia materna) recomienda a las madres que amamantan que, si su hijo tiene cólicos, le den de mamar sólo de un pecho en cada toma, para que de este modo el bebé pueda saciar su instinto de succión sin ingerir más leche de la que necesita, ya que un exceso de leche podría ser la causa de los cólicos.

Asimismo, la madre debe retirar de su dieta alimentos como la leche de vaca -que puede sustituirse por leche de almendras o de soja-, la levadura de cerveza, los cítricos, el chocolate, la cafeína y alimentos con edulcorantes artificiales. Algunas madres han comprobado que un niño con cólicos se calma poniéndolo boca abajo, al ejercer una cierta presión sobre el abdomen; los baños también suelen calmarlos, así como elevarles un poco la cabeza en la cuna, ya que eso mejora el funcionamiento del colon, y acariciarlos o darles masajes.

Es conveniente que los padres se turnen para atender al bebé. SI el llanto les pone muy nerviosos es mejor que pidan ayuda a un familiar o a un canguro para cuidar a su hijo en las horas en que entra en crisis, ya que su nerviosismo y estrés no ayudarán al bebé. Los cólicos suelen ser más frecuentes a primera hora de la tarde y de la noche y acostumbran a desaparecer a los tres meses.

Sus primeros dientes.

Los primeros dientes de leche o transitorios hacen su aparición por regla general hacia los seis meses, aunque haya niños que a los cuatro meses ya les salga el primer diente y otros que hasta el décimo mes no tengan ninguno. Ambos casos entran dentro de la normalidad. Los especialistas no dejan de repetir que la salida de los dientes es un fenómeno natural que se produce de manera progresiva y diferente en cada niño. Entre los seis y los doce meses suelen aparecer los ocho incisivos y hasta dos molares inferiores. La dentadura se completará poco después de los dos años. Este proceso natural no tiene por qué ser doloroso; sin embargo, a menudo va acompañado de algunos síntomas como son el aumento de la salivación, el babeo continuo, la molestia en las encías, la necesidad constante de morder, el enrojecimiento de las mejillas e Incluso el aumento de temperatura corporal sin aparente justificación.

¿CUÁNDO CONSULTAR AL MÉDICO?.

Si el bebé manifiesta los siguientes problemas de salud, hay que consultar al médico o acudir a un centro de urgencias pediátricas:

Vómitos.

No deben confundirse las regurgitaciones de leche que expulsa el bebé algunos minutos después de mamar o de tomar su biberón con los vómitos de recién nacido acompañados de llanto insistente (signo de dolor), ya que éstos pueden ser síntomas de problemas más graves y exigen una consulta inmediata con el médico.

Manchas de sangre en las deposiciones.

Los dos o tres primeros días el bebé expulsa el meconlo, que es de un color oscuro, y más tarde aparecen las verdaderas deposiciones, muy líquidas y de un color verdoso. Con el tiempo irán cambiando a un color más anaranjado y su consistencia será más líquida si se alimenta del pecho y más sólida si toma el biberón. La consistencia y el color de las deposiciones del recién nacido son el reflejo de su salud. Por tanto, es necesario observarlas cada vez que se cambie al bebé para comprobar que no hay nada sospechoso como sangre o excesiva mucosidad. En ese caso hay que consultar inmediatamente al pediatra.

Diarreas.

A diferencia de las deposiciones blandas y anaranjadas que se producen después de las tomas, las diarreas son inquietantes si persisten y se vuelven crónicas.

Convulsiones violentas.

El bebé se muestra agitado, inquieto y hace movimientos descontrolados.

Fiebre de 38 a 39 grados.

Las pequeñas subidas de fiebre pueden resolverse con un baño tibio y una sobrehidrataclón temporal, pero si la temperatura del bebé aumenta por encima de los 38 grados y se mantiene, hay que consultar al médico.

 

 

El bebé tiene fiebre muy alta por las noches ¿Qué hacer?

niño llorando fiebre alta

Hay bebés que cuando les salen algún diente, se ponen a llorar cuando llevan dos o tres horas durmiendo, tienen una fiebre muy alta (por ejemplo a 39 grados o más), especialmente por la noche y suele durar 3 o 4 noches. Cuando esto sucede hay que actuar rápido ya que a partir de 40ºC es muy peligroso ya que el bebé podría sufrir daños irreversibles.

En caso de urgencia hay que desnudar al bebé, para que le baje la fiebre. Se puede reforzar el efecto si se le da un baño de agua tibia (que no sea fría, ya que podría ocasionarle convulsiones) o generalmente lo mejor y más rápido es que le dé el aire fresco como salir al balcón, jardín o terraza, ya que por la noche la temperatura es más baja en el exterior de las casas. No hay que preocuparse sobre si se constipará en caso que haga demasiado frío, con la fiebre que tiene no se puede resfriar, claro está, a menos que se esté a temperaturas polares.

También si se puede, darle cada tres horas dos medicamentos llamados Dalsy y Apiretal, no los dos a la vez, si no primero uno, y al cabo de tres horas el otro, de manera que se van alternando. Estas medicinas se alternan porque pueden irritar el estómago y si se alternan, los efectos secundarios son mínimos. Para saber la dosis que hay que darles, consultar el prospecto, los dos medicamentos vienen dentro de botellas en formato líquido y hay que darles la dosis mediante una jeringuilla límpia o con la cucharilla dosificadora que llevan incorporada en la caja del medicamento.

Bebé niña con fiebreDalsy y Apiretal son anti-inflamatorios especialmente indicados para niños, ya que los que se venden para adultos pueden ser peligrosos para el organismo de los niños. Si todo va bien el bebé comenzará a dormir mejor y la fiebre se le estabilizará a 37,5ºC y 38,5ºC.

Al cuarto de hora de haberle suministrado el medicamento ya debería ir bajando la fiebre, si no es así y el bebé sigue por encima de los 39ºC hay que ir a urgencias. Durante el trayecto no abrigar al bebé, es decir, con poca o ninguna ropa (menos el pañal para evitar accidentes con las micciones).

Pero insistimos, aunque por la noche le baje la fiebre al día siguiente hay que consultar al médico lo antes posible, ya que la fiebre es señal que hay algo no no va bien y podrían ser varias las causas.

Primeros días del bebé en casa

madre con bebé

Hay ya en casa un nuevo inquilino, en torno al cual va a girar, presumiblemente, toda la vida de la familia. Cada día, cada momento de este inicio a la vida estará lleno de emociones y de gratas experiencias para el bebé y sus padres. Existen tantos aspectos fundamentales en esta etapa, y tantas interrogaciones, que se deberá estar especialmente atento a los adelantos del bebé, y seguirlos muy de cerca. Durante el primer año de vida, el bebé estirará su talla sorprendentemente, ganará peso y fortalecerá sus piernas, preparándolas para los primeros pasos.

El esbozo de un bebé en los primeros doce meses sería, a grandes rasgos, el siguiente: engordará y crecerá de forma espectacular para llegar, al cumplir el año, a los 10 kg y los 75 cm, aproximadamente. Buena parte de sus reflejos evolucionarán para convertirse en movimientos voluntarios. Aprenderá que estar contento o enfadado tiene sus propias expresiones diferenciadas, y que sus manos son la mejor herra

mienta para el conocimiento del mundo. Sus dientes comenzarán a aflorar en las encías y producirá sus primeras palabras. También se preparará para dar sus primeros pasos.

CONTROL DE TALLA Y PESO

Las estadísticas generales clasifican a los neonatos -bebés en el primer mes de vida- según el tiempo de gestación y el peso. Con todo, no hay que obsesionarse con esta clasificación. El primer apartado incluye tres subgrupos: recién nacidos a término, entre las treinta y siete y las cuarenta y dos semanas de gestación; prematuros, cuando llegan al mundo antes de las treinta y siete semanas de gestación; y nacidos después de las semanas establecidas, a partir de las cuarenta y dos semanas de gestación. El peso también conlleva divisiones: peso normal (entre 2.500 y 4.000 g), peso bajo (menos de 2.500 g) y peso elevado (más de 4.000 g). A partir de estas clasificaciones y combinándolas se dan todas las variantes posibles.

Un bebé que nace dentro del período considerado normal pesa, por término medio, 3.300 g, mide 50 cm y tiene un perímetro craneal de 34 centímetros. Estas cifras han de tomarse como simples orientaciones, ya que las características de un neonato pueden variar según el sexo -la estatura y el peso suelen ser algo mayores en los niños que en las niñas-, los factores genéticos -estatura y constitución de los padres- y las condiciones de vida de la madre durante el embarazo.

Durante los primeros días, el recién nacido pierde cerca del diez por ciento del peso que tenía al nacer. La denominada pérdida fisiológica se recupera fácilmente en la segunda semana. A partir de entonces resulta fácil comprobar el aumento de peso. En el primer trimestre los bebés suelen engordar entre 150 y 200 g semanales. En el segundo trimestre, de 100 a 150 g. En el tercer trimestre el aumento es de unos 100 g semanales, y en el cuarto se reduce a unos 70 g a la semana. Con esta progresión, a los cuatro o cinco meses doblan su peso, que estará en torno a los 10 kg cuando cumplan un año. Respecto a la talla, la media de crecimiento es de 10 cm a los cuatro meses y otros tantos a los doce meses, con lo que el pequeño medirá al año unos 20 o 25 cm más que cuando nació.

Los niños que han nacido con bajo peso o menor medida tienden a equipararse con sus coetáneos al cabo de unos meses. Así que no hay que desanimarse si un bebé prematuro, aunque en buen estado de salud, ha pesado sólo 1.570 g y medido 40 cm. A los doce meses puede haber alcanzado el peso y la estatura medios de un niño de su edad. Además, los bebés también pasan por «crisis» de crecimiento que surgen de pronto. Es fácil darse cuenta porque, de repente, parecen hambrientos e insaciables, abalanzándose al pezón o a la tetina del biberón.
La curiosidad lo puede todo

Imaginarse en la piel de un recién nacido da una medida de la gran aventura a la que debe enfrentarse: un mundo en principio extraño que puede provocar sensaciones de todo tipo. Necesita tiempo y un largo aprendizaje. Si el recién nacido duerme la mayor parte del día y apenas abre los ojos, poco a poco, a partir del primer mes, comenzará a interesarse por el mundo que le rodea: primero será su propio cuerpo, luego los objetos de su alrededor y por último las personas de su entorno (el hogar, el parque, la guardería). En todo ello, la curiosidad es el primer factor estimulante. Su inteligencia se va despertando a través de las vivencias.

Estas «crisis» acostumbran a durar, más o menos, dos días hasta que todo vuelve a la normalidad. Por ello es aconsejable no obsesionarse con el tema. Las periódicas visitas que el pediatra establece para el control del pequeño permitirán que sea el profesional el que evalúe su correcto desarrollo;

DE LOS REFLEJOS A LOS MOVIMIENTOS VOLUNTARIOS

El neonato presenta al nacer una serie de reflejos, algunos de los cuales desaparecerán mientras que otros evolucionarán para convertirse en movimientos voluntarios. Entre ellos se hallan la capacidad de dar algunos pasos cuando se les pone de pie, o la de agarrarse fuertemente a los dedos de un adulto. Además el bebé, desde el mismo momento en el que nace, es capaz de sostener la cabeza breves instantes cuando se apoya sobre el vientre. Si se le acostumbra a mantener esta posición cuando está despierto, es evidente que desarrollará antes los músculos que le permitirán «aguantar» la cabeza recta.

Su curiosidad por el entorno será un buen acicate para el entrenamiento. Pero, eso sí, cuando se le levante o se le coja en brazos, hay que sujetar bien su cabeza, porque hasta los tres meses sus músculos no están preparados para realizar por sí solos dicho esfuerzo y habrá que esperar más o menos hasta los cuatro meses para comprobar que puede sostenerla correctamente y girarla en todos los sentidos.

El recién nacido también presenta otros reflejos tan importantes para su supervivencia como es el de succión, y otros que delatan sus esfuerzos de adaptación al nuevo medio, que no es precisamente una tarea fácil para él. Por eso no hay que asustarse si estornuda a menudo, aunque no esté resfriado -es una simple reacción a las pequeñas partículas de polvo que se le introducen por la nariz-, o si se sobresalta incluso espontáneamente: hay todo un mundo de ruidos nuevos, extraños, e incluso sensaciones a las que se debe acostumbrar.

En este apartado se incluyen también las regurgitaciones después de algunas de las tomas, que no han de ser consideradas vómitos ni han de implicar un problema; lo mismo que los ruidos intestinales, la contracción de las piernas y la presión como si quisiera hacer de vientre cuando come.

Es bastante normal que durante los primeros meses las deposiciones del bebé coincidan con las tomas, sobre todo si se alimenta con leche materna. Es lo que se denomina diarrea fisiológica.

UN BEBÉ DE LA CABEZA A LOS PIES

salut-infantil-06-bebeUna observación detenida del cuerpo del bebé y de los cambios que experimenta según pasa el tiempo revela información interesante sobre la evolución física de los seres humanos. La cabeza de un recién nacido por parto normal tiene una forma ovalada que irá desapareciendo en el transcurso de los días siguientes.

Ello es debido a que los huesos del cráneo todavía no están soldados, lo que facilita la salida del bebé al mundo exterior a través de la vagina materna. Por el contrario, los niños

que nacen por cesárea y que, por tanto, no han realizado el mismo esfuerzo, presentan una cabeza redondeada. Pero independientemente de la forma que presente, destaca el perímetro de la cabeza del bebé, de unos 34 cm. Los huesos del cráneo presentan dos fontanelas o separaciones entre ellos; la anterior se cierra entre los nueve y los dieciséis meses de vida; y la posterior, entre el primer y segundo mes.

En comparación con su cabeza, el cuerpo del bebé parece casi Insignificante: pequeño, con una tripa prominente y unas piernas cortas y arqueadas. Estas características irán cambiando poco a poco.

Así, durante este primer año, su tripa seguirá destacando pero sus piernas arqueadas comenzarán a enderezarse conforme adquiera seguridad al caminar.

También sus pies se presentan planos, ya que el arco de la planta se va formando lentamente. De ahí que cualquier especialista aconseje que el niño ande descalzo sobre la arena. Es la mejor forma de fortalecer su musculatura y de que el arco de la planta evolucione normalmente.

Su piel también variará en los días inmediatos a su nacimiento. Su color perderá ese tono rojo tan intenso y característico de los recién nacidos y el manto blanquecino y grasoso que la protege. Paralelamente renovará la

piel, en un proceso normal (descamación fisiológica) que se acusa principalmente en los dedos de las manos y los pies. El vello que puede cubrir su cara y hombros, denominado lanugo, también desaparecerá. Pueden aparecer, sobre todo alrededor de la nariz, en los párpados y en la nuca, unas manchas rojas denominadas an-giomas, que se hacen más evidentes al realizar un esfuerzo o al llorar. También son típicos los puntitos blanquecinos en el triángulo del rostro, de la nariz al mentón. Ambas manifestaciones son temporales. Conforme van pasando los meses, la piel del pequeño se va tornando pálida, muy suave y extremadamente delicada.

Es conveniente que cualquier alteración cutánea sea consultada con el pediatra.

La sonrisa del primer trimestre

Será una de las primeras alegrías de los padres, por mucho que algunos teóricos se empeñen en afirmar que esos amagos con la boca son casi reflejos e incontrolados. Es evidente que durante el primer mes la capacidad visual y la conciencia social del bebé son excesivamente limitadas, pero eso no Impide disfrutar de su sonrisa. Además, de la misma manera que cuando un bebé llora está demostrando su incomodidad, en uno u otro sentido, una sonrisa puede reflejar su tranquilidad y bienestar. Esa pequeña curvatura en sus

labios, acompañada de la relajación plácida de sus miembros, es uno de los primeros regalos del nuevo miembro de la familia y merece tratarse como tal. Con ella el pequeño va tendiendo sus lazos con el entorno y especialmente con la persona que le alimenta, mima, besa y acaricia. Lo importante consiste, como progenitores, en ser capaces de establecer la complicidad que la comunicación con un ser tan pequeño conlleva. Posiblemente, el niño ya sonría a los dos meses cuando se le mire o se le hable.

Por lo general, al final del tercer trimestre, un adulto puede ya provocarle la risa.

En sus manos está el mundo

Las manos serán para el bebé casi como sus ojos. Por los movimientos que desarrolla con ellas se puede seguir paso a paso su despertar a la conciencia, ya que con su cuerpo aprende tanto como con lo que le rodea. La actividad mano-boca es muy corriente desde los primeros meses de vida. A partir de las cinco o seis semanas, el pequeño comenzará a fijarse en su mano cuando ésta pasa por su campo de visión e incluso insistirá en moverla, lo que Indica que se ha cerciorado de su existencia. A partir de entonces, si se coloca un sonajero o un móvil a su alcance, colgado en la cuna, dirigirá sus manos hacia el objeto para tocarlo. Redoblará sus esfuerzos si oye

su sonido y éste se mueve. Y poco a poco establece la relación entre el movimiento que hace, el objeto que ve y el sonido que oye. Palpar, coger y tocar se convertirán en sus aficiones más absorbentes. Sin embargo, por regla general, los bebés se interesan por todo sin tener conciencia del peligro. De ahí que a partir de que comience a gatear sea necesario extremar las precauciones: enchufes, objetos de cristal…

Esta ansia por saber tiene su recompensa, ya que hacia los siete meses su puntería se afina y es capaz de coger los objetos con ambas manos y llevárselos certeramente a la boca. Entre los ocho meses y el año las manos se convertirán en el instrumento para tirar al suelo todo lo que esté a su alcance. Esta etapa es necesaria en su aprendizaje, ya que con dicho juego mide distancias, calibra diferentes ruidos, anticipa lo que va a suceder…

Lo mejor es optar por eliminar de su campo de visión y tanteo todo aquello que se rompa o conlleve peligro, y dejarle jugar con el resto de los objetos.

Preparándose para andar

bebé llorandoEl bebé suele dar sus primeros pasos más o menos entre los diez y los dieciocho meses; sin embargo, en este aspecto, como en otros muchos, el ritmo de desarrollo de los pequeños es sumamente variado. El que un niño

comience a andar antes del año no implica que sea más listo ni más ágil que el que lo hace al año y medio. Cada niño tiene su propia cadencia de desarrollo y es necesario respetarla. Puede ser que a uno le cueste más andar pero, en cambio, su adquisición del lenguaje sea precoz, o viceversa.

Los profesionales han constatado que hacia los seis años, los niños suelen igualar sus capacidades.

Antes de que logre caminar ha sido necesario superar toda una serie de «pruebas» previas. El proceso ha comenzado por sostener erguida la cabeza y, más adelante, por sentirse capacitado para darse la vuelta por sí solo cuando se le coloca boca abajo. Hacia los ocho meses ya ha de poder mantenerse sentado, sin ayuda. A los nueve, empezará a ponerse de pie, siempre agarrado al parque, a un adulto…

Es entonces cuando algunos niños descubren que gateando pueden llegar a casi todos los sitios y se convierten en auténticos expertos en esta técnica. Otros, en cambio, ni se dignan apoyar las rodillas en el suelo.

Sobre el gateo existen opiniones para todos los gustos, desde las que argumentan que es fundamental para el desarrollo del niño a las que afirman que los niños que gatean tardan más en andar. Lo importante, a fin de cuentas, es respetar su evolución natural y que el pequeño no se sienta nunca forzado.

REGURGITACIONES

Es normal que mientras el alimento del bebé sea sólo líquido regurgite después de cada toma o biberón, es decir, expulse un poco de leche tras el eructo. Eso no debe preocupar a las madres excepto si lo hace en grandes cantidades y con mucha frecuencia. Si regurgita en exceso, la causa puede ser que mame demasiado deprisa, que trague aire al hacerlo o que la leche sea demasiado líquida. Hay que comprobar que el bebé introduce todo el pezón en la boca cuando mama para que no le entre aire y en caso de que tome biberón, revisar que el agujero de la tetina no sea demasiado grande. Otras veces, el exceso de regurgitaciones en los bebés de biberón se soluciona espesando más la leche (haciendo la mezcla con menos agua) o cambiando el tipo de leche, pero estas medidas deben tomarse sólo por indicación del pediatra. Sólo en el caso de que las regurgitaciones revelaran sangre hay que consultar al pediatra inmediatamente.

HIPO

Los recién nacidos sufren con frecuencia ataques de hipo que a veces, incluso, pueden durar hasta una hora. El hipo suele ser la consecuencia de que el bebé se alimente demasiado deprisa, tragando aire al succionar. Aunque los padres acostumbran a inquietarse, es poco lo que se puede hacer por el bebé aparte de mecerlo y acariciarlo. Para tranquilidad de los padres hay que decir que no provoca sufrimiento alguno al bebé.

Granitos blancos o milium

El milium, es decir, esos minúsculos puntos nacarados diseminados por la frente, la nariz, las mejillas, el mentón y a veces hasta el mismo pecho, aparecen a causa de una obstrucción de las glándulas sebáceas debido a que las secreciones no están completamente regularizadas. No hay que hacer nada. Desaparecerán de forma natural después de algunas semanas o meses.

Manchas oscuras

Sin relieve, son de un tono un poco más oscuro que el de la piel pero no tan marrones como los lunares. Afectan a uno de cada treinta recién nacidos, pero también pueden aparecer más tarde, en cualquier parte del cuerpo. No hay que preocuparse: son totalmente inofensivas y no evolucionan negativamente jamás.

Lunares

Los lunares congénltos, que ya se presentan en el nacimiento o durante las primeras semanas, afectan solamente a uno de cada cien bebés. Los más frecuentes son los que aparecen más tarde, sobre todo después de una exposición solar, afectando sobre todo a los bebés rubios y pelirrojos.

Marcas en forma de fresa

Su verdadero nombre es hemangiomas. Son unas manchas invisibles normalmente en el examen pediátrico que se hace en el nacimiento, pero que aparecen muy precozmente. Los pediatras suelen decir que su aparición coincide con la salida d¡e la maternidad. Empiezan como un minúsculo punto rojo, que se va agrandando durante los ocho o diez primeros meses de vida para formar una pequeña excrecencia. Se trata de una dilatación de algunos vasos sanguíneos en la capa externa de la piel y su causa es desconocida.

Muchos padres se desesperan ante estas anomalías estéticas que manchan sobre todo la cara y la cabeza. Pero en la gran mayoría de los casos es mejor no hacer nada al respecto, ya que estas lesiones desaparecen espontáneamente a la edad de cinco o seis años, sin dejar ninguna huella. Sin embargo, es necesario vigilar muy atentamente los hemangiomas próximos al párpado, ya que pueden provocar algunas lesiones en el ojo.

Las manchas de vino

Llamadas displasias vasculares o angiomas planos, estas manchas rojovioláceas aparecen en el nacimiento y crecen con el niño. Son muy frecuentes -afectan a uno de cada cinco niños-, y aunque raramente grandes, pueden resultar poco atractivas, sobre todo si afectan a la cara. En la mayoría de los casos, un tratamiento con láser permite hoy en día disimularlas.

Calendarios de vacunaciones de bebés y niños pequeños

Vacunación de niño pequeño

La vacunación se entiende como un conjunto de medidas preventivas contra las enfermedades Infecciosas centradas en estimular la producción de anticuerpos gracias a la administración de microorganismos vivos atenuados (por ejemplo, contra el sarampión, las paperas, la rubéola o la misma vacuna oral contra la poliomielitis), microorganismos muertos o fracciones obtenidas a partir de ellos (del tipo contra la tos ferina, el tétanos) o de vacunas obtenidas mediante ingeniería genética como la de la hepatitis B.

Los microorganismos se modifican, pues, para reducir su poder de actuación pero sin eliminarlo totalmente, de forma que el organismo pueda desarrollar una respuesta defensiva. En el caso de las vacunaciones sistemáticas que se aplican durante la infancia, se persigue un enfoque de protección no sólo individual sino también colectivo, ya que se trata de conseguir un nivel de inmunidad de grupo, es decir, que incluso niños o adultos que no han sido vacunados se hallen protegidos al neutralizarse la posible transmisión de la infección.

Las vacunas han permitido el control y casi la desaparición de enfermedades muy graves, así como la erradicación mundial de la viruela en 1979. También la difteria, el tétanos, la tos ferina y la poliomielitis son enfermedades controladas y además se han fijado objetivos de erradicación del sarampión en los países, entre ellos España, donde existen dichos programas de vacunación sistemática. La selección de las vacunas y el orden en el que se administran van en relación con la epidemiología de la zona.

Calendario de vacunaciones

Esta tabla es sólo una orientación, ya que en cada país e incluso cada región, comunidad o provincia, puede variar ligeramente.

Edad Hepatitis B DTP-Polio Hib Triple vírica
2 meses 1.a dosis 1.a dosis
4 meses 2.a dosis 2.a dosis
6 meses 3.a dosis 3.a dosis
15 meses 1.a dosis
18 meses 4.a dosis 4.a dosis
4-6 años 5.a dosis
11 años 2.a dosis***
12 años Tres dosis*
14años TD** – Polio 6.a dosis

* Tres dosis con pauta: 0-1-6 meses, cuando se trata de la primera vacunación contra la hepatitis B.
** Revacunar del tétanos y de la difteria al menos cada diez años.
*** En la comunidad de Madrid, por ejemplo, se ha adelantado la edad de administración de la segunda dosis de vacuna triple vírica a los cuatro años de edad.
Se distinguen dos fases en la vacunación: la que se realiza en los primeros años de vida, que incluye también las dosis de refuerzo, y la que se hace en la etapa escolar como dosis de recuerdo.

El calendario de vacunaciones sistemáticas en España sigue las orientaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y de los consejos asesores de las distintas comunidades autónomas con competencias en el área de salud. La misma idiosincrasia autonómica hace que existan variaciones mínimas en cuanto a fechas y que algunas autonomías incluyan como obligatoria alguna vacuna que no se establece en otras, como ocurre con la BCG (vacuna antituberculosa) que continúa administrándose a todos los recién nacidos en el primer mes de vida en el País Vasco, aunque en el resto de España no se recomiende generalmente.

 

DTP (difteria-tétanos-tos ferina)

InyecciónEsta vacuna combinada se administra por vía intramuscular. En el caso de la vacuna contra la difteria, se apunta una eficacia superior a un 95 por ciento. Aunque la inmunidad desciende con el tiempo, el efecto protector dura al menos unos diez años. Desde 1987 no se ha notificado ningún caso de difteria en España. Para el tétanos -después de las dosis incluidas en la primera vacunación y que se administran con la DTP y la aplicada entre los cuatro y los seis años como DT (difteria-tétanos infantil)-, se aconsejan cada diez años dosis de recuerdo, tanto en niños como en adultos. Hace poco se ha estipulado la vacuna TD (tétanos-difteria adultos) para mayores de cuatro a seis años, cada vez que haya que administrarse una dosis de recuerdo del tétanos. La incidencia de la tos ferina disminuye con la edad, así como su gravedad, mientras que la posibilidad de efectos secundarios de la vacuna se incrementa con los años. Por eso se desaconseja la DTP en niños mayores de siete años y en adultos.

 

Polio oral trivalente

El tipo de vacuna administrada a los niños es la oral atenuada y tiene un carácter trivalente, es decir, contiene una mezcla de los tres tipos de virus responsables de la poliomielitis. Ofrece una protección muy alta contra la enfermedad (98 por ciento). La inmunidad aparece después de las tres dosis -86 a 97 por ciento- y se completa con la cuarta -97 a 100 por ciento-, persistiendo durante toda la vida.

 

Triple vírica (sarampión-rubéola-paperas)

Aunque puede prevenirse, el sarampión constituye la primera causa de mortalidad infantil en el mundo. Su vacuna, incluida en la TV -triple vírica- es una de las más seguras y eficaces -entre un 95 y un 97 por ciento-de las que se dispensan en la actualidad. Una vez administrada, produce una infección modificada que no se transmite y que da origen a la inmunidad, como si realmente se hubiera pasado la enfermedad.

La rubéola es benigna en los niños pero muy peligrosa en una mujer embarazada, ya que puede causar graves malformaciones en el feto. Su vacuna se realiza con virus vivos de cepas atenuadas y su eficacia oscila entre un

90 y un 95 por ciento. Aunque el nivel de anticuerpos desciende con el paso del tiempo, su eficacia puede mantenerse incluso durante toda la vida. Es bastante segura y está libre de efectos adversos en este primer período de la vida.

La vacuna contra la parotiditis, más conocida como paperas, se realiza con virus vivos atenuados, produciendo anticuerpos en más de un 93 por ciento de los casos y persistiendo la inmunidad hasta veinte años después de la vacunación.

 

Hepatitis B infantil

La infección por el virus de la hepatitis B (VHB) es responsable de casi la mitad de los casos de hepatitis aguda en España, de un 25 por ciento de las hepatitis crónicas y de un 15 por ciento de las cirrosis hepáticas. Las principales vías de transmisión del VHB son las relaciones sexuales sin protección y la introducción de sustancias por vía intravenosa. Como la mayoría de los casos aparecen en jóvenes entre dieciséis y veinte años, la vacuna se administra aproximadamente a los doce o trece años en tres dosis, con un mes de diferencia entre las dos primeras, y la tercera a los seis meses de la primera. Se puede administrar un recuerdo al año de la primera dosis. La duración de su protección se calcula entre los siete y los nueve años.

 

Antihaemophilus Influenzae B

La mayor parte de los casos provocados por el germen Haemophilus Influenzae b se dan en España en niños menores de cinco años (de éstos, un 80 por ciento en menores de dos años). Puede provocar desde infecciones superficiales leves (rinofaringitis, otitis, bronquitis) hasta más profundas y graves como la meningitis. La vacuna se administra en cuatro dosis a la edad de dos, cuatro, seis y dieciocho meses, simultáneamente con la DTP y la polio trivalente. En más de un 10 por ciento de los vacunados pueden aparecer al cabo de tres horas reacciones locales en forma de hinchazón y enrojecimientos que se resuelven en veinticuatro horas.

 

Revisiones médicas del recién nacido

bebé recien nacido

Índice de Apgar

Desde el momento en que le cortan el cordón umbilical que le une a su madre, al bebé se le hacen una serie de test destinados a determinar su índice de Apgar.

Se trata de una apreciación del estado de su salud según los cinco criterios expuestos en 1952 por la doctora Virginia Apgar: el color de la piel, el ritmo cardíaco, la respiración, el estado muscular y la respuesta a los estímulos. El médico establece para cada uno de es-tos criterios una nota comprendida entre cero y dos. Cuando la suma es igual a 10, el aspecto y las reacciones del bebé son normales.

Un índice de 8 o de 9 no debe inquietar a los padres: puede ser debido a que sus manos y sus pies presentan una coloración ligera-mente azul, frecuente en los partos muy largos. Si la suma está comprendida entre 4 y 7, el niño reclama una atención especial; y si es inferior a 4, necesita una reanimación.

LOS EXÁMENES DEL PEDIATRA

Durante sus primeras veinticuatro horas, el bebé será examinado por el pediatra de la clínica de forma exhaustiva, examen que será renovado días después, antes de dejar la maternidad. El médico realiza un verdadero chequeo del niño mediante las siguientes pruebas: Una auscultación le permite verificar el ritmo cardíaco y la respiración del bebé. Tomando el pulso en el nivel de las arterias femorales, el médico se asegura de que no existan malformaciones cardiovasculares.

  • El examen de la piel puede poner en evidencia una coloración anormal o manchas (angiomas).
  • El examen morfológico busca eventuales malformaciones. El médico verifica la presencia del frenillo de la lengua y la buena formación del paladar, examina la columna vertebral, los huesos y las articulaciones. Manipulando las piernas del bebé comprobará si existe una luxación congénita de las caderas.
  • El examen de los ojos controla su reacción a la luz y la ausencia de conjuntivitis.
  • El examen neurológico aprecia las reacciones del niño a las estimulaciones del médico. El bebé cierra sus puños cuando el médico le coloca un dedo dentro de su mano; intenta dar algunos pasos cuando se le pone de pie; chupa un objeto que se le mete en la boca… Estos son algunos de los reflejos innatos del recién nacido pero que desaparecerán al cabo de pocas semanas.

EL TEST DE GUTHRIE

Mediante un pinchazo en un dedo o en el talón se extrae una pequeña muestra de sangre del bebé para, mediante el test de Guthrie,  descartar la presencia de dos enfermedades que pueden provocar retraso mental si no se tratan a tiempo: la fenilcetonuria y el hipotiroidismo congénito.

 

MANCHAS DE NACIMIENTO

Casi todos los recién nacidos presentan manchas que pueden ser de nacimiento o aparecer algunos días o meses más tarde, pero que no representan, por lo general, ningún peligro. No obstante, hay que vigilarlas atentamente para comprobar si evolucionan y cambian de tamaño.