Alimentación del bebé a partir de los 4 meses hasta el año

bebe comiendo papilla

Cuando el bebé empieza a tomar las primeras papillas de frutas, a partir de los cuatro meses, se inicia una fase importante en su alimentación, en la que se realizan grandes cambios que prefiguran en gran medida su estilo de alimentación futuro. El paso a la alimentación sólida, la introducción de nuevos alimentos, el aprendizaje de hábitos ante la mesa son aspectos fundamentales de la crianza y la educación del niño.

Coincidiendo con el destete, a partir de los cuatro meses, el pediatra podrá recomendar introducir los cereales sin gluten como primer alimento semisólido en el bebé alimentado con biberón o bien comenzar por la papilla de frutas. Se ha de seguir siempre la pauta indicada por el especialista y nunca introducir nuevos alimentos sin consultarlo, basándose sólo en recomendaciones o experiencias de conocidos o vecinos.

La regla básica en la diversificación de su alimentación es la paciencia: los alimentos debe ser introducidos poco a poco (dejando pasar un tiempo prudencial entre los nuevos sabores) y en su momento, ya que si un alimento se ofrece antes de lo recomendado, aunque sea aceptado, puede repercutir en posibles alergias futuras. Se debe comenzar con frutas que no provoquen alergias. Las más recomendadas son la manzana y la pera, a las que se puede agregar un poquito de agua para que la papilla quede más líquida, y unos días más tarde el plátano.

Con las fresas y los melocotones habrá que esperar todavía tiempo, ya que pueden ser alérgenos. Al principio es mejor no mezclar las naranjas y mandarinas con el resto de las frutas y dárselas solas en forma de zumos. Algunos niños rechazan la fruta, así que se puede intentar «dorar la píldora» agregando un poquito de harina de cereales sin gluten. Nunca se añadirán galletas (contienen gluten) o azúcar. Otras madres optan por comenzar con productos ya preparados (que parecen agradarles más) e irlos combinando progresivamente con las papillas de fruta fresca hasta sustituirlos completamente por éstas.

CINCO MESES: EL PRIMER PURÉ DE VERDURAS

Puré de verdurasA partir del quinto o sexto mes, el pediatra indicará la introducción del puré de verduras a mediodía. Primero una mezcla de patata, calabacín, zanahorias y judías verdes con una cucharada de aceite de oliva virgen al apagar la cocción, y al cabo de un mínimo de tres días, sus primeros 20 g de carne; al principio pechuga de pollo sin piel ni grasa, hervida con las verduras o bien a la plancha y agregada en el momento de pasar las verduras por la batidora.

A partir de los siete meses se podrá empezar a sustituir la carne de pollo por ternera. Si el niño lo tolera bien, se le irá intercambiando el puré de verduras con pollo y con ternera y por la tarde se continuará con la papilla de frutas. Es mejor esperar a introducir un poquito más tarde el cordero, ya que contiene más grasa, y procurar cortes bien magros.

También a partir de los siete u ocho meses se pasará a los cereales con gluten en forma de papillas de textura muy agradable y que combinan diferentes tipos de cereales y miel. Por estas fechas se puede dar al niño una galleta o un troclto de pan, ya que empieza a tolerar el gluten.

A partir de los ocho o nueve meses ya se puede introducir el pescado blanco -lenguado, rape, pescadiIla— en el puré del mediodía o en la cena. Hay que vigilar que no contenga espinas. También se le acostumbrará a nuevas verduras, como puerros, cebollas y acelgas. Eso sí, siempre respetando al menos tres días para Introducir un nuevo alimento. Las espinacas, la remolacha y los nabos deberán esperar un poco más. Hay que tener en cuenta que hasta que el niño no tenga un año no es preciso que pruebe todas las verduras.

De diez a doce meses se puede introducir el huevo, empezando por la yema. Al cabo de una semana, ya se le puede dar medio huevo y a la siguiente uno entero. Siempre se le dará cocido, nunca crudo.

 

AL CUMPLIR EL AÑO

salut-infantil-17b-bebe-comiendo-papillaSu dieta se diversifica, ahora con la introducción del yogur y otros productos lácteos. También puede comenzarse a darle leche de vaca. El niño ya está en condiciones de comer un poco de todo. La batidora ha de relegarse a un segundo plano y los purés pueden ser más grumosos, primero comenzando por aplastar la patata con un tenedor o por desmenuzarle el pescado, aunque con la carne troceada puede esperarse a introducirla a los quince meses.

Conviene que el niño se vaya acostumbrando poco a poco a masticar y a digerir lo que come. La introducción de nuevos alimentos se realizará por separado, para averiguar si pueden provocarle una reacción. Conforme va acercándose a su segundo cumpleaños, el niño ya tiene definidos sus propios gustos y también pasa por una etapa de afirmación del ego.

Ello explica que se niegue en un momento determinado a comer un alimento y al cabo de media hora lo saboree tan tranquilo. Hay que respetar sus gustos, pero dentro de un límite, y ampliar su menú ofreciéndole nuevos sabores sin perder la paciencia. A esta edad los niños podrán comenzar a comer pasta hervida, con un poquito de tomate y algo de queso rallado, o un arroz limpio. Cerca de los dos años también se podrá comenzar por los purés de legumbres -pasados primero por el pasapuré para eliminar en lo posible la piel fibrosa que es incapaz de digerir el intestino del bebé- aunque en muy pequeña cantidad y cocidos con arroz, patatas o cereales.

Su menú ya es casi como el del adulto, con cuatro comidas principales: desayuno con un lácteo y cereales -la papilla sigue siendo todavía una buena opción-; un puré de verduras con carne y una fruta a trocitos a mediodía; un yogur u otro postre lácteo en la merienda; y la cena a base de sopa con tapioca, sémola de trigo o maicena, un poquito de pescado, una zanahoria rallada y una compota de manzanas o queso fresco.

HASTA LOS TRES AÑOS

Sus necesidades alimenticias son importantes pero también precisa fantasía en la presentación de los alimentos. El niño no entiende de dietas equilibradas, pero está demostrado que su propio apetito las encauza a la larga con dos condicionantes: que no se le hayan creado prejuicios de antemano y que haya tenido una variedad razonable de alimentos naturales. En este lento aprendizaje hay que asegurarse de que se desarrolla con normalidad, pese a que su apetito pueda variar de una comida a otra. De manera general hay que cuidar que su dieta incluya:

  • Lácteos. Medio litro de leche al día, bien en forma líquida, productos lácteos o preparaciones culinarias.
  • Carne y pescado. De 20 a 30g de carne o pescado al día cuando tiene un año para aumentar hasta los 40 g a los tres años. Han de ser carnes magras -aves sin piel, ternera, conejo- y pescados blancos.
  • Huevos. Entre uno y tres a la semana, sustituyendo a la carne o al pescado. Cereales. Se les puede dar pastas de sopa y arroz bien cocido de dos a tres veces a la semana. Los copos de cereales pueden reemplazar a las papillas de la mañana.
  • Verduras. Dos veces al día. Se pueden empezar a tomar crudos el tomate y el pepino cortados en daditos, la lechuga en juliana y las zanahorias ralladas. Entre las verduras cocidas no pueden faltar las zanahorias, los calabacines, las judías verdes, los puerros y las patatas. Frutas. Pueden comerlas hervidas o crudas. Las cocidas son más recomendables cuando el niño tiene diarrea. Los plátanos han de estar bien maduros y la fruta en general debe lavarse muy bien y cortarse en trozos pequeños.

Hay que incluir el aceite de oliva virgen, el pan y un poquito de miel, y limitar la sal (como norma general, dos veces menos que para un adulto) y el azúcar (por ejemplo en los zumos, que ya tienen su azúcar natural: la fructosa).

 

Consejos para que coma bien

Bebé comiendo papillaSi al pequeño le cuesta comer y las horas de las comidas se convierten a veces en un suplicio, estos sencillos consejos pueden servir de ayuda:

  1. No dejarle comer solo. Hasta los adultos comen mejor en compañía.
  2. En cuanto sea posible, es preferible ofrecerle el mismo menú que al resto de la familia.
  3. Una buena estrategia consiste en hacerle que se sirva él mismo aunque se corra el riesgo de que tire algo a la mesa o al suelo.
  4. No hay que presionarle: debe comer a su ritmo.
  5. Debe animársele a que pruebe de todo, pero no hay que obligarle a que acabe toda su ración. Al cabo de veinte minutos se le retira el plato y se le hace esperar, sin ceder, hasta la próxima comida.
  6. No utilizar la comida como recompensa ni como castigo. El niño come para nutrirse y no para que los padres estén contentos.
  7. Una conversación agradable en la mesa hará siempre la convivencia más agradable.

 

Sobre los bebés vegetarianos

La dieta vegetariana en los bebés es un tema polémico, con ardientes detractores y defensores, según el caso. Los niños, sean o no vegetarianos, tienen los mismos requerimientos nutritivos básicos y la diferencia está en cómo se satisfacen éstos a partir de la introducción de los alimentos sólidos; pues mientras el bebé es amamantado, todos los expertos están de acuerdo en que la leche de la madre cubre perfectamente dichas necesidades. Si los padres están firmemente convencidos de introducir al bebé en este tipo de dietas, deben disponer de la información necesaria para darle una alimentación sana -la consulta a un experto en nutrición se hace imprescindible-, otorgando una importancia fundamental a la obtención de proteínas, calorías, calcio, hierro y vitaminas del grupo B, especialmente B12 en la dieta vegetariana extrema. La dieta ovolactovegetariana, que incluye leche y sus derivados y huevos, pero no carne, ha sido aprobada por las autoridades sanitarias.

 

Los potitos

Los especialistas recomiendan la comida casera con preferencia, poro no hay ningún inconveniente en utilizar los potitos en casos excepcionales: cuando se hace un viaje o no ha habido tiempo de prepararle la comida. Siempre es fundamental comprobar que el bote está convenientemente envasado al vacío: la tapa debe hacer un chasquido al abrirse. Si no es así, la esterilización no es adecuada y es mejor no dárselo. Una vez abierto no se ha do guardar en la nevera más de cuarenta y ocho horas y no más de veinticuatro si la cucharilla utilizada ha quedado dentro del tarro; la saliva del bebé puede ayudar a que se deteriore antes.

El sueño del bebé

Bebé durmiendo

Los problemas del sueño Infantil, o más certeramente, del sueño del bebé, representan un motivo frecuente de consulta al pediatra. Porque el sueño del bebé afecta principalmente al sueño de los padres. Si uno no duerme por la noche, los otros tampoco. Pero mientras el pequeño -sin obligaciones por ahora- puede permitirse el lujo de descansar a su gusto durante el día, a los padres no les ocurre lo mismo. Este diferente ritmo trastoca la armonía de muchos hogares. Recuperar un equilibrio entre ambas opciones requiere mucha paciencia, firmeza y algo más de conocimiento sobre el universo del pequeño, con sus pros y sus contras.

Las primeras semanas de vida

El bebé duerme unas dieciséis horas diarias -aunque algunos pueden llegar a las veinte y otros no superar las catorce- y sobre todo ¡de día! Esta actitud es normal desde las primeras semanas e incluso hasta alrededor de los seis meses. Hay que tener en cuenta que, durante su vida intrauterina, su reloj biológico funcionaba de forma muy diferente al de la vida en sociedad. Cualquier madre puede recordar que, conforme su embarazo iba siendo más evidente, el feto parecía completamente relajado durante el día y comenzaba a removerse o dar patadas entre las nueve y las doce de la noche. Por tanto, será necesario un tiempo hasta que el pequeño se adapte a las nuevas condiciones o requerimientos.

Durante las dos o tres primeras semanas, conviene adaptarse al ritmo del bebé al mismo tiempo que se le va encauzando, sin presiones ni prisas, a las nuevas condiciones que reclama el ritmo de vida actual. Para ello bastará con mantener su estancia en la oscuridad si es de noche evitando cerrar la puerta, y bajar la persiana o la voz durante sus siestas diurnas. Así él se habituará al ritmo normal de la casa. Las tomas de la noche han de tener una atmósfera más calmada y a media luz, evitando mover mucho al bebé. A menudo, para conciliar el sueño por la noche, el bebé reclamará que se le meza o se le pasee.

Además, para inquietud de los padres, estos preámbulos se hacen cada vez más largos. Si hasta los tres meses con cinco minutos bastaba, a partir de entonces el tiempo va aumentando, a la par que disminuye la paciencia de los padres. De ahí que el pequeño deba aprender desde el principio a dormir solo, lo que no quiere decir que no se instituya un ritual para acostarle. Al contrario: la repetición de ciertos hábitos tranquiliza al bebé para el sueño. Cada día, a una hora fija, hay que instalarle todavía despierto en su cuco o cuna -mejor después del baño y la toma-, acariciarle la cabeza unos segundos, cantarle una nana o accionarle una cajita de música y dejarle dormir sin la presencia de la madre.

Ya ha cumplido su primer mes

Y con ello el pequeño comienza a diferenciar el día de la noche. Los biberones o las tomas nocturnas se espacian. Al mismo tiempo, es normal que también por esta época aumenten sus crisis de lloros al caer la tarde y no haya manera de calmarlo. Si el niño ha mantenido durante el día una actitud normal y ha estado risueño y tranquilo, no hay por qué preocuparse. En estos momentos debe intentarse no entrar en el círculo vicioso de los brazos. Un buen baño relajante y si es necesario alguna infusión calmante especial para bebés pueden ser de ayuda. Además, es necesaria una buena dosis de paciencia y mantenerse firme en que duerma solo, aunque sea necesario entrar cinco o seis veces en su habitación hasta que lo logre.

Cuatro meses: el momento crítico

Por estas fechas el bebé ya ha comenzado a organizar sus jornadas: noche completa, una o dos siestas por la mañana y una gran siesta al mediodía. En definitiva, ha cambiado y encontrado su propio ritmo en el nuevo entorno. Pero es ahora cuando los padres han de estar más alertas e inculcarle un buen hábito de sueño. Sigue siendo completamente válido (más, si cabe) el ritual para acostarse con sus elementos externos asociados, como cuna, nana, música, mascota y despedida, mantener una actitud segura (el pequeño debe entender que conciliar el sueño solo es lo más natural del mundo) y un horario fijo.

Si se le pasa la hora de dormir, posiblemente habrá que esperar bastante tiempo para que logre conciliar de nuevo el sueño. A partir de entonces será necesario también estar atentos a no instaurar malas costumbres (por supuesto, nada del chupete untado con azúcar para que se calme o de acostarle en la cama de los padres). Si se despierta por la noche y protesta ligeramente, habrá que esperar un rato a su lado para que se duerma sin romper su ciclo normal -es decir, no levantarlo ni mecerlo-, simplemente intentando tranquilizarle.

 

¿Dónde acostar al bebé?

DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS TRES MESES

Es mejor un cuco, ya que por sus pequeñas dimensiones se hace más agradable, cálido y reconfortante para el bebé (que todavía no ha “olvidado” lo cómodo que estaba en el seno materno).

El momento de cambiarlo dependerá, y es obvio, del desarrollo del niño. Más o menos a los tres meses el cuco se queda pequeño para las proporciones que ha adquirido el niño.

A PARTIR DE LOS TRES MESES

En su propia cuna y a ser posible en su habitación, si hasta entonces el bebé ha permanecido en la de los padres. Casi todos los niños agradecen por estas fechas el aumento de espacio para tumbarse a gusto.

El cólico del lactante

El cólico es un término impreciso con el que se explica el llanto de los bebés que lloran durante mucho rato sin una causa aparente. Algunos pediatras creen que los cólicos son debidos a problemas digestivos combinados con el estrés, ya que suele dar buenos resultados el tratamiento para aliviar el dolor abdominal combinado con la relajación del ambiente.

Si el niño tiene cólicos abundantes, es mejor reducir la cantidad de alimento y aumentar la frecuencia de las tomas.

La Liga de la Leche (asociación mundial en defensa de la lactancia materna) recomienda a las madres que amamantan que, si su hijo tiene cólicos, le den de mamar sólo de un pecho en cada toma, para que de este modo el bebé pueda saciar su instinto de succión sin ingerir más leche de la que necesita, ya que un exceso de leche podría ser la causa de los cólicos.

Asimismo, la madre debe retirar de su dieta alimentos como la leche de vaca -que puede sustituirse por leche de almendras o de soja-, la levadura de cerveza, los cítricos, el chocolate, la cafeína y alimentos con edulcorantes artificiales. Algunas madres han comprobado que un niño con cólicos se calma poniéndolo boca abajo, al ejercer una cierta presión sobre el abdomen; los baños también suelen calmarlos, así como elevarles un poco la cabeza en la cuna, ya que eso mejora el funcionamiento del colon, y acariciarlos o darles masajes.

Es conveniente que los padres se turnen para atender al bebé. SI el llanto les pone muy nerviosos es mejor que pidan ayuda a un familiar o a un canguro para cuidar a su hijo en las horas en que entra en crisis, ya que su nerviosismo y estrés no ayudarán al bebé. Los cólicos suelen ser más frecuentes a primera hora de la tarde y de la noche y acostumbran a desaparecer a los tres meses.

Sus primeros dientes.

Los primeros dientes de leche o transitorios hacen su aparición por regla general hacia los seis meses, aunque haya niños que a los cuatro meses ya les salga el primer diente y otros que hasta el décimo mes no tengan ninguno. Ambos casos entran dentro de la normalidad. Los especialistas no dejan de repetir que la salida de los dientes es un fenómeno natural que se produce de manera progresiva y diferente en cada niño. Entre los seis y los doce meses suelen aparecer los ocho incisivos y hasta dos molares inferiores. La dentadura se completará poco después de los dos años. Este proceso natural no tiene por qué ser doloroso; sin embargo, a menudo va acompañado de algunos síntomas como son el aumento de la salivación, el babeo continuo, la molestia en las encías, la necesidad constante de morder, el enrojecimiento de las mejillas e Incluso el aumento de temperatura corporal sin aparente justificación.

¿CUÁNDO CONSULTAR AL MÉDICO?.

Si el bebé manifiesta los siguientes problemas de salud, hay que consultar al médico o acudir a un centro de urgencias pediátricas:

Vómitos.

No deben confundirse las regurgitaciones de leche que expulsa el bebé algunos minutos después de mamar o de tomar su biberón con los vómitos de recién nacido acompañados de llanto insistente (signo de dolor), ya que éstos pueden ser síntomas de problemas más graves y exigen una consulta inmediata con el médico.

Manchas de sangre en las deposiciones.

Los dos o tres primeros días el bebé expulsa el meconlo, que es de un color oscuro, y más tarde aparecen las verdaderas deposiciones, muy líquidas y de un color verdoso. Con el tiempo irán cambiando a un color más anaranjado y su consistencia será más líquida si se alimenta del pecho y más sólida si toma el biberón. La consistencia y el color de las deposiciones del recién nacido son el reflejo de su salud. Por tanto, es necesario observarlas cada vez que se cambie al bebé para comprobar que no hay nada sospechoso como sangre o excesiva mucosidad. En ese caso hay que consultar inmediatamente al pediatra.

Diarreas.

A diferencia de las deposiciones blandas y anaranjadas que se producen después de las tomas, las diarreas son inquietantes si persisten y se vuelven crónicas.

Convulsiones violentas.

El bebé se muestra agitado, inquieto y hace movimientos descontrolados.

Fiebre de 38 a 39 grados.

Las pequeñas subidas de fiebre pueden resolverse con un baño tibio y una sobrehidrataclón temporal, pero si la temperatura del bebé aumenta por encima de los 38 grados y se mantiene, hay que consultar al médico.

 

 

Primeros días del bebé en casa

madre con bebé

Hay ya en casa un nuevo inquilino, en torno al cual va a girar, presumiblemente, toda la vida de la familia. Cada día, cada momento de este inicio a la vida estará lleno de emociones y de gratas experiencias para el bebé y sus padres. Existen tantos aspectos fundamentales en esta etapa, y tantas interrogaciones, que se deberá estar especialmente atento a los adelantos del bebé, y seguirlos muy de cerca. Durante el primer año de vida, el bebé estirará su talla sorprendentemente, ganará peso y fortalecerá sus piernas, preparándolas para los primeros pasos.

El esbozo de un bebé en los primeros doce meses sería, a grandes rasgos, el siguiente: engordará y crecerá de forma espectacular para llegar, al cumplir el año, a los 10 kg y los 75 cm, aproximadamente. Buena parte de sus reflejos evolucionarán para convertirse en movimientos voluntarios. Aprenderá que estar contento o enfadado tiene sus propias expresiones diferenciadas, y que sus manos son la mejor herra

mienta para el conocimiento del mundo. Sus dientes comenzarán a aflorar en las encías y producirá sus primeras palabras. También se preparará para dar sus primeros pasos.

CONTROL DE TALLA Y PESO

Las estadísticas generales clasifican a los neonatos -bebés en el primer mes de vida- según el tiempo de gestación y el peso. Con todo, no hay que obsesionarse con esta clasificación. El primer apartado incluye tres subgrupos: recién nacidos a término, entre las treinta y siete y las cuarenta y dos semanas de gestación; prematuros, cuando llegan al mundo antes de las treinta y siete semanas de gestación; y nacidos después de las semanas establecidas, a partir de las cuarenta y dos semanas de gestación. El peso también conlleva divisiones: peso normal (entre 2.500 y 4.000 g), peso bajo (menos de 2.500 g) y peso elevado (más de 4.000 g). A partir de estas clasificaciones y combinándolas se dan todas las variantes posibles.

Un bebé que nace dentro del período considerado normal pesa, por término medio, 3.300 g, mide 50 cm y tiene un perímetro craneal de 34 centímetros. Estas cifras han de tomarse como simples orientaciones, ya que las características de un neonato pueden variar según el sexo -la estatura y el peso suelen ser algo mayores en los niños que en las niñas-, los factores genéticos -estatura y constitución de los padres- y las condiciones de vida de la madre durante el embarazo.

Durante los primeros días, el recién nacido pierde cerca del diez por ciento del peso que tenía al nacer. La denominada pérdida fisiológica se recupera fácilmente en la segunda semana. A partir de entonces resulta fácil comprobar el aumento de peso. En el primer trimestre los bebés suelen engordar entre 150 y 200 g semanales. En el segundo trimestre, de 100 a 150 g. En el tercer trimestre el aumento es de unos 100 g semanales, y en el cuarto se reduce a unos 70 g a la semana. Con esta progresión, a los cuatro o cinco meses doblan su peso, que estará en torno a los 10 kg cuando cumplan un año. Respecto a la talla, la media de crecimiento es de 10 cm a los cuatro meses y otros tantos a los doce meses, con lo que el pequeño medirá al año unos 20 o 25 cm más que cuando nació.

Los niños que han nacido con bajo peso o menor medida tienden a equipararse con sus coetáneos al cabo de unos meses. Así que no hay que desanimarse si un bebé prematuro, aunque en buen estado de salud, ha pesado sólo 1.570 g y medido 40 cm. A los doce meses puede haber alcanzado el peso y la estatura medios de un niño de su edad. Además, los bebés también pasan por «crisis» de crecimiento que surgen de pronto. Es fácil darse cuenta porque, de repente, parecen hambrientos e insaciables, abalanzándose al pezón o a la tetina del biberón.
La curiosidad lo puede todo

Imaginarse en la piel de un recién nacido da una medida de la gran aventura a la que debe enfrentarse: un mundo en principio extraño que puede provocar sensaciones de todo tipo. Necesita tiempo y un largo aprendizaje. Si el recién nacido duerme la mayor parte del día y apenas abre los ojos, poco a poco, a partir del primer mes, comenzará a interesarse por el mundo que le rodea: primero será su propio cuerpo, luego los objetos de su alrededor y por último las personas de su entorno (el hogar, el parque, la guardería). En todo ello, la curiosidad es el primer factor estimulante. Su inteligencia se va despertando a través de las vivencias.

Estas «crisis» acostumbran a durar, más o menos, dos días hasta que todo vuelve a la normalidad. Por ello es aconsejable no obsesionarse con el tema. Las periódicas visitas que el pediatra establece para el control del pequeño permitirán que sea el profesional el que evalúe su correcto desarrollo;

DE LOS REFLEJOS A LOS MOVIMIENTOS VOLUNTARIOS

El neonato presenta al nacer una serie de reflejos, algunos de los cuales desaparecerán mientras que otros evolucionarán para convertirse en movimientos voluntarios. Entre ellos se hallan la capacidad de dar algunos pasos cuando se les pone de pie, o la de agarrarse fuertemente a los dedos de un adulto. Además el bebé, desde el mismo momento en el que nace, es capaz de sostener la cabeza breves instantes cuando se apoya sobre el vientre. Si se le acostumbra a mantener esta posición cuando está despierto, es evidente que desarrollará antes los músculos que le permitirán «aguantar» la cabeza recta.

Su curiosidad por el entorno será un buen acicate para el entrenamiento. Pero, eso sí, cuando se le levante o se le coja en brazos, hay que sujetar bien su cabeza, porque hasta los tres meses sus músculos no están preparados para realizar por sí solos dicho esfuerzo y habrá que esperar más o menos hasta los cuatro meses para comprobar que puede sostenerla correctamente y girarla en todos los sentidos.

El recién nacido también presenta otros reflejos tan importantes para su supervivencia como es el de succión, y otros que delatan sus esfuerzos de adaptación al nuevo medio, que no es precisamente una tarea fácil para él. Por eso no hay que asustarse si estornuda a menudo, aunque no esté resfriado -es una simple reacción a las pequeñas partículas de polvo que se le introducen por la nariz-, o si se sobresalta incluso espontáneamente: hay todo un mundo de ruidos nuevos, extraños, e incluso sensaciones a las que se debe acostumbrar.

En este apartado se incluyen también las regurgitaciones después de algunas de las tomas, que no han de ser consideradas vómitos ni han de implicar un problema; lo mismo que los ruidos intestinales, la contracción de las piernas y la presión como si quisiera hacer de vientre cuando come.

Es bastante normal que durante los primeros meses las deposiciones del bebé coincidan con las tomas, sobre todo si se alimenta con leche materna. Es lo que se denomina diarrea fisiológica.

UN BEBÉ DE LA CABEZA A LOS PIES

salut-infantil-06-bebeUna observación detenida del cuerpo del bebé y de los cambios que experimenta según pasa el tiempo revela información interesante sobre la evolución física de los seres humanos. La cabeza de un recién nacido por parto normal tiene una forma ovalada que irá desapareciendo en el transcurso de los días siguientes.

Ello es debido a que los huesos del cráneo todavía no están soldados, lo que facilita la salida del bebé al mundo exterior a través de la vagina materna. Por el contrario, los niños

que nacen por cesárea y que, por tanto, no han realizado el mismo esfuerzo, presentan una cabeza redondeada. Pero independientemente de la forma que presente, destaca el perímetro de la cabeza del bebé, de unos 34 cm. Los huesos del cráneo presentan dos fontanelas o separaciones entre ellos; la anterior se cierra entre los nueve y los dieciséis meses de vida; y la posterior, entre el primer y segundo mes.

En comparación con su cabeza, el cuerpo del bebé parece casi Insignificante: pequeño, con una tripa prominente y unas piernas cortas y arqueadas. Estas características irán cambiando poco a poco.

Así, durante este primer año, su tripa seguirá destacando pero sus piernas arqueadas comenzarán a enderezarse conforme adquiera seguridad al caminar.

También sus pies se presentan planos, ya que el arco de la planta se va formando lentamente. De ahí que cualquier especialista aconseje que el niño ande descalzo sobre la arena. Es la mejor forma de fortalecer su musculatura y de que el arco de la planta evolucione normalmente.

Su piel también variará en los días inmediatos a su nacimiento. Su color perderá ese tono rojo tan intenso y característico de los recién nacidos y el manto blanquecino y grasoso que la protege. Paralelamente renovará la

piel, en un proceso normal (descamación fisiológica) que se acusa principalmente en los dedos de las manos y los pies. El vello que puede cubrir su cara y hombros, denominado lanugo, también desaparecerá. Pueden aparecer, sobre todo alrededor de la nariz, en los párpados y en la nuca, unas manchas rojas denominadas an-giomas, que se hacen más evidentes al realizar un esfuerzo o al llorar. También son típicos los puntitos blanquecinos en el triángulo del rostro, de la nariz al mentón. Ambas manifestaciones son temporales. Conforme van pasando los meses, la piel del pequeño se va tornando pálida, muy suave y extremadamente delicada.

Es conveniente que cualquier alteración cutánea sea consultada con el pediatra.

La sonrisa del primer trimestre

Será una de las primeras alegrías de los padres, por mucho que algunos teóricos se empeñen en afirmar que esos amagos con la boca son casi reflejos e incontrolados. Es evidente que durante el primer mes la capacidad visual y la conciencia social del bebé son excesivamente limitadas, pero eso no Impide disfrutar de su sonrisa. Además, de la misma manera que cuando un bebé llora está demostrando su incomodidad, en uno u otro sentido, una sonrisa puede reflejar su tranquilidad y bienestar. Esa pequeña curvatura en sus

labios, acompañada de la relajación plácida de sus miembros, es uno de los primeros regalos del nuevo miembro de la familia y merece tratarse como tal. Con ella el pequeño va tendiendo sus lazos con el entorno y especialmente con la persona que le alimenta, mima, besa y acaricia. Lo importante consiste, como progenitores, en ser capaces de establecer la complicidad que la comunicación con un ser tan pequeño conlleva. Posiblemente, el niño ya sonría a los dos meses cuando se le mire o se le hable.

Por lo general, al final del tercer trimestre, un adulto puede ya provocarle la risa.

En sus manos está el mundo

Las manos serán para el bebé casi como sus ojos. Por los movimientos que desarrolla con ellas se puede seguir paso a paso su despertar a la conciencia, ya que con su cuerpo aprende tanto como con lo que le rodea. La actividad mano-boca es muy corriente desde los primeros meses de vida. A partir de las cinco o seis semanas, el pequeño comenzará a fijarse en su mano cuando ésta pasa por su campo de visión e incluso insistirá en moverla, lo que Indica que se ha cerciorado de su existencia. A partir de entonces, si se coloca un sonajero o un móvil a su alcance, colgado en la cuna, dirigirá sus manos hacia el objeto para tocarlo. Redoblará sus esfuerzos si oye

su sonido y éste se mueve. Y poco a poco establece la relación entre el movimiento que hace, el objeto que ve y el sonido que oye. Palpar, coger y tocar se convertirán en sus aficiones más absorbentes. Sin embargo, por regla general, los bebés se interesan por todo sin tener conciencia del peligro. De ahí que a partir de que comience a gatear sea necesario extremar las precauciones: enchufes, objetos de cristal…

Esta ansia por saber tiene su recompensa, ya que hacia los siete meses su puntería se afina y es capaz de coger los objetos con ambas manos y llevárselos certeramente a la boca. Entre los ocho meses y el año las manos se convertirán en el instrumento para tirar al suelo todo lo que esté a su alcance. Esta etapa es necesaria en su aprendizaje, ya que con dicho juego mide distancias, calibra diferentes ruidos, anticipa lo que va a suceder…

Lo mejor es optar por eliminar de su campo de visión y tanteo todo aquello que se rompa o conlleve peligro, y dejarle jugar con el resto de los objetos.

Preparándose para andar

bebé llorandoEl bebé suele dar sus primeros pasos más o menos entre los diez y los dieciocho meses; sin embargo, en este aspecto, como en otros muchos, el ritmo de desarrollo de los pequeños es sumamente variado. El que un niño

comience a andar antes del año no implica que sea más listo ni más ágil que el que lo hace al año y medio. Cada niño tiene su propia cadencia de desarrollo y es necesario respetarla. Puede ser que a uno le cueste más andar pero, en cambio, su adquisición del lenguaje sea precoz, o viceversa.

Los profesionales han constatado que hacia los seis años, los niños suelen igualar sus capacidades.

Antes de que logre caminar ha sido necesario superar toda una serie de «pruebas» previas. El proceso ha comenzado por sostener erguida la cabeza y, más adelante, por sentirse capacitado para darse la vuelta por sí solo cuando se le coloca boca abajo. Hacia los ocho meses ya ha de poder mantenerse sentado, sin ayuda. A los nueve, empezará a ponerse de pie, siempre agarrado al parque, a un adulto…

Es entonces cuando algunos niños descubren que gateando pueden llegar a casi todos los sitios y se convierten en auténticos expertos en esta técnica. Otros, en cambio, ni se dignan apoyar las rodillas en el suelo.

Sobre el gateo existen opiniones para todos los gustos, desde las que argumentan que es fundamental para el desarrollo del niño a las que afirman que los niños que gatean tardan más en andar. Lo importante, a fin de cuentas, es respetar su evolución natural y que el pequeño no se sienta nunca forzado.

REGURGITACIONES

Es normal que mientras el alimento del bebé sea sólo líquido regurgite después de cada toma o biberón, es decir, expulse un poco de leche tras el eructo. Eso no debe preocupar a las madres excepto si lo hace en grandes cantidades y con mucha frecuencia. Si regurgita en exceso, la causa puede ser que mame demasiado deprisa, que trague aire al hacerlo o que la leche sea demasiado líquida. Hay que comprobar que el bebé introduce todo el pezón en la boca cuando mama para que no le entre aire y en caso de que tome biberón, revisar que el agujero de la tetina no sea demasiado grande. Otras veces, el exceso de regurgitaciones en los bebés de biberón se soluciona espesando más la leche (haciendo la mezcla con menos agua) o cambiando el tipo de leche, pero estas medidas deben tomarse sólo por indicación del pediatra. Sólo en el caso de que las regurgitaciones revelaran sangre hay que consultar al pediatra inmediatamente.

HIPO

Los recién nacidos sufren con frecuencia ataques de hipo que a veces, incluso, pueden durar hasta una hora. El hipo suele ser la consecuencia de que el bebé se alimente demasiado deprisa, tragando aire al succionar. Aunque los padres acostumbran a inquietarse, es poco lo que se puede hacer por el bebé aparte de mecerlo y acariciarlo. Para tranquilidad de los padres hay que decir que no provoca sufrimiento alguno al bebé.

Granitos blancos o milium

El milium, es decir, esos minúsculos puntos nacarados diseminados por la frente, la nariz, las mejillas, el mentón y a veces hasta el mismo pecho, aparecen a causa de una obstrucción de las glándulas sebáceas debido a que las secreciones no están completamente regularizadas. No hay que hacer nada. Desaparecerán de forma natural después de algunas semanas o meses.

Manchas oscuras

Sin relieve, son de un tono un poco más oscuro que el de la piel pero no tan marrones como los lunares. Afectan a uno de cada treinta recién nacidos, pero también pueden aparecer más tarde, en cualquier parte del cuerpo. No hay que preocuparse: son totalmente inofensivas y no evolucionan negativamente jamás.

Lunares

Los lunares congénltos, que ya se presentan en el nacimiento o durante las primeras semanas, afectan solamente a uno de cada cien bebés. Los más frecuentes son los que aparecen más tarde, sobre todo después de una exposición solar, afectando sobre todo a los bebés rubios y pelirrojos.

Marcas en forma de fresa

Su verdadero nombre es hemangiomas. Son unas manchas invisibles normalmente en el examen pediátrico que se hace en el nacimiento, pero que aparecen muy precozmente. Los pediatras suelen decir que su aparición coincide con la salida d¡e la maternidad. Empiezan como un minúsculo punto rojo, que se va agrandando durante los ocho o diez primeros meses de vida para formar una pequeña excrecencia. Se trata de una dilatación de algunos vasos sanguíneos en la capa externa de la piel y su causa es desconocida.

Muchos padres se desesperan ante estas anomalías estéticas que manchan sobre todo la cara y la cabeza. Pero en la gran mayoría de los casos es mejor no hacer nada al respecto, ya que estas lesiones desaparecen espontáneamente a la edad de cinco o seis años, sin dejar ninguna huella. Sin embargo, es necesario vigilar muy atentamente los hemangiomas próximos al párpado, ya que pueden provocar algunas lesiones en el ojo.

Las manchas de vino

Llamadas displasias vasculares o angiomas planos, estas manchas rojovioláceas aparecen en el nacimiento y crecen con el niño. Son muy frecuentes -afectan a uno de cada cinco niños-, y aunque raramente grandes, pueden resultar poco atractivas, sobre todo si afectan a la cara. En la mayoría de los casos, un tratamiento con láser permite hoy en día disimularlas.

Pecho o biberón?

madre con bebé

Durante los tres primeros años de vida, la alimentación posee una importancia crucial para el buen desarrollo físico del bebé. Dar con la clave de la mejor alimentación para el bebé durante los primeros años, es garantizar el aspecto fundamental, junto con la higiene personal y el dormir “bien”, de su calidad de vida. Además de garantizar un desarrollo sano, la buena alimentación proporcionará al bebé grandes dosis de afecto y protección.

La alimentación es una de las claves de la salud del niño. Durante los primeros años se van adquiriendo las costumbres que determinarán el perfil alimentarlo del resto de su vida. Para que el niño crezca sano y feliz necesita el amor de sus padres, transmitido también mediante una buena alimentación. La lactancia materna favorece especialmente la íntima relación entre madre e hijo, se suministra de forma mucho más sencilla y cómoda y además ayuda a prevenir infecciones.

Si no es posible, la lactancia artificial también puede aprovecharse para alimentar al niño afectivamente. Después del calostro, al segundo o quinto día, se produce la subida de la leche, una leche especialmente concebida por la madre para su propio bebé y, por tanto, la mejor para él. Después de la primera semana, en la que madre y pequeño reajustan los horarios de las tomas, todo empezará a ser más fácil.

La madre, ya más relajada, es capaz de valorar la comodidad que le da el hecho de amamantar al bebé. Aunque está sujeta a unos horarios, las ventajas son Infinitamente mayores. Primero, la simplicidad: la leche está lista a cualquier hora del día, no hay que calentarla ni preservarla de los microbios, no es necesario comprar leche, ni esterilizar biberones, ni hervir el agua, ni probar con tetinas hasta que el niño encuentre su medida justa. Además, no tendrá que levantarse a preparar biberones por la noche y podrá viajar con el bebé sin necesidad de ir cargada con mil y un utensilios.

La salud del niño también se beneficia con la leche de su madre. Apenas hay riesgo de diarreas o de estreñimiento y su alimentación es totalmente equilibrada en cuanto a proteínas (justo las necesarias y además sin peligro de que provoquen alergias), el tipo de grasas y las vitaminas y sales minerales que requiere su organismo. Además, la leche materna refuerza su sistema inmunitario, ayudando a prevenir las infecciones.

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EL BEBÉ QUE NO ENGORDA.

El peso del bebé suele ser una de las principales preocupaciones de los padres. En los días siguientes al! nacimiento, el niño pierde una décima parte de su peso debido a la evacuación de los desechos que ocupaban sus intestinos y a la escasa alimentación que recibe. A partir del tercer día empezará a aumentar entre 100 y 150 gr., a la semana el primer mes, y entre 150 y 200 g por semana durante los tres meses siguientes. Pero hay que tener en cuenta que los bebés no aumentan de peso de forma regular sino que tienen unas “puntas de crecimiento” en que engordan más y necesitan más alimento. Estas épocas suelen coincidir con las tres semanas, seis semanas, los tres meses y los seis meses de edad.

Si el niño no engorda, en primer lugar hay que determinar si es porque come poco y duerme mucho, o porque no recibe la leche adecuada tanto en cantidad como en calidad. En el caso de que tome biberón, el pediatra evaluará la necesidad de cambiar de leche o la dosificación de la misma, ya que muchas veces los bebés no se terminan el biberón porque la leche les resulta indigesta y se sienten molestos.

Cuando se trata de un niño de pecho, además de revisar la salud y dieta de la madre, hay que observar si el bebé succiona de forma correcta, ya que en algunos casos en que los bebés no engordan, la causa no está en la frecuencia y duración de las tomas sino en la calidad de la succión. Si el niño no succiona bien (chupa su labio inferior junto al pezón, aprieta sus mandíbulas sobre el final del pezón), las mamas de la madre no estarán suficientemente estimuladas y no producirán la leche necesaria, al tiempo que el bebé no ingerirá el alimento suficiente. Existen distintas técnicas para verificar si el bebé mama de forma correcta que puede aplicar la misma madre con el consejo del pediatra.

¿Cómo cuidar un bebé los primeros días?

madre con bebé

Desde los primeros días conviene establecer unos horarios y ritos fijos en el cuidado del bebé, como por ejemplo la hora de darle de mamar, acostarlo, bañarlo o sacarlo a pasear.

Estas costumbres dan seguridad y tranquilidad al niño y le ayudan a enfrentarse a ese mundo lleno de sorpresas y cosas nuevas que representa la vida fuera del seno materno.

Durante los primeros meses, madre e hijo mantienen un mismo ritmo de vida lleno de pequeños ritos que desempeñan un importante papel en el desarrollo y bienestar del bebé. Es importante desde el primer momento, ser consciente de estos ritos, planificarlos y con el tiempo se van haciendo de manera automática por ambas partes de forma natural.

RITOS Y HORARIOS FIJOS

Sostener al niño en brazos, acunarle, mirarle y hablarle mientras mama, bañarle, acariciarle, darle masajes, cambiarle los pañales, etc., son actos que la madre repite cada día, convirtiéndolos en costumbres que constituirán los pilares del futuro aprendizaje del bebé.

Repetir los mismos gestos cada día (tanto los destinados a su cuidado como las muestras de amor y cariño) convierte a la madre o al padre en un espejo en el que el bebé puede verse a sí mismo, ya que todavía no sabe verse como un individuo independiente. Más tarde, a los tres o cuatro meses, se pueden variar los horarios teniendo en cuenta que cada nueva experiencia debe producirse de una forma gradual.

PADRE DESDE EL PRIMER DÍA

padre con bebéEl padre puede integrarse desde el primer día en este juego de ritos y gestos con el bebé, porque a pesar de la natural dependencia del recién nacido de la madre, el desarrollo integral del niño necesita de la presencia de la figura masculina.

Si el padre aprende a tomar confianza con el bebé y no se autoexcluye de sus cuidados, sentará las bases para una relación plena con su nuevo hijo y con su pareja, evitando celos y sentimientos de abandono.

En la actualidad, muchos padres alternan con la mache los cuidados del niño bañándolo, cambiándole los pañales y dándole el biberón. Pero también es importante que se impongan un protocolo de mimos, caricias y juegos.

El bebé percibirá los gestos del padre de forma diferente a los de la madre porque su mirada, su sonrisa y su voz son diferentes. Eso creará una base sólida de armonía y entendimiento familiar así como un desarrollo óptimo del niño.

CANCIONES DE CUNA

El bebé tiene dos necesidades primordiales al nacer: la leche, y la voz y contacto maternos. Por eso en todas las culturas hay canciones de cuna para dormir, entretener y tranquilizar a los bebés.

La voz de la madre ha estado acompañando al bebé desde el cuarto mes de gestación, porque es a partir de ese mes cuando el feto empieza a percibir los sonidos en el medio acuático en el que vive. Después del parto, la voz de la madre conecta al niño con el exterior y es su primer punto de referencia para ir integrando el mundo sonoro que le rodea y para preparar su futura inserción lingüística, es decir, para aprender a hablar.

Algunos especialistas llaman al canto “el cordón simbólico”, ya que si la madre sigue cantando, puede distanciarse del niño y abandonar la estancia donde se halla el bebé sin romper el contacto con él, o incluso puede grabar sus canciones para tranquilizar al niño cuando tiene que ausentarse.

Las canciones de cuna o nanas suelen calmar y tranquilizar a los niños, ya que incluyen los tres elementos que más satisfacen la demanda de fusión del niño: la voz, el contacto físico envolvente del arrullo y la mirada. La nana más efectiva es la que se canta en la mecedora mirando y arrullando al bebé, porque el balanceo le producirá una grata sensación de equilibrio.

El significado del llanto

bebé llorandoEl llanto del niño al nacer es como una forma de respiración profunda, ya que su salida a través del canal cervical le produce una cierta hipoxia -falta de oxígeno- pasajera. Cuando la cabeza del bebé sale fuera de la vulva, deja de percibir la presión a la que está habituado y esto, junto con la falta de oxígeno y otros cambios que se producen, estimula el centro encargado de la respiración de su cerebro, produciendo el llanto que anuncia el nacimiento.

Al principio, el llanto será el único medio de comunicación del bebé. En los primeros días de su existencia, este lenguaje le servirá indistintamente para manifestar su sufrimiento, sus deseos y sus necesidades de comida. Bastarán unas semanas para que los padres aprendan a interpretar este lenguaje y para que averigüen que nunca son los gritos de un bebé lo que debe preocupar, sino su silencio prolongado.

EL SUEÑO

El recién nacido duerme una media de dieciséis horas al día con variaciones según cada caso. Los primeros días, el bebé no diferencia entre el día y la noche y sus períodos de sueño duran unas tres horas. Al cumplir el mes empezará a adquirir el ritmo día-noche, pero puede despertarse todavía una o dos veces por noche. Durante el día hace cuatro siestas y permanece un largo período despierto al final de la jornada entre las diecisiete y las veintidós horas.

A los tres meses puede llegar a dormir hasta nueve horas por la noche y el resto de los períodos de sueño los reparte en tres o cuatro siestas durante la jornada. Los períodos de vigilia se van alargando poco a poco.

Es importante que el bebé duerma lo suficiente, ya que es durante el sueño profundo cuando el organismo segrega la hormona del crecimiento que le permite la recuperación física. Por eso es esencial mantener y respetar el ritmo de sueño particular de cada niño. Si éste se altera, pueden existir problemas de crecimiento irreversibles, y los pediatras observan que estos niños sufren con más frecuencia problemas de otitis o rinofaringitis.

LA HABITACIÓN DEL BEBÉ

Al principio resulta más cómodo tener al bebé por las noches en la habitación de los padres en un pequeño moisés con ruedas. Pero durante el día, el bebé debe estar en su habitación, ya que de esta forma se reserva la intimidad de la alcoba y no se crean hábitos en el niño difíciles de erradicar cuando sea un poco más mayor. La habitación del bebé debe ventilarse al menos una hora al día e intentar que su temperatura no sobrepase los 20 grados en invierno. Cuando se usa calefacción hay que mantener el grado de humedad mediante humidificadores o recipientes con agua en la habitación.

Hay que evitar llenar la habitación del recién nacido con muchos muñecos de peluche, ya que son nidos de polvo. Es mejor conservar sólo uno y lavarlo con frecuencia.

LA HIGIENE DEL BEBÉ

El baño del bebé (rito diario obligado desde que se cae el cordón umbilical, unos diez días después del nacimiento) debe convertirse en algo más que una operación de limpieza, ya que es una excelente oportunidad para mantener una relación táctil entre madre e hijo o entre padre e hijo, y un momento privilegiado de intimidad entre el bebé y los padres. Hay que hacer durar el ritual del baño lo máximo posible y alargarlo dando un suave masaje con un aceite especial.

Existe la falsa idea de que a los recién nacidos no se les puede cortar las uñas porque les duele; sin embargo, cuando las tienen largas, es más peligroso no cortárselas ya que se podrían arañar. Para que resulte más fácil se le puede colocar un paquete de algodón dentro de la mano para que se le abran los dedos, y realizar la operación con mucho cuidado y en perfectas condiciones higiénicas.

Los primeros dientes del bebé no saldrán hasta los seis u ocho meses, pero algunos especialistas recomiendan que desde el quinto o sexto día de vida se empiece a cuidar su «dentadura» masajeando sus encías dos veces al día.

La madre o el padre pueden envolver su dedo índice en una gasa humedecida y masajearle las encías suavemente. Esto no sólo ayuda a eliminar posibles bacterias, sino que fortalece también sus encías previniendo así las típicas molestias que provoca la salida de los dientes de leche.

 

 Bebés prematuros

El bebé ha nacido antes de tiempo o ha nacido en fecha que le correspondía pero con poco peso, precisará de unos cuidados especiales y posiblemente deberá pasar unos días en la incubadora.

Sean prematuros o no, estos bebés pueden presentar problemas para mantener la temperatura y para ser alimentados con normalidad, dificultades respiratorias, hipoglucemia (niveles bajos de azúcar en la sangre), ictericia, etc.

En los últimos años, la mayoría de las clínicas no sólo permiten que los padres tengan acceso a la incubadora y pasen bastantes horas con su hijo, sino que además lo recomiendan, ya que se ha demostrado que los abrazos y caricias de la madre favorecen una recuperación más rápida del bebé.

El nacimiento de un bebé

madre con bebé

Tras nueve meses de espera, se ha producido por fin el encuentro entre la madre y su bebé. Después de dejar el seno materno, donde se sentía seguro y protegido, el bebé tiene que acostumbrarse en un plazo muy breve a un nuevo entorno donde todo es extraño, desde los ruidos hasta ciertas sensaciones.

En esta etapa evolutiva de adaptación, roto el cordón umbilical, la madre continúa siendo un pilar básico en el que el niño se apoya y al que acude siempre. Junto a ella, unido por el mismo ritmo de vida, el bebé va a ir organizando su mundo, en el que, poco a poco, también irán entrando el padre y el resto de la familia. Todos ellos cubren las necesidades afectivas y propician que el pequeño se desarrolle de forma sana y feliz, de modo que más adelante logre acceder a la vida social de forma receptiva y sosegada.

Además del amor y de los cuidados recibidos, del contacto íntimo con los seres que conforman su entorno más cercano, la alimentación -la lactancia, ya sea natural o artificial- va a ser fundamental para el buen desarrollo físico del bebé, y por supuesto, esencial también para la adquisición de unos hábitos sanos que marcarán con el paso de los años la vida sana del niño.

Según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el amamantamiento exclusivo, es decir, la alimentación sólo a base de leche, puede mantenerse durante cuatro o seis meses.

Si bien, a juzgar por las apariencias, podría afirmarse que durante los primeros meses de vida el bebé se limita a mamar y a dormir, la realidad es muy diferente, pues todo un universo de nuevo cuño se está creando dentro de él.

En efecto, el crecimiento físico del bebé va a ser notablemente rápido, sólo comparable al acelerado ritmo de su evolución psíquica: el recién nacido interioriza no sólo el afecto que recibe, sino toda una serie de pautas de conducta, alimentación e higiene que van a servir de base para los tres primeros años, agotadores pero fascinantes, que le esperan.

Madre e hijo

Durante las primeras semanas, madre e hijo mantienen un mismo ritmo de vida lleno de pequeños hábitos cotidianos que desempeñan un rol fundamental en el desarrollo y bienestar del bebé. Dar de mamar, acunar, bañar, acariciar son actos rituales que la madre repite cada día y constituirán los pilares del futuro aprendizaje del niño. De esta manera el bebé organizará su mundo, en el que el padre y los demás miembros de la familia se integrarán gradualmente.

Madre e hijo han estado íntimamente unidos durante los nueve meses de gestación y, por tanto, desde el mismo momento en que tienen que separarse por el corte del cordón umbilical, es necesario establecer gestos que se conviertan en vínculos de unión como la mirada, las caricias, la voz y los hábitos de higiene o de alimentación. En los primeros meses de vida, el niño se concibe a sí mismo como un todo con su madre, no como un ser diferente. Por eso necesita tener mucho contacto con ella para adquirir un concepto de globalidad corporal. Y es importante que este contacto sea envolvente, es decir, que la superficie de contacto corporal sea lo más amplia posible, ya que el tacto es el sentido más desarrollado en el recién nacido.