El sueño del bebé

Los problemas del sueño Infantil, o más certeramente, del sueño del bebé, representan un motivo frecuente de consulta al pediatra. Porque el sueño del bebé afecta principalmente al sueño de los padres. Si uno no duerme por la noche, los otros tampoco. Pero mientras el pequeño -sin obligaciones por ahora- puede permitirse el lujo de descansar a su gusto durante el día, a los padres no les ocurre lo mismo. Este diferente ritmo trastoca la armonía de muchos hogares. Recuperar un equilibrio entre ambas opciones requiere mucha paciencia, firmeza y algo más de conocimiento sobre el universo del pequeño, con sus pros y sus contras.

Las primeras semanas de vida

El bebé duerme unas dieciséis horas diarias -aunque algunos pueden llegar a las veinte y otros no superar las catorce- y sobre todo ¡de día! Esta actitud es normal desde las primeras semanas e incluso hasta alrededor de los seis meses. Hay que tener en cuenta que, durante su vida intrauterina, su reloj biológico funcionaba de forma muy diferente al de la vida en sociedad. Cualquier madre puede recordar que, conforme su embarazo iba siendo más evidente, el feto parecía completamente relajado durante el día y comenzaba a removerse o dar patadas entre las nueve y las doce de la noche. Por tanto, será necesario un tiempo hasta que el pequeño se adapte a las nuevas condiciones o requerimientos.

Durante las dos o tres primeras semanas, conviene adaptarse al ritmo del bebé al mismo tiempo que se le va encauzando, sin presiones ni prisas, a las nuevas condiciones que reclama el ritmo de vida actual. Para ello bastará con mantener su estancia en la oscuridad si es de noche evitando cerrar la puerta, y bajar la persiana o la voz durante sus siestas diurnas. Así él se habituará al ritmo normal de la casa. Las tomas de la noche han de tener una atmósfera más calmada y a media luz, evitando mover mucho al bebé. A menudo, para conciliar el sueño por la noche, el bebé reclamará que se le meza o se le pasee.

Además, para inquietud de los padres, estos preámbulos se hacen cada vez más largos. Si hasta los tres meses con cinco minutos bastaba, a partir de entonces el tiempo va aumentando, a la par que disminuye la paciencia de los padres. De ahí que el pequeño deba aprender desde el principio a dormir solo, lo que no quiere decir que no se instituya un ritual para acostarle. Al contrario: la repetición de ciertos hábitos tranquiliza al bebé para el sueño. Cada día, a una hora fija, hay que instalarle todavía despierto en su cuco o cuna -mejor después del baño y la toma-, acariciarle la cabeza unos segundos, cantarle una nana o accionarle una cajita de música y dejarle dormir sin la presencia de la madre.

Ya ha cumplido su primer mes

Y con ello el pequeño comienza a diferenciar el día de la noche. Los biberones o las tomas nocturnas se espacian. Al mismo tiempo, es normal que también por esta época aumenten sus crisis de lloros al caer la tarde y no haya manera de calmarlo. Si el niño ha mantenido durante el día una actitud normal y ha estado risueño y tranquilo, no hay por qué preocuparse. En estos momentos debe intentarse no entrar en el círculo vicioso de los brazos. Un buen baño relajante y si es necesario alguna infusión calmante especial para bebés pueden ser de ayuda. Además, es necesaria una buena dosis de paciencia y mantenerse firme en que duerma solo, aunque sea necesario entrar cinco o seis veces en su habitación hasta que lo logre.

Cuatro meses: el momento crítico

Por estas fechas el bebé ya ha comenzado a organizar sus jornadas: noche completa, una o dos siestas por la mañana y una gran siesta al mediodía. En definitiva, ha cambiado y encontrado su propio ritmo en el nuevo entorno. Pero es ahora cuando los padres han de estar más alertas e inculcarle un buen hábito de sueño. Sigue siendo completamente válido (más, si cabe) el ritual para acostarse con sus elementos externos asociados, como cuna, nana, música, mascota y despedida, mantener una actitud segura (el pequeño debe entender que conciliar el sueño solo es lo más natural del mundo) y un horario fijo.

Si se le pasa la hora de dormir, posiblemente habrá que esperar bastante tiempo para que logre conciliar de nuevo el sueño. A partir de entonces será necesario también estar atentos a no instaurar malas costumbres (por supuesto, nada del chupete untado con azúcar para que se calme o de acostarle en la cama de los padres). Si se despierta por la noche y protesta ligeramente, habrá que esperar un rato a su lado para que se duerma sin romper su ciclo normal -es decir, no levantarlo ni mecerlo-, simplemente intentando tranquilizarle.

 

¿Dónde acostar al bebé?

DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS TRES MESES

Es mejor un cuco, ya que por sus pequeñas dimensiones se hace más agradable, cálido y reconfortante para el bebé (que todavía no ha “olvidado” lo cómodo que estaba en el seno materno).

El momento de cambiarlo dependerá, y es obvio, del desarrollo del niño. Más o menos a los tres meses el cuco se queda pequeño para las proporciones que ha adquirido el niño.

A PARTIR DE LOS TRES MESES

En su propia cuna y a ser posible en su habitación, si hasta entonces el bebé ha permanecido en la de los padres. Casi todos los niños agradecen por estas fechas el aumento de espacio para tumbarse a gusto.

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