El niño de tres años de edad y sus características

Niña o niño de tres años y su cumpleaños

Para el niño de tres años la escuela pasará a formar parte de su vida cotidiana, con sus alegrías y con sus disgustos. Estos acontecimientos requieren una escucha atenta por parte de los padres. Los niños de tres años también necesitan compartir sus problemas para no acostarse con ellos. Cada día será conveniente el diálogo durante diez o quince minutos junto a su almohada. A los pequeños les gusta entonces contar cosas que tenían hasta el momento calladas.

Cuando se halle muy cansado, una pequeña historia o una nana que reconozca le será de gran ayuda. Y, sobre todo, hay que escoger el momento adecuado para acostarle. Hay algunos signos que lo preludian: reducción de la actividad, reclamo del chupete, o a la inversa, hiper-excitación. Todos los niños necesitan un entorno tranquilo para tener un buen descanso, por lo que están totalmente desaconsejados los juegos demasiado movidos.

Necesidades afectivas y objetos de apego

Para que un niño se desarrolle de manera sana y feliz es necesario cubrir una serie de necesidades básicas, entre las que se incluyen, por supuesto, las necesidades afectivas. El amor da a nuestros hijos seguridad y les ayuda a crecer.

Sentirse querido

Niña de tres añosHace años existía la creencia generalizada de que el estricto cumplimiento de las necesidades físicas del bebé (comida, higiene, reposo…), con el establecimiento de un patrón de horarios y de costumbres, bastaba para cumplir como padres en la primera etapa de la vida de un recién nacido.

Más recientemente, muchos experimentos han constatado la importancia, tanto en el desarrollo físico como emocional, de la formación y el mantenimiento de lazos afectivos.

En las primeras semanas de vida, el contacto con la madre es vital para el pequeño y, al contrario de lo que se pueda suponer, generalmente un niño al que no le ha faltado ese contacto suele ser más independiente y acepta mejor las ausencias y el alejamiento cuando va creciendo. El instinto maternal (con su componente hormonal y heredado) ya encauza esa necesidad vital que el recién nacido reclama.

El padre no sufre ninguna descarga hormonal con el parto, pero va naciendo en él -al igual que en la madre- el amor por el nuevo recién llegado gracias al contacto diario y la convivencia. Y todo lo que compartan ambos en sus cuidados, en la expresión de su cariño, será básico para ese vínculo fundamental que necesita el pequeño en su crecimiento.

Pero de la misma forma que al principio la sobreprotección es necesaria, conforme el niño crece ésta puede ser contraproducente. Por tanto, el amor de los padres debe estar dirigido a que el pequeño adquiera seguridad, busque el contacto con otras personas y cree lazos afectivos.

Hablarles les da seguridad a los niños de tres años

Los bebés también necesitan que se les hable, han de sentirse queridos pero también constatarlo a través de las palabras de los padres. Aunque parezcan no comprender el significado de lo que se les dice, son muy receptivos a las voces de sus seres queridos y saben distinguir sus diferentes estados de ánimo. A través de las palabras se les transmite cariño, seguridad, se les demuestra el amor…

Al igual que sucede en una relación de pareja, el hecho de verbalizar los sentimientos es fundamental. Ello se hace más evidente cuando los niños son mayores. Las madres de hijos adolescentes saben por propia experiencia que, a esa edad, los niños son cada vez más reacios a los abrazos y besos y es entonces cuando las palabras se vuelven indispensables para expresar los sentimientos.

La niña o niño de tres años (o menos), desea que le acaricien, le besen, y sobre todo le hablen con palabras cariñosas. Conforme su lenguaje va enriqueciéndose, los padres también van encauzando sus sentimientos con otro tipo de demostraciones y en ello el diálogo es fundamental. Un niño se siente seguro, se siente amado, cuando existe comunicación. Y ésta ha de ir aumentando con el tiempo a favor de un desarrollo saludable.

El osito de peluche o la mascota

Niña pequeña con osito de pelucheUna mascota no es más que un objeto de apego, como puede ser el chupete, pero se transforma en un ente capital en el universo de muchos niños. Para calibrar su importancia, debe remitirse a la importancia que posee para el niño el vínculo materno. El pequeño, desde que nace hasta aproximadamente los dos años, quiere tener a la madre siempre a su lado, para poder verla y constatar que está ahí con él.

Cuando eso no ocurre, entonces el oso de peluche, el pañuelo o la almohada, impregnados de olores familiares, se convierten en una representación del progenitor ausente. De ahí que los pediatras denominen a la mascota “objeto de transición” que reemplaza a la madre cuando ella está lejos.

Su adopción se produce a partir de los seis meses y el objeto elegido al que el niño se aficiona se convierte en indispensable. Cuando esté cansado, tenga miedo o le cueste dormir reclamará sobre todo su mascota, que apretará contra él, chupará o acariciará. Su presencia es comparable a la de un amigo muy querido: le da seguridad; resuelve muchas de las situaciones cargadas de ansiedad…

No existe razón para privarle de dicho sentimiento y los padres no han de infravalorar la intensidad de esta forma de apego. En general, el niño dejará progresivamente la mascota hacia los cuatro o cinco años. Incluso ya desde los dos años puede manifestar una tendencia a olvidarla, no llevándola sistemáticamente en sus salidas a la calle.

Con las caricias crecen mejor

Todos los especialistas lo confirman: los niños acariciados son adultos más sanos y sociables. El masaje infantil es una práctica muy antigua en otras culturas y se ha revalorizado en la occidental, sobre todo en los casos de bebés prematuros, en los que se ha comprobado su eficacia para favorecer su evolución física y emocional. Además, gracias al masaje, el niño toma conciencia de su propio cuerpo al mismo tiempo que se potencia su desarrollo sensorial.

Por eso es aconsejable iniciarlo desde los primeros meses de vida. No importa el momento, aunque lo más práctico es antes del baño, cuando el bebé está desnudo sobre el vestidor o la cama.

Lo importante es que la temperatura del entorno sea cálida y que la madre esté relajada para no comunicar su propio nerviosismo al niño. Las manos deben estar calientes y se utilizará un aceite para bebés, a base de almendras dulces. Los movimientos serán ligeros y sutiles sobre todo su cuerpo, cabeza, rostro, manos y pies al completo. En el abdomen las manos han de realizar suaves movimientos circulares en el sentido de las agujas del reloj. Esto alivia a los lactantes que sufren dolores a consecuencia de los gases y puede estimular un intestino perezoso.

El niño de tres años, controla muy bien su cuerpo y lo que toca. Su lenguaje se enriquece, ganando en variedad y precisión, y se cuestiona prácticamente todo. Al sentirse más autónomo en todos los aspectos, disminuye su tendencia a llevar la contraria. El pequeño está más abierto a compartir experiencias, y sus relaciones con otros niños adquieren cordialidad. Al mismo tiempo que se inventa historias y aventuras, pueden aparecer también los amigos de ficción. Y tiene predilección por los cuentos y las historias, ya que éstas le ayudan a entender el mundo y a desarrollar su capacidad creativa.

Autónomo en sus movimientos

Niña o niño de tres años y su cumpleañosLa niña o niño de tres años experimenta un cambio espectacular. Su cuerpo se ha estilizado y ha adquirido las proporciones de un niño: la cabeza se armoniza con el resto del cuerpo, éste pierde redondeces y al mismo tiempo sus movimientos ganan en soltura, espontaneidad y armonía.

El pequeño de tres años controla muy bien su cuerpo y es consciente de ello. Las habilidades motoras adquiridas se consolidan y, al mismo tiempo, aparecen y aumentan otras. La seguridad repercute en su funcionamiento cotidiano.

Su mayor satisfacción es el movimiento y para sentarse, si ha de elegir, se decidirá siempre por el suelo, aunque siempre para continuar con otra actividad manual. Ahora pedalea con suma facilidad en su triciclo, salta a la cuerda, se pone de puntillas, sube y baja escaleras, es capaz de sostenerse en una pierna o de andar sobre una línea recta sin desviarse y manteniendo el equilibrio.

En sus excursiones y paseos con los adultos, demuestra su resistencia al andar sin reclamar constantemente que le cojan. Ya sabe comer y beber solo. Se lava las manos o se peina con más o menos destreza.

Aprenderá en el parvulario a ponerse la bata sin ayuda e incluso comenzará a defenderse con los botones. Sus habilidades manuales evidencian un rápido desarrollo. Las construcciones con bloques dejan de ser un secreto para él, combinando tanto las formas en horizontal como en vertical.

Llegó el momento de los “¿por qué?”

El lenguaje del niño de tres años es mucho más rico, variado y preciso. Logra articular correctamente las palabras, haciéndose inteligible tanto para los adultos de su entorno como para los extraños. Además, en esta etapa su vocabulario aumenta de forma espectacular y es bastante normal que pase días repitiendo insistentemente las últimas palabras aprendidas.

Los términos escatológicos producen su hilaridad y descubre las primeras palabrotas. Adopta buena parte de las reglas gramaticales sin esfuerzo, distinguiendo perfectamente entre el singular y el plural, el masculino y el femenino o los tiempos de los verbos, aunque tenga problemas con los irregulares. Los pronombres ya no tienen secretos para él, sobre todo el “yo” que utiliza con profusión (para delimitar su persona, sus propiedades, sus gustos; en definitiva, para hacerse valer).

Sus frases se van haciendo completísimas aunque, evidentemente, su capacidad de comprensión sea mayor que la de expresión. Algunos niños, por ansias de perfección y precisión, construyen despacio sus oraciones. En esos momentos, es importante no presionarles. Pero lo más llamativo de esta etapa son los monólogos y las continuas preguntas, infinidad de preguntas a las que los adultos muchas veces no encuentran respuesta, sobre todo si éstas se hallan encadenadas.

Compartir se hace más fácil

El niño de tres años suaviza su resistencia a obedecer y sus cada vez menos frecuentes reacciones adversas denotan la búsqueda de unos límites, que los padres han de imponer de forma coherente y persistente. Al sentirse más autónomo y ser capaz de razonar ciertos temas, adquiere mayor seguridad y con ello disminuye su tendencia a llevar la contraria. Además, la posibilidad de dialogar y de comunicarse aumenta el deseo de cooperar, tanto con los adultos como con los niños de su propia edad.

Las relaciones sociales con los otros niños van cambiando. Es evidente que a ello contribuye también su estancia en el parvulario. Aunque las preferencias por jugar solo continúan siendo predominantes, el pequeño está más abierto a compartir experiencias y sus relaciones adquieren cordialidad. Incluso son capaces de esperar turno (tolerar la frustración ya no resulta tan imposible) o de compartir sus juguetes. Aquellos que tienen hermanos menores se convierten en líderes y se creen con derecho a manejarlos a su antojo.

En el seno familiar, el niño afianza el lugar que ocupa. Conoce perfectamente a los miembros que componen su familia: madre, padre, abuelos, tíos, primos… Es capaz de aceptar mejor las separaciones de la madre porque puede fijarla de forma abstracta en sus pensamientos y comienza a entender los límites de la temporalidad, aunque todavía confunda los minutos y las horas.

Adivina, adivinanza

A los niños de tres años les encanta adivinar y hacer que el adulto adivine lo que ellos proponen. Este juego, tan viejo como el ser humano, potencia su memoria visual y fortalece y enriquece su lenguaje descriptivo. Le ayuda a aprender al mismo tiempo que se divierte y enorgullece de sus aciertos. De la misma forma funciona el “Veo, veo”, que estimula en este caso su conocimiento del entorno más inmediato.

Los niños de tres años de edad del siglo XXI

Los niños del siglo XXI tienen a su disposición otros tipos de estímulos que son diferentes a las que tuvimos nosotros o nuestros padres, en lugar de tener cuadernos de dibujos para colorear muy limitados con una docena de dibujos, se puede acceder a decenas de miles de dibujos para colorear al gusto de cada niño o niña, incluso con apartados específicos de dibujos para niños de tres años.

También hay webs que tienen disponibles vídeojuegos para niños de entre 2 y 3 años que permiten familiarizarse con las tecnologías modernas y les enseña los colores, letras o conceptos numéricos mucho antes que los niños que utilizan métodos tradicionales.

Incluso cuando ya tienen más soltura, pueden jugar a videojuegos muy simples como los famosos “Angrybirds” y su saga, que permiten al niño aprender cosas increíbles para su edad como conceptos básicos de física o de estrategia que estimulan su cerebro a muy temprana edad mientras se lo pasan en grande.

Sobre el tiempo que pueden estar delante de la pantalla (sea videojuegos o televisión), los especialistas no se ponen de acuerdo, pero no debe ser durante un tiempo prolongado para evitar a la larga problemas de vista o de la columna vertebral, y esta actividad debe alternarse con actividades físicas para tener un desarrollo físico t psíquico pleno y así evitar el sedentarismo.

Es recomendable acompañar al niño especialmente al principio, cuando se utilicen las nuevas tecnologías para evitar accidentes (por ejemplo que borre cosas que no debe borrar), o para enseñarle a distinguir una opción de un banner publicitarios, o también para que no se frustre en caso que se encuentre con problemas simples como no saber “arrastrar” un objeto con el ratón o con el dedo si se trata de una pantalla táctil.

A pesar de las voces críticas, está comprobado que utilizar las nuevas tecnologías en los niños es recomendable por la cantidad de ventajas que ofrecen respecto a las técnicas tradicionales, aunque no son exclusivas, más bien complementarias.

El niño de dos años de edad y sus características

Niña con chupete

Agotador e incansable, el niño de dos años difícilmente halla límites a su actividad diaria si no se los imponen los adultos. El resultado es que es imposible tenerle sentado, es difícil llevarle a la cama, no tiene tiempo para comer… Este derroche de actividad es reflejo de su buena salud, física y psíquica.

Al mismo tiempo se enfrenta a nuevos retos de sociabilidad, como es aprender a controlar sus necesidades. Aunque todavía sea un bebé, todo su cuerpo va estilizándose y armonizándose y su independencia motriz y manual es ya constatable.

En esta etapa, el niño aumenta considerablemente su vocabulario y capacidad discursiva y aprenderá a controlar sus esfínteres. Continúa siendo egocéntrico y puede aparecer un problema muy delicado como es el de los celos. También manifiesta diversas dualidades; desde la valentía a los miedos o desde la cooperación a la protesta. Poco a poco se le debe guiar hacia la aceptación de la frustración.

Casi como si fuera de goma

Niña de dos añosEl cuerpo del pequeño de dos años conserva todavía muchas de las características del bebé. Su piel es suave, sus formas aún algo redondeadas, tienen un poco de barriga y su cabello es fino. Pero ya va mostrando ciertas características del niño que será en el futuro: las proporciones entre su cabeza y el resto del cuerpo comienzan a ser más armónicas y sus rasgos más estilizados.

Como se ha indicado en el capítulo anterior, el ritmo de crecimiento es ya mucho más pausado y se conserva la media de evolución anual para talla y peso de unos 10 Cm y 2 Kg, cada año. El desarrollo más espectacular corresponde a su independencia motriz y manual.

El niño de dos años tiene ya una gran seguridad en sus miembros y es capaz de subir y bajar escaleras agarrado a la barandilla, aunque apoyando los dos pies en cada escalón, y de subir y bajar de la trona, del sofá, de cualquier silla, del tobogán, etc., sin ayuda.

En este año, los niños y la niñas aprenderán a chutar el balón e incluso a montar en triciclo, una actividad que suelen encontrar absorbente y que les permite fortalecer su musculatura, calibrar distancias y direcciones y potenciar su equilibrio. Tanto derroche de actividad implica numerosas caídas de las que el niño suele salir indemne después de medio minuto de lloros. Y es que su cuerpo es tan elástico que parece casi de goma.

Enriquecer su lenguaje

Al avanzar este año, el niño aumenta considerablemente su vocabulario y capacidad discursiva, siendo capaz de decir frases completas. Aunque continúe el interés por imitar, el lenguaje le ayudará a comprender muchas cosas y se convertirá en el mejor aliado del aprendizaje. De ahí que un pequeño de esta edad interrogue acerca de todo y plantee preguntas casi metafísicas como el por qué no hablan los gatos como Gardfield, o preguntan si un aparato de televisión tiene sed, o si puede volar como las protagonistas de los dibujos animados de Las Supernenas.

Las preguntas van ayudándo a enriquecer su lenguaje y su capacidad de comprensión del mundo. Por eso es Importante contestarlas, con más o menos coherencia. También empezará a utilizar los pronombres, aunque al principio sea normal cierta confusión.

El diálogo es fundamental en esta etapa, ya que potenciará el lenguaje del niño. Los padres han de establecer con él una comunicación recíproca; es decir, también hay que escucharle. Si el niño de dos años no habla, habrá que dirigirse a un especialista.

Preparado para usar el orinal

Niña haciendo pipiEl tema del control de esfínteres y sobre el momento en que hay que acostumbrarle a ir al inodoro suscita un amplio debate entre los especialistas.

Algunos sostienen que insistir en ello cuando el pequeño no está preparado sólo creará resistencia y retardará aún más el proceso. En términos generales, la etapa de los dos años se considera la más adecuada, y aunque algunos niños logren controlar sus esfínteres al año y medio, es importante que a los tres años todos lo hayan conseguido.

Es conveniente saber que en general las niñas son más precoces que los niños en muchos aspectos, como también a la hora de hacer el pipí y sentarse en el orinal. En este tema, como en muchos, la atenta observación de los padres dará las claves.

En principio, es necesario que el niño reconozca las sensaciones de estar mojado o de tener el pañal sucio. Si se siente incómodo, lo manifiesta y además lleva ya un tiempo con ganas de “probar la experiencia de sentarse en el inodoro”, quizá sea el momento de plantearlo.

Además, el niño debe entender lo que significan los términos «pipí» y «caca» y comenzar a utilizarlos. Lo mejor es hacer coincidir el momento de quitarle el pañal con el buen tiempo y facilitar el proceso con ayuda de un orinal. Llegados a este punto, los adultos han de armarse de calma y paciencia y seguir una serie de estrategias.

Hay niños que una vez que se acostumbran a funcionar sin pañales durante el día, automáticamente dejan de mojarlo durante la noche. En estos casos, se facilitará su descanso nocturno si se les hace orinar antes de acostarse. Conviene estar preparado a que, de repente, el niño manifieste un retroceso en el control de esfínteres. A veces puede ser una actitud pasajera, y que el niño restituya poco después la costumbre ya adquirida; otras veces las causas pueden ser psicológicas, como por ejemplo los celos.

Tan valiente y tan miedoso

El pequeño aventurero no calibra los riesgos porque se siente a la vez más seguro de sus posibilidades y no es capaz de distinguir, por el momento, los peligros. Pero el niño de dos años manifiesta una dualidad curiosa: se presenta muy valiente en ciertos aspectos, pero muy miedoso en otros.

Los miedos infantiles aparecen en el primer año pero continúan desarrollándose, quizá de forma más aguda, en los dos y tres años. El más común es el miedo nocturno, cuando ha de enfrentarse solo a la oscuridad en su habitación. El mundo real se mezcla con el imaginario y las fronteras son tan tenues que crean auténticos conflictos interiores.

Por mucho que sus padres se hayan empeñado en suavizar los cuentos infantiles, aparecen inevitablemente los fantasmas. Pero los especialistas aducen que estas reacciones confirman su crecimiento y que definitivamente van superando la etapa de bebés en su evolución. El niño también necesita el miedo para poder establecer unas pautas de seguridad en su vida futura.

Se le ayudará a vencer sus terrores razonando sobre el mismo miedo, y convenciéndole de que sus padres siempre estarán a su lado… Y, por supuesto, no hay que dejar nunca a un niño a merced de sus pesadillas, que acostumbran a aparecer también en esta etapa. Necesita que alguien le tranquilice y le ayude a relajarse y para ello nadie más indicado que una madre o un padre.

La relación con los demás y los celos

Niño de dos años con su hermanoEl niño de dos años continúa siendo egocéntrico aunque ya empieza a encontrar placer en la relación con otros niños. De sus costumbres de cuando tenía un año conserva esa capacidad por estar al lado del otro mientras permanece absorto en su propio mundo, ajeno totalmente al compañero.

A lo máximo que puede llegar es a contribuir agregando más arena al montículo que ha comenzado otro niño o a compartir el balancín durante breves Instantes. Es su comportamiento típico. Habrá que esperar a los tres años para que el pequeño adquiera la capacidad de jugar de forma interactiva con sus coetáneos.

El niño de dos años también juega mejor con niños mayores, quienes, si no son hermanos, suelen comportarse de forma más tolerante, le dirigen, le enseñan nuevas cosas -vitales para su ansia de aprender- y aguantan mejor sus limitaciones. Los problemas más delicados se establecen con los menores, sobre todo si llegan dispuestos a competir por el afecto de su madre.

Los celos surgen principalmente en esta etapa: celos cuando su mamá alza en brazos a un bebé de unos conocidos o familiares; celos cuando el hermano o la hermana mayor se permiten ciertas conductas prohibidas a él; celos cuando aparece un nuevo competidor, mucho más pequeño en la familia. Ayudarle a superar correctamente esta etapa es uno de los esfuerzos paternos que se verá más positivamente recompensado.

Rabietas y berrinches en niños de dos años

A veces el bebé es un encanto y se muestra sumamente cooperativo, mientras que otras le da la pataleta. El niño de dos años es pura dualidad y en ésta no faltan las rabietas y los berrinches. Las causas de estos ataques de obstinación son básicamente dos: una es que al no tener todavía noción del tiempo, necesita satisfacer sus deseos al instante. Todavía le falta tiempo y experiencia para aprender a aceptar la frustración.

La segunda se centra principalmente en su interés por realizar proezas alejadas de sus capacidades, ya que para él la vida constituye una prueba constante. Existen otras razones, como pueden ser los celos o que esté midiendo las fuerzas con sus padres para ver hasta dónde puede llegar. En todos estos casos sólo la calma y la firmeza permitirán sobrellevar la crisis. Si los padres se han mantenido firmes en una decisión, ésta será aceptada por el pequeño sin problemas en la siguiente ocasión.

Cómo ayudarle a dejar el chupete

Niña con chupeteAl igual que en el control de esfínteres, alrededor de los dos años es un buen momento para defenestrar el chupete de su vida, aunque no conviene hacerlo todo al mismo tiempo.

Se escogerá una etapa tranquila (nunca cuando esté padeciendo una enfermedad o una convalecencia o haya cierto estrés en el hogar) y se hará de una forma gradual y progresiva. Se puede empezar anunciándole que el chupete se va a quedar en casa a la hora de ir a salir de paseo.

El siguiente paso será limitarlo sólo a la noche o a las siestas y el último explicarle que ya no necesita el chupete y que es capaz de vivir tranquilamente sin él.

Hay padres que prefieren hacerlo de forma expeditiva, pero para ello se deberá contar con la concienciación del pequeño (por ejemplo, que él mismo sea el que lo tire a la basura como paso fundamental para hacerse mayor). Es evidente que, si existía dependencia, el niño pasará unos días intranquilo, desasosegado, malhumorado, pero pronto lo superará.

¿A la cama sin protestar?

El niño de dos años todavía no tiene bien definida la noción del tiempo, por lo que la sucesión del día y la noche tampoco está clara.

A esta edad en la que tiene tanto por hacer, se resiste a dormir aunque esté francamente cansado, y cuanto más cansado está más difícil es llevarle a la cama. Los especialistas indican que en esta etapa sus necesidades de sueño se sitúan en unas trece horas diarias, de ahí que la siesta sea fundamental. Su cerebro necesita esas horas para poder desarrollarse con normalidad, ya que durante el sueño se reestructuran correctamente lo aprendido durante el día. Hay estudios que relacionan el dormir poco a estas edades con el fracaso escolar en el futuro del niño.

Por la noche, siempre será recomendable crear un entorno apacible y unas costumbres fijas, repetitivas e inalterables que preludien el descanso nocturno, es decir que todos los días exactamente a la misma hora: hacer un pipí, leer un cuento en su cama, besito de buenas noches y apagar las luces, siempre en este orden. Y, sobre todo, acostumbrarle a un horario estable y a dormir en su cama, ya que dejar que se acueste con los padres puede llegar a ser una costumbre difícil de erradicar.

Cantando también se aprende

A los niños de dos años les encanta cantar. Aprenderán canciones sencillas en la guardería, con sus dibujos animados favoritos, tararearán por su propia cuenta las que escuchen de su madre… Potenciar esta faceta es colocar un buen cimiento para su posterior desarrollo, tanto en vocabulario como para aprender a pronunciar el sonido de ciertas consonantes que son difíciles en el idioma español (como por ejemplo la “rr”, la “s”, etc).

El pequeño aprende así a educar poco a poco su oído y a enriquece su vocabulario al mismo tiempo que se divierte.

El niño de dos años y los videojuegos

A partir de los dos años y medio (o incluso antes) el niño de dos años ya puede empezar a jugar a videojuegos simples, con los que puede aprender conceptos básicos como los colores, los números y otros conceptos algebraicos simples, además de familiarizarse con las nuevas tecnologías. Simplemente muéstrele como se hace y verá que en pocos minutos aprenderá todo lo básico para jugar por si mismo. No debe permanecer largo tiempo delante de la pantalla y debe alternarse con actividades físicas para evitar el sedentarismo u otros problemas.

Es muy recomendable que esté a su lado para enseñarle como funcionan ciertos juegos y a diferenciar entre los “botones” del videojuego y otros elementos externos como banners publicitarios. Se quedará maravillado de hasta que punto los niños tan pequeños son capaces de aprender a manejar las nuevas tecnologías en tan poco tiempo de práctica.

El niño de un año y sus características

Niña de un año

Cuando el niño tiene un año (entre los doce y veinticuatro meses), los progresos son incesantes: andar, hablar… Con las primeras palabras llegan también las primeras características propias de su personalidad: el bebé va tomando conciencia de sí mismo y, a la par que su discurso, va construyendo progresivamente sus rasgos de identidad.

Cumplidos los dos años, el niño es agotador e incansable y difícilmente halla límites a su actividad diaria. Con su tercer cumpleaños está ya preparado para el paso al mundo de la infancia.

El niño de un año ralentiza su crecimiento físico pero, por el contrario, su desarrollo psíquico y motor se hacen mucho más evidentes. El afán de satisfacer la curiosidad por todo lo que le rodea va íntimamente ligado con el deseo de independencia.

El lenguaje constituye una de sus más importantes adquisiciones en esta etapa. Su círculo de relaciones se amplía, sobre todo si ya va a la guardería, pero todavía prefiere la compañía de los adultos a la de los niños de su misma edad. Paralelamente, aumenta su tendencia al desafío y el deseo de imponer sus decisiones para reafirmar su propia personalidad.

EL NIÑO DE UN AÑO

En este segundo año de vida, es decir, de los doce a los veinticuatro meses, la evolución de la talla y el peso es mucho menos espectacular que durante el primer año. El crecimiento corporal parece ralentizarse a favor del desarrollo psíquico y de las diversas habilidades (motoras, manuales, etc.).

Ahora ganará aproximadamente unos 40 g por semana, que se traducen en unos 2 kg por año. La talla también aumentará lentamente (unos 10 cm por año). Además, hay que tener en cuenta que en esta etapa se combinan períodos largos en los que apenas se modifican la talla y el peso con otros mucho más cortos en los que se produce dicho aumento (por ejemplo, tras una enfermedad). Su cuerpo sigue siendo el de un bebé pero la musculatura de sus piernas, conforme va ejercitándose en andar, adquiere mucha más fuerza y sus articulaciones se van enderezando.

Niña de un añoLa habilidad manual se hace especialmente significativa: puede abrir una caja, coger una cuchara, tomar un vaso para beber… Pero la boca sigue siendo su mejor laboratorio de exploraciones, sobre todo teniendo en cuenta que sus encías están muy sensibles a causa de la aparición de los primeros dientes.

En el trimestre que va de los quince a los diecisiete meses, el niño asegura sus primeros avances del año. El que ya ha aprendido a andar gana seguridad en sus pasos. El trepar y el tocarlo todo se convierten en actividades muy tentadoras y que tenderán a opciones a partir de los dieciocho meses. En esta época, actividades como sentarse solo en una silla, agacharse o caminar marcha atrás van constituyendo su adiestramiento en el equilibrio global del cuerpo.

Curiosidad por todo lo que le rodea

Conforme el pequeño va adquiriendo cierta independencia motriz, aumentan las posibilidades de satisfacer su curiosidad, al mismo tiempo que se amplía el universo por descubrir. Su curiosidad es insaciable y a menudo puede conllevar asociados algunos peligros. Sin embargo, una vez establecidos los límites que impone el riesgo, fomentar su curiosidad y ayudar a canalizarla facilitará su desarrollo. Esta misma curiosidad hará que más adelante el niño se interese por los números, las letras, el conocimiento en general.

Este deseo por satisfacer la curiosidad va íntimamente ligado con sus ansias de libertad. El niño de un año reclama ya las excursiones fuera del parque. A partir del año y medio, y conforme sus pasos se consolidan, se siente más fuerte y más preparado para las escapadas. Al pequeño le encanta escabullirse del control del adulto, que le persigan… y tolera cada vez peor que le contradigan, tanto las personas como los objetos. Una pieza que no se suelta o un cuento que no se abre por donde él quiere pueden encender su cólera.

El deseo de tocar y las frustraciones (canalizadas la mayor parte en berrinches) expresan muy bien esa lucha por la autonomía que no ha hecho más que comenzar.

La adquisición del lenguaje

Niña de un añoConstituye uno de los retos más Importantes de este segundo año de vida, pero todavía habrá de pasar un tiempo para que sea capaz de comunicarse y relacionarse con el entorno a través de la palabra. No todos los niños desarrollan sus habilidades lingüísticas al mismo ritmo; pero a esta edad, aunque su capacidad para expresarse verbalmente sea limitada, sabrán comunicarse, comprenden lo que se les dice y obedecen órdenes sencillas.

Lo Importante es respetar su evolución y fomentar su aprendizaje hablándoles y dándoles un modelo correcto. Al niño de un año le encanta imitar y de la imitación surgirán sus primeras palabras, aunque al principio no sea capaz de reproducirlas correctamente. Pero sólo es cuestión de tiempo, siempre y cuando el modelo sea el adecuado.

Los adultos nunca deben convertir las palabras del niño en un idioma sui géneris del hogar, que a la larga puede repercutir en un retraso en la adquisición de un lenguaje óptimo.

Entre los quince y los diecisiete meses su léxico aumenta, y su vocabulario posee de diez a veinte palabras. Es la época de las palabras-frase, en la que una sola palabra puede tener numerosos significados según el contexto y la forma en que las pronuncia. Más adelante el bebé será capaz de construir frases de dos o tres palabras y de asociar más de un concepto. Es entonces cuando aprende a decir «no», palabra que se convertirá en el epicentro de buena parte de sus manifestaciones verbales. Paralelamente se amplía también su capacidad de comprensión y ante peticiones u órdenes sencillas responderá con acciones concretas.

El círculo de relaciones se amplía

Conforme pasa el tiempo y aumenta la independencia del niño, el círculo de sus relaciones se amplía, sobre todo si acude a la guardería.

De todas formas, el pequeño sigue llevándose mejor con los mayores y estas preferencias continuarán firmes durante un tiempo. La observación detenida de un grupo de niños en un parque permite calibrar hasta qué punto la armonía brilla por su ausencia en el contacto con sus coetáneos: pueden darse un abrazo y, al cabo de un minuto, pegarse o pelearse por el mismo juguete. Poco a poco, y sobre todo si la convivencia con otros niños de su edad se convierte en una costumbre cotidiana, el niño aprenderá a jugar con los demás, aunque por el momento la relación se limite a jugar a su lado.

Respecto a la familia, la relación afectiva con los padres seguirá siendo la más importante y continuará potenciándose. Evidentemente depende de ellos para satisfacer buena parte de sus necesidades básicas pero también se permite el lujo de protestar. Aunque en esta época tolera mejor las separaciones temporales, sigue reclamando a menudo la atención de sus padres, en especial de la madre. Será cuando esté enfermo, cuando más exija el contacto materno. La madre le calma, le acaricia, entiende su malestar…

En cambio, en los momentos en que derrocha salud buscará también al padre para compartir con él sus juegos. En esta época el contacto con los abuelos también empieza a ser gratificante. Los abuelos, por regla general, son más tolerantes con ciertos temas. Libres de la responsabilidad de «educar», en sentido estricto, están abiertos a una relación más atractiva y esto es percibido inmediatamente por los pequeños. Asimismo, si hay hermanos, la relación también se potencia, ya que encuentran en ellos un compañero para sus juegos, siempre que la edad del otro lo permita. Lo ideal para ellos es que sea un año o año y medio mayor.

De la cuna a la cama

El traslado de la cuna a la cama dependerá del tamaño del niño y de la necesidad de preservarlo de los peligros que conlleva su mayor movilidad e independencia (si hace intentonas de saltar por encima de la barandilla o ya ha saltado…). Se ha de procurar que coincida con una etapa tranquila, sin otros cambios importantes en su vida, y convencerle de que él ya es mayor para seguir durmiendo en la cuna como un paso más en su evolución. Los psicólogos recomiendan que el cambio se realice alrededor de los dos años y medio o tres, cuando el pequeño ya controla sus esfínteres.

No, no y no

El “no” es indisociable del niño de un año, como el «¿por qué?» lo es del niño de tres. Esta etapa es esencial para que el pequeño afiance su independencia y autonomía y para reforzar su personalidad. Esa tendencia a la oposición ha de ser llevada por los padres con cierta relatividad. Comprobar cómo un ser tan pequeño puede comportarse de forma tan obstinada, y sin entrar en razones porque no las tiene todavía objetivadas, puede llegar a poner muy nervioso a cualquiera. Corresponde a los padres hacer alarde de prudencia y mucha paciencia. Al cabo de veinticuatro meses, esta actitud desafiante e irracional se diluirá en una balsa de aceite: a partir de los dos años, la capacidad de conversar se hace más evidente y hasta empiezan a cultivar el sentido del humor

Menos horas para dormir

Niña durmiendo con ositoAl año y medio -entre los quince y los diecisiete meses-, es normal que el pequeño ya haya abandonado sus siestas matutinas, aunque las de las tarde continuarán hasta que comience la etapa preescolar, más o menos a los tres o incluso a los cuatro años. Hasta esta edad los progresos son continuos, y todos estos cambios pueden perturbar sus noches. Para que duerma bien habrá que seguir respetando un cierto ritual, aunque ya más adaptado a las nuevas condiciones. Aunque abandonen la siesta de la mañana, queda la tarde, ya que dormir seguirá siendo bastante imprescindible hasta la edad de tres o cuatro años. La duración de la siesta dependerá de las características del niño y de cuánto haya dormido por la noche. Lo importante es que se despierte por sí mismo, espontáneamente, Por regla general, el niño de un año duerme una media de catorce horas incluyendo la siesta, pero las excepciones también son abundantes.

Manzanilla, melisa…

salut-infantil-29b-flores-margaritasLa mayoría de los problemas de nerviosismo e intranquilidad que se presentan en los bebés responden generalmente a trastornos de origen digestivo. Hay que tener en cuenta que sus enzimas digestivos no están todavía maduros -sobre todo cuando se trata de acostumbrarse a la leche llamada artificial, cuya digestión es más lenta que la de la leche materna-, lo que puede traducirse en gases y malas digestiones que les incomodan.

Uno de esos trastornos es el denominado cólico del lactante, un problema puntual de los primeros meses sobre el que los expertos manifiestan divergencias: algunos lo atribuyen a la mala digestión, otros al miedo a enfrentarse a la oscuridad. Lo cierto es que muchos pequeños lloran y doblan las piernas contra la barriga cuando la luz diurna comienza a decaer. En estos casos puede ser aconsejable la utilización de ciertas hierbas naturales, como la manzanilla, la melisa o el anís verde, con suaves propiedades tranquilizantes y que facilitan la digestión y expulsión de los gases. Existen preparados instantáneos específicamente para lactantes.

Enfermedades frecuentes en los niños pequeños

Comprobando la fiebre a un niño

Los niños acostumbran a pasar varias enfermedades típicas. De hecho, algunas, como los resfriados, incluso suelen “repetirlas” muchas veces. Se considera que buena parte de ellas le ayudan a hacerse más fuerte; otras son “gajes” de la edad.

Resfriados

Las denominadas infecciones respiratorias -desde un leve resfriado hasta las anginas, otitis o bronquitis- son la causa de más de la mitad de las enfermedades infantiles y la principal de las consultas al médico. Desde el nacimiento hasta alrededor de los cinco años, el niño sufre una media de 50 a 60 episodios de este tipo.

Y es que, en efecto, los pequeños están especialmente predispuestos a caer ante este tipo de infecciones por una causa totalmente natural, ya que presentan un déficit de inmunoglobulina A secretora, que es la que protege las mucosas, hallándose ésta en una proporción muy baja hasta los cuatro años.

Cómo tratar de evitar los resfriados

Ciertas reglas de higiene de vida representan un buen medio de prevención:

  • Cada día debe airearse la habitación del niño, sea invierno o verano. Ésta debe mantener una temperatura entre los 18 y los 20 grados.
  • Hay que eliminar el tabaco del entorno del niño. El tabaquismo pasivo es uno de los primeros responsables de la contaminación doméstica.
  • Los humidificadores son excelentes en invierno, sobre todo si en el hogar existe calefacción.
  • En las salidas del niño a la calle, es mejor el paseo por parques, bosques y jardines que por vías muy transitadas. Si hace frío habrá que protegerle los oídos y la garganta con gorros y bufandas.
  • Un 80 por ciento de los virus se vehiculan por la mucosidad nasal presente en las manos. En ellas los virus permanecen activos más de seis horas, lo que hace evidente que pasen de mano en mano y participen de forma dominante en la transmisión de las infecciones de vías respiratorias. Por eso desde muy pequeños hay que acostumbrarles a lavárselas a menudo.
  • La higiene nasal es fundamental, tanto en el bebé como en el niño más mayor. Libera la nariz de impurezas que resultan un terreno favorable para los virus y limita el desarrollo de infecciones en las vías respiratorias: sonarse frecuentemente puede evitar la propagación de los microorganismos y limitar complicaciones como las otitis, sinusitis, bronquitis, etc.

Alergias cutáneas: eccemas

Niño con enfermedad cutáneaLa dermatitis atópica o eccema afecta a entre un 5 y un 10 por ciento de los bebés a partir de los dos o tres meses y aparece generalmente ligada a antecedentes familiares, aunque pueden existir otros factores del entorno que la desencadenen, ya sean alimentarios, contaminantes o bien incluso psicológicos, como una excesiva ansiedad.

Evoluciona con crisis intercaladas con períodos más o menos largos de remisión y normalmente desaparece de manera espontánea hacia los dieciocho meses. Se caracteriza por un aspecto seco y áspero de la piel, más tarde adquiere un tono rojizo que puede acompañarse de hinchazón, e incluso pueden aparecer pequeñas ampollas que al secarse se convierten en costras.

En los más pequeños afecta especialmente a la cabeza y a la parte superior del cuerpo; en los mayores se localiza en todas las zonas con pliegues y a veces en manos y pies. No ha de confundirse con la costra láctea.

Es esencial el diagnóstico del médico, que indicará tratamiento en caso de eccema repetitivo y con sobrein-fección. En lactantes el pediatra también puede aconsejar descubrir el alimento responsable de la alergia y eliminarlo de la dieta de la madre o bien pasar a una leche hipoalergénica artificial.

En los casos leves, unas medidas de higiene sencillas bastarán para hacerlo desaparecer en el plazo de una o dos semanas:

  • Evitar el contacto con el sol y el agua del mar.
  • Procurar que sus ropas sean de algodón.
  • Lavar las prendas con jabones naturales y enjuagarlas muy bien.
  • Limpiar la piel del bebé utilizando jabones sin detergente y aplicar sobre ella aceite de almendras dulces o aceite de oliva virgen extra.
  • Espolvorear arcilla blanca sobre las zonas supurantes.

 

Enfermedades exantemáticas

Niño con fiebre llorandoCasi todas las enfermedades exantemáticas -rubéola, varicela, sarampión, escarlatina, roséola infantil- están causadas por virus y tienden espontáneamente hacia la curación por sí solas no precisando tratamiento antibiótico, sino nada más que medidas higiénicas y naturales para su mejoría, aunque es conveniente el seguimiento médico.

Hay una excepción a esta regla, la escarlatina, causada por una bacteria y en la que se necesita tratamiento. En general, el pediatra hará un tratamiento sintomático de las enfermedades exantemáticas encaminado a atenuar las consecuencias de los síntomas que las caracterizan: reducir la fiebre y el dolor; procurar que el niño esté siempre bien hidratado; reducir el picor de las lesiones de la piel.

Es raro que el sarampión y la rubéola aparezcan en el primer año de vida y en España en ese período se vacuna a los niños con la triple vírica, que las incluye junto con las paperas. Puede ser que a pesar de la vacuna el niño las sufra, pero será de forma mucho más atenuada. Cualquier niño que no se haya alimentado con el pecho puede coger la varicela.

Respecto a la roséola infantil, o exantema súbito, es de carácter muy benigno y no precisa tratamiento excepto la administración de líquidos. Se caracteriza por diminutos granos de color rojo que aparecen después de tres días de fiebre y la erupción dura unos dos días.

Diarrea

Puede estar ligada a una mala higiene de los biberones, a un episodio infeccioso, a la salida de los dientes o en período estival por cambio de agua, excesiva ingestión de frutas líquidas o las mismas condiciones ambientales que favorecen la multiplicación de los microorganismos patógenos.

En bebés muy pequeños es conveniente que el pediatra les examine enseguida y se debe estar especialmente alerta en combatir la deshidratación suprimiendo la leche durante veinticuatro horas, salvo si se le amamanta, y dándole suero. Posiblemente el médico aconseje que en los días posteriores se le ofrezca una leche de régimen o que se reduzca a la mitad la concentración de su leche habitual.

Si el niño ya toma alimentos sólidos, se puede utilizar el agua de arroz o de zanahorias durante las primeras doce o veinticuatro horas. Si hay tendencia al vómito, convendrá dársela a cucharaditas. Los dos o tres días siguientes se continuará con arroz hervido, manzana rallada, plátano chafado, pan tostado y dulce de membrillo.

La papilla de frutas puede prepararse con zumo de limón, dulce de membrillo, manzana y plátano. En niños de dos y tres años convendrá que se supriman alimentos agresivos durante unos cuatro días: la leche, las verduras, las frutas ácidas y la carne. Para ayudar a la regeneración de la flora intestinal, puede consultarse al pediatra la conveniencia de ofrecerle lactobacilos.

PREVENCIÓN DE LAS ALERGIAS

Cada vez son más los expertos que coinciden en que es posible limitar los riesgos de alergias futuras en los primeros años de vida vigilando la dieta y la higiene en casa. Incluso se indica que esta prevención comienza desde el embarazo, y la gestante con problemas de alergia familiares debe cuidar especialmente su alimentación.

Casi todos los alergógenos naturales son proteínas, pero tampoco deben olvidarse los conservantes y colorantes incluidos en los alimentos procesados. Por eso es fundamental que la embarazada y la madre que da de mamar siga una dieta lo más natural posible con alimentos frescos y que ésta sea la pauta futura para el niño cuando pase a la alimentación sólida.

También en la introducción de nuevos alimentos se ha de tener un especial cuidado con los denominados alimentos de riesgo: leche de vaca, huevos, carne de cerdo, pescado, gambas, cacahuetes, soja, fresas, kiwis, especias, miel, chocolate. Éstos nunca deben incluirse en la dieta antes de cumplir un año; y cuando llegue el momento, siempre se hará de forma gradual y vigilando la reacción del pequeño.

Cosas a tener en cuenta al visitar al pediatra

Pediatra

Cuando vaya con su bebé o niño de visita al pediatra, es conveniente fijarse en estos aspectos del pequeño, sobre los que el profesional reclamará información:

  • Temperatura actual y su evolución.
  • Estado de su respiración (lenta, rápida, dificultosa). Existencia de tos y de qué tipo.
  • Si existe dolor y cómo lo manifiesta (llora, se toca los oídos, encoge las piernas).
  • Aspecto y color de la piel.
  • Deposiciones (aspecto y color).
  • Falta de apetito o existencia de vómitos.
  • Ojos (irritación, secreciones).
  • Estado de ánimo (abatido, inquieto, irritable, adormilado).

El sueño del bebé

Bebé durmiendo

Los problemas del sueño Infantil, o más certeramente, del sueño del bebé, representan un motivo frecuente de consulta al pediatra. Porque el sueño del bebé afecta principalmente al sueño de los padres. Si uno no duerme por la noche, los otros tampoco. Pero mientras el pequeño -sin obligaciones por ahora- puede permitirse el lujo de descansar a su gusto durante el día, a los padres no les ocurre lo mismo. Este diferente ritmo trastoca la armonía de muchos hogares. Recuperar un equilibrio entre ambas opciones requiere mucha paciencia, firmeza y algo más de conocimiento sobre el universo del pequeño, con sus pros y sus contras.

Las primeras semanas de vida

El bebé duerme unas dieciséis horas diarias -aunque algunos pueden llegar a las veinte y otros no superar las catorce- y sobre todo ¡de día! Esta actitud es normal desde las primeras semanas e incluso hasta alrededor de los seis meses. Hay que tener en cuenta que, durante su vida intrauterina, su reloj biológico funcionaba de forma muy diferente al de la vida en sociedad. Cualquier madre puede recordar que, conforme su embarazo iba siendo más evidente, el feto parecía completamente relajado durante el día y comenzaba a removerse o dar patadas entre las nueve y las doce de la noche. Por tanto, será necesario un tiempo hasta que el pequeño se adapte a las nuevas condiciones o requerimientos.

Durante las dos o tres primeras semanas, conviene adaptarse al ritmo del bebé al mismo tiempo que se le va encauzando, sin presiones ni prisas, a las nuevas condiciones que reclama el ritmo de vida actual. Para ello bastará con mantener su estancia en la oscuridad si es de noche evitando cerrar la puerta, y bajar la persiana o la voz durante sus siestas diurnas. Así él se habituará al ritmo normal de la casa. Las tomas de la noche han de tener una atmósfera más calmada y a media luz, evitando mover mucho al bebé. A menudo, para conciliar el sueño por la noche, el bebé reclamará que se le meza o se le pasee.

Además, para inquietud de los padres, estos preámbulos se hacen cada vez más largos. Si hasta los tres meses con cinco minutos bastaba, a partir de entonces el tiempo va aumentando, a la par que disminuye la paciencia de los padres. De ahí que el pequeño deba aprender desde el principio a dormir solo, lo que no quiere decir que no se instituya un ritual para acostarle. Al contrario: la repetición de ciertos hábitos tranquiliza al bebé para el sueño. Cada día, a una hora fija, hay que instalarle todavía despierto en su cuco o cuna -mejor después del baño y la toma-, acariciarle la cabeza unos segundos, cantarle una nana o accionarle una cajita de música y dejarle dormir sin la presencia de la madre.

Ya ha cumplido su primer mes

Y con ello el pequeño comienza a diferenciar el día de la noche. Los biberones o las tomas nocturnas se espacian. Al mismo tiempo, es normal que también por esta época aumenten sus crisis de lloros al caer la tarde y no haya manera de calmarlo. Si el niño ha mantenido durante el día una actitud normal y ha estado risueño y tranquilo, no hay por qué preocuparse. En estos momentos debe intentarse no entrar en el círculo vicioso de los brazos. Un buen baño relajante y si es necesario alguna infusión calmante especial para bebés pueden ser de ayuda. Además, es necesaria una buena dosis de paciencia y mantenerse firme en que duerma solo, aunque sea necesario entrar cinco o seis veces en su habitación hasta que lo logre.

Cuatro meses: el momento crítico

Por estas fechas el bebé ya ha comenzado a organizar sus jornadas: noche completa, una o dos siestas por la mañana y una gran siesta al mediodía. En definitiva, ha cambiado y encontrado su propio ritmo en el nuevo entorno. Pero es ahora cuando los padres han de estar más alertas e inculcarle un buen hábito de sueño. Sigue siendo completamente válido (más, si cabe) el ritual para acostarse con sus elementos externos asociados, como cuna, nana, música, mascota y despedida, mantener una actitud segura (el pequeño debe entender que conciliar el sueño solo es lo más natural del mundo) y un horario fijo.

Si se le pasa la hora de dormir, posiblemente habrá que esperar bastante tiempo para que logre conciliar de nuevo el sueño. A partir de entonces será necesario también estar atentos a no instaurar malas costumbres (por supuesto, nada del chupete untado con azúcar para que se calme o de acostarle en la cama de los padres). Si se despierta por la noche y protesta ligeramente, habrá que esperar un rato a su lado para que se duerma sin romper su ciclo normal -es decir, no levantarlo ni mecerlo-, simplemente intentando tranquilizarle.

 

¿Dónde acostar al bebé?

DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS TRES MESES

Es mejor un cuco, ya que por sus pequeñas dimensiones se hace más agradable, cálido y reconfortante para el bebé (que todavía no ha “olvidado” lo cómodo que estaba en el seno materno).

El momento de cambiarlo dependerá, y es obvio, del desarrollo del niño. Más o menos a los tres meses el cuco se queda pequeño para las proporciones que ha adquirido el niño.

A PARTIR DE LOS TRES MESES

En su propia cuna y a ser posible en su habitación, si hasta entonces el bebé ha permanecido en la de los padres. Casi todos los niños agradecen por estas fechas el aumento de espacio para tumbarse a gusto.

Cómo bajar el riesgo de muerte súbita del bebé

De causa desconocida, la muerte súbita se produce en bebés de pocos meses, sin ningún síntoma previo. El bebé aparece muerto en su cuna sin señal alguna de sufrimiento.

En los últimos años, este tipo de muerte ha descendido debido, según algunas hipótesis, al hecho de que ahora se aconseja a los padres acostar a sus bebés sobre la espalda o de lado y no boca abajo como se solía recomendar hace unos años.

Al parecer, en esta última posición (que se recomendaba para evitar que las regurgitaciones de leche ahogaran al niño) existe un mayor peligro de hipertermia y de asfixia, ya que la nariz y la boca están pegados contra el colchón y pueden dificultar su normal respiración.

Un estudio reciente realizado en Gran Bretaña ha demostrado que las tasas de muerte súbita en aquel país habían disminuido a la mitad después de que las autoridades sanitarias recomendaran colocar a los bebés en la cuna boca arriba.

Otros estudios han identificado algunos factores comunes en la muerte súbita, como un déficit ponderal en el nacimiento, padres fumadores, pañales muy apretados y habitaciones mal ventiladas o muy calientes. Dos estudios, uno neozelandés y otro británico, han llegado a la conclusión de que dejar que el niño duerma en la habitación de los padres hasta los seis meses reduce el riesgo de muerte súbita.

Se aconseja también evitar los edredones de plumas, los colchones blandos, los almohadones protectores mal fijados y vigilar que la temperatura de la habitación del bebé no sobrepase los 20 grados. Estas simples precauciones han hecho descender notablemente en los últimos años la tasa de muerte súbita.

Primeros días del bebé en casa

madre con bebé

Hay ya en casa un nuevo inquilino, en torno al cual va a girar, presumiblemente, toda la vida de la familia. Cada día, cada momento de este inicio a la vida estará lleno de emociones y de gratas experiencias para el bebé y sus padres. Existen tantos aspectos fundamentales en esta etapa, y tantas interrogaciones, que se deberá estar especialmente atento a los adelantos del bebé, y seguirlos muy de cerca. Durante el primer año de vida, el bebé estirará su talla sorprendentemente, ganará peso y fortalecerá sus piernas, preparándolas para los primeros pasos.

El esbozo de un bebé en los primeros doce meses sería, a grandes rasgos, el siguiente: engordará y crecerá de forma espectacular para llegar, al cumplir el año, a los 10 kg y los 75 cm, aproximadamente. Buena parte de sus reflejos evolucionarán para convertirse en movimientos voluntarios. Aprenderá que estar contento o enfadado tiene sus propias expresiones diferenciadas, y que sus manos son la mejor herra

mienta para el conocimiento del mundo. Sus dientes comenzarán a aflorar en las encías y producirá sus primeras palabras. También se preparará para dar sus primeros pasos.

CONTROL DE TALLA Y PESO

Las estadísticas generales clasifican a los neonatos -bebés en el primer mes de vida- según el tiempo de gestación y el peso. Con todo, no hay que obsesionarse con esta clasificación. El primer apartado incluye tres subgrupos: recién nacidos a término, entre las treinta y siete y las cuarenta y dos semanas de gestación; prematuros, cuando llegan al mundo antes de las treinta y siete semanas de gestación; y nacidos después de las semanas establecidas, a partir de las cuarenta y dos semanas de gestación. El peso también conlleva divisiones: peso normal (entre 2.500 y 4.000 g), peso bajo (menos de 2.500 g) y peso elevado (más de 4.000 g). A partir de estas clasificaciones y combinándolas se dan todas las variantes posibles.

Un bebé que nace dentro del período considerado normal pesa, por término medio, 3.300 g, mide 50 cm y tiene un perímetro craneal de 34 centímetros. Estas cifras han de tomarse como simples orientaciones, ya que las características de un neonato pueden variar según el sexo -la estatura y el peso suelen ser algo mayores en los niños que en las niñas-, los factores genéticos -estatura y constitución de los padres- y las condiciones de vida de la madre durante el embarazo.

Durante los primeros días, el recién nacido pierde cerca del diez por ciento del peso que tenía al nacer. La denominada pérdida fisiológica se recupera fácilmente en la segunda semana. A partir de entonces resulta fácil comprobar el aumento de peso. En el primer trimestre los bebés suelen engordar entre 150 y 200 g semanales. En el segundo trimestre, de 100 a 150 g. En el tercer trimestre el aumento es de unos 100 g semanales, y en el cuarto se reduce a unos 70 g a la semana. Con esta progresión, a los cuatro o cinco meses doblan su peso, que estará en torno a los 10 kg cuando cumplan un año. Respecto a la talla, la media de crecimiento es de 10 cm a los cuatro meses y otros tantos a los doce meses, con lo que el pequeño medirá al año unos 20 o 25 cm más que cuando nació.

Los niños que han nacido con bajo peso o menor medida tienden a equipararse con sus coetáneos al cabo de unos meses. Así que no hay que desanimarse si un bebé prematuro, aunque en buen estado de salud, ha pesado sólo 1.570 g y medido 40 cm. A los doce meses puede haber alcanzado el peso y la estatura medios de un niño de su edad. Además, los bebés también pasan por «crisis» de crecimiento que surgen de pronto. Es fácil darse cuenta porque, de repente, parecen hambrientos e insaciables, abalanzándose al pezón o a la tetina del biberón.
La curiosidad lo puede todo

Imaginarse en la piel de un recién nacido da una medida de la gran aventura a la que debe enfrentarse: un mundo en principio extraño que puede provocar sensaciones de todo tipo. Necesita tiempo y un largo aprendizaje. Si el recién nacido duerme la mayor parte del día y apenas abre los ojos, poco a poco, a partir del primer mes, comenzará a interesarse por el mundo que le rodea: primero será su propio cuerpo, luego los objetos de su alrededor y por último las personas de su entorno (el hogar, el parque, la guardería). En todo ello, la curiosidad es el primer factor estimulante. Su inteligencia se va despertando a través de las vivencias.

Estas «crisis» acostumbran a durar, más o menos, dos días hasta que todo vuelve a la normalidad. Por ello es aconsejable no obsesionarse con el tema. Las periódicas visitas que el pediatra establece para el control del pequeño permitirán que sea el profesional el que evalúe su correcto desarrollo;

DE LOS REFLEJOS A LOS MOVIMIENTOS VOLUNTARIOS

El neonato presenta al nacer una serie de reflejos, algunos de los cuales desaparecerán mientras que otros evolucionarán para convertirse en movimientos voluntarios. Entre ellos se hallan la capacidad de dar algunos pasos cuando se les pone de pie, o la de agarrarse fuertemente a los dedos de un adulto. Además el bebé, desde el mismo momento en el que nace, es capaz de sostener la cabeza breves instantes cuando se apoya sobre el vientre. Si se le acostumbra a mantener esta posición cuando está despierto, es evidente que desarrollará antes los músculos que le permitirán «aguantar» la cabeza recta.

Su curiosidad por el entorno será un buen acicate para el entrenamiento. Pero, eso sí, cuando se le levante o se le coja en brazos, hay que sujetar bien su cabeza, porque hasta los tres meses sus músculos no están preparados para realizar por sí solos dicho esfuerzo y habrá que esperar más o menos hasta los cuatro meses para comprobar que puede sostenerla correctamente y girarla en todos los sentidos.

El recién nacido también presenta otros reflejos tan importantes para su supervivencia como es el de succión, y otros que delatan sus esfuerzos de adaptación al nuevo medio, que no es precisamente una tarea fácil para él. Por eso no hay que asustarse si estornuda a menudo, aunque no esté resfriado -es una simple reacción a las pequeñas partículas de polvo que se le introducen por la nariz-, o si se sobresalta incluso espontáneamente: hay todo un mundo de ruidos nuevos, extraños, e incluso sensaciones a las que se debe acostumbrar.

En este apartado se incluyen también las regurgitaciones después de algunas de las tomas, que no han de ser consideradas vómitos ni han de implicar un problema; lo mismo que los ruidos intestinales, la contracción de las piernas y la presión como si quisiera hacer de vientre cuando come.

Es bastante normal que durante los primeros meses las deposiciones del bebé coincidan con las tomas, sobre todo si se alimenta con leche materna. Es lo que se denomina diarrea fisiológica.

UN BEBÉ DE LA CABEZA A LOS PIES

salut-infantil-06-bebeUna observación detenida del cuerpo del bebé y de los cambios que experimenta según pasa el tiempo revela información interesante sobre la evolución física de los seres humanos. La cabeza de un recién nacido por parto normal tiene una forma ovalada que irá desapareciendo en el transcurso de los días siguientes.

Ello es debido a que los huesos del cráneo todavía no están soldados, lo que facilita la salida del bebé al mundo exterior a través de la vagina materna. Por el contrario, los niños

que nacen por cesárea y que, por tanto, no han realizado el mismo esfuerzo, presentan una cabeza redondeada. Pero independientemente de la forma que presente, destaca el perímetro de la cabeza del bebé, de unos 34 cm. Los huesos del cráneo presentan dos fontanelas o separaciones entre ellos; la anterior se cierra entre los nueve y los dieciséis meses de vida; y la posterior, entre el primer y segundo mes.

En comparación con su cabeza, el cuerpo del bebé parece casi Insignificante: pequeño, con una tripa prominente y unas piernas cortas y arqueadas. Estas características irán cambiando poco a poco.

Así, durante este primer año, su tripa seguirá destacando pero sus piernas arqueadas comenzarán a enderezarse conforme adquiera seguridad al caminar.

También sus pies se presentan planos, ya que el arco de la planta se va formando lentamente. De ahí que cualquier especialista aconseje que el niño ande descalzo sobre la arena. Es la mejor forma de fortalecer su musculatura y de que el arco de la planta evolucione normalmente.

Su piel también variará en los días inmediatos a su nacimiento. Su color perderá ese tono rojo tan intenso y característico de los recién nacidos y el manto blanquecino y grasoso que la protege. Paralelamente renovará la

piel, en un proceso normal (descamación fisiológica) que se acusa principalmente en los dedos de las manos y los pies. El vello que puede cubrir su cara y hombros, denominado lanugo, también desaparecerá. Pueden aparecer, sobre todo alrededor de la nariz, en los párpados y en la nuca, unas manchas rojas denominadas an-giomas, que se hacen más evidentes al realizar un esfuerzo o al llorar. También son típicos los puntitos blanquecinos en el triángulo del rostro, de la nariz al mentón. Ambas manifestaciones son temporales. Conforme van pasando los meses, la piel del pequeño se va tornando pálida, muy suave y extremadamente delicada.

Es conveniente que cualquier alteración cutánea sea consultada con el pediatra.

La sonrisa del primer trimestre

Será una de las primeras alegrías de los padres, por mucho que algunos teóricos se empeñen en afirmar que esos amagos con la boca son casi reflejos e incontrolados. Es evidente que durante el primer mes la capacidad visual y la conciencia social del bebé son excesivamente limitadas, pero eso no Impide disfrutar de su sonrisa. Además, de la misma manera que cuando un bebé llora está demostrando su incomodidad, en uno u otro sentido, una sonrisa puede reflejar su tranquilidad y bienestar. Esa pequeña curvatura en sus

labios, acompañada de la relajación plácida de sus miembros, es uno de los primeros regalos del nuevo miembro de la familia y merece tratarse como tal. Con ella el pequeño va tendiendo sus lazos con el entorno y especialmente con la persona que le alimenta, mima, besa y acaricia. Lo importante consiste, como progenitores, en ser capaces de establecer la complicidad que la comunicación con un ser tan pequeño conlleva. Posiblemente, el niño ya sonría a los dos meses cuando se le mire o se le hable.

Por lo general, al final del tercer trimestre, un adulto puede ya provocarle la risa.

En sus manos está el mundo

Las manos serán para el bebé casi como sus ojos. Por los movimientos que desarrolla con ellas se puede seguir paso a paso su despertar a la conciencia, ya que con su cuerpo aprende tanto como con lo que le rodea. La actividad mano-boca es muy corriente desde los primeros meses de vida. A partir de las cinco o seis semanas, el pequeño comenzará a fijarse en su mano cuando ésta pasa por su campo de visión e incluso insistirá en moverla, lo que Indica que se ha cerciorado de su existencia. A partir de entonces, si se coloca un sonajero o un móvil a su alcance, colgado en la cuna, dirigirá sus manos hacia el objeto para tocarlo. Redoblará sus esfuerzos si oye

su sonido y éste se mueve. Y poco a poco establece la relación entre el movimiento que hace, el objeto que ve y el sonido que oye. Palpar, coger y tocar se convertirán en sus aficiones más absorbentes. Sin embargo, por regla general, los bebés se interesan por todo sin tener conciencia del peligro. De ahí que a partir de que comience a gatear sea necesario extremar las precauciones: enchufes, objetos de cristal…

Esta ansia por saber tiene su recompensa, ya que hacia los siete meses su puntería se afina y es capaz de coger los objetos con ambas manos y llevárselos certeramente a la boca. Entre los ocho meses y el año las manos se convertirán en el instrumento para tirar al suelo todo lo que esté a su alcance. Esta etapa es necesaria en su aprendizaje, ya que con dicho juego mide distancias, calibra diferentes ruidos, anticipa lo que va a suceder…

Lo mejor es optar por eliminar de su campo de visión y tanteo todo aquello que se rompa o conlleve peligro, y dejarle jugar con el resto de los objetos.

Preparándose para andar

bebé llorandoEl bebé suele dar sus primeros pasos más o menos entre los diez y los dieciocho meses; sin embargo, en este aspecto, como en otros muchos, el ritmo de desarrollo de los pequeños es sumamente variado. El que un niño

comience a andar antes del año no implica que sea más listo ni más ágil que el que lo hace al año y medio. Cada niño tiene su propia cadencia de desarrollo y es necesario respetarla. Puede ser que a uno le cueste más andar pero, en cambio, su adquisición del lenguaje sea precoz, o viceversa.

Los profesionales han constatado que hacia los seis años, los niños suelen igualar sus capacidades.

Antes de que logre caminar ha sido necesario superar toda una serie de «pruebas» previas. El proceso ha comenzado por sostener erguida la cabeza y, más adelante, por sentirse capacitado para darse la vuelta por sí solo cuando se le coloca boca abajo. Hacia los ocho meses ya ha de poder mantenerse sentado, sin ayuda. A los nueve, empezará a ponerse de pie, siempre agarrado al parque, a un adulto…

Es entonces cuando algunos niños descubren que gateando pueden llegar a casi todos los sitios y se convierten en auténticos expertos en esta técnica. Otros, en cambio, ni se dignan apoyar las rodillas en el suelo.

Sobre el gateo existen opiniones para todos los gustos, desde las que argumentan que es fundamental para el desarrollo del niño a las que afirman que los niños que gatean tardan más en andar. Lo importante, a fin de cuentas, es respetar su evolución natural y que el pequeño no se sienta nunca forzado.

REGURGITACIONES

Es normal que mientras el alimento del bebé sea sólo líquido regurgite después de cada toma o biberón, es decir, expulse un poco de leche tras el eructo. Eso no debe preocupar a las madres excepto si lo hace en grandes cantidades y con mucha frecuencia. Si regurgita en exceso, la causa puede ser que mame demasiado deprisa, que trague aire al hacerlo o que la leche sea demasiado líquida. Hay que comprobar que el bebé introduce todo el pezón en la boca cuando mama para que no le entre aire y en caso de que tome biberón, revisar que el agujero de la tetina no sea demasiado grande. Otras veces, el exceso de regurgitaciones en los bebés de biberón se soluciona espesando más la leche (haciendo la mezcla con menos agua) o cambiando el tipo de leche, pero estas medidas deben tomarse sólo por indicación del pediatra. Sólo en el caso de que las regurgitaciones revelaran sangre hay que consultar al pediatra inmediatamente.

HIPO

Los recién nacidos sufren con frecuencia ataques de hipo que a veces, incluso, pueden durar hasta una hora. El hipo suele ser la consecuencia de que el bebé se alimente demasiado deprisa, tragando aire al succionar. Aunque los padres acostumbran a inquietarse, es poco lo que se puede hacer por el bebé aparte de mecerlo y acariciarlo. Para tranquilidad de los padres hay que decir que no provoca sufrimiento alguno al bebé.

Granitos blancos o milium

El milium, es decir, esos minúsculos puntos nacarados diseminados por la frente, la nariz, las mejillas, el mentón y a veces hasta el mismo pecho, aparecen a causa de una obstrucción de las glándulas sebáceas debido a que las secreciones no están completamente regularizadas. No hay que hacer nada. Desaparecerán de forma natural después de algunas semanas o meses.

Manchas oscuras

Sin relieve, son de un tono un poco más oscuro que el de la piel pero no tan marrones como los lunares. Afectan a uno de cada treinta recién nacidos, pero también pueden aparecer más tarde, en cualquier parte del cuerpo. No hay que preocuparse: son totalmente inofensivas y no evolucionan negativamente jamás.

Lunares

Los lunares congénltos, que ya se presentan en el nacimiento o durante las primeras semanas, afectan solamente a uno de cada cien bebés. Los más frecuentes son los que aparecen más tarde, sobre todo después de una exposición solar, afectando sobre todo a los bebés rubios y pelirrojos.

Marcas en forma de fresa

Su verdadero nombre es hemangiomas. Son unas manchas invisibles normalmente en el examen pediátrico que se hace en el nacimiento, pero que aparecen muy precozmente. Los pediatras suelen decir que su aparición coincide con la salida d¡e la maternidad. Empiezan como un minúsculo punto rojo, que se va agrandando durante los ocho o diez primeros meses de vida para formar una pequeña excrecencia. Se trata de una dilatación de algunos vasos sanguíneos en la capa externa de la piel y su causa es desconocida.

Muchos padres se desesperan ante estas anomalías estéticas que manchan sobre todo la cara y la cabeza. Pero en la gran mayoría de los casos es mejor no hacer nada al respecto, ya que estas lesiones desaparecen espontáneamente a la edad de cinco o seis años, sin dejar ninguna huella. Sin embargo, es necesario vigilar muy atentamente los hemangiomas próximos al párpado, ya que pueden provocar algunas lesiones en el ojo.

Las manchas de vino

Llamadas displasias vasculares o angiomas planos, estas manchas rojovioláceas aparecen en el nacimiento y crecen con el niño. Son muy frecuentes -afectan a uno de cada cinco niños-, y aunque raramente grandes, pueden resultar poco atractivas, sobre todo si afectan a la cara. En la mayoría de los casos, un tratamiento con láser permite hoy en día disimularlas.

Pecho o biberón?

madre con bebé

Durante los tres primeros años de vida, la alimentación posee una importancia crucial para el buen desarrollo físico del bebé. Dar con la clave de la mejor alimentación para el bebé durante los primeros años, es garantizar el aspecto fundamental, junto con la higiene personal y el dormir “bien”, de su calidad de vida. Además de garantizar un desarrollo sano, la buena alimentación proporcionará al bebé grandes dosis de afecto y protección.

La alimentación es una de las claves de la salud del niño. Durante los primeros años se van adquiriendo las costumbres que determinarán el perfil alimentarlo del resto de su vida. Para que el niño crezca sano y feliz necesita el amor de sus padres, transmitido también mediante una buena alimentación. La lactancia materna favorece especialmente la íntima relación entre madre e hijo, se suministra de forma mucho más sencilla y cómoda y además ayuda a prevenir infecciones.

Si no es posible, la lactancia artificial también puede aprovecharse para alimentar al niño afectivamente. Después del calostro, al segundo o quinto día, se produce la subida de la leche, una leche especialmente concebida por la madre para su propio bebé y, por tanto, la mejor para él. Después de la primera semana, en la que madre y pequeño reajustan los horarios de las tomas, todo empezará a ser más fácil.

La madre, ya más relajada, es capaz de valorar la comodidad que le da el hecho de amamantar al bebé. Aunque está sujeta a unos horarios, las ventajas son Infinitamente mayores. Primero, la simplicidad: la leche está lista a cualquier hora del día, no hay que calentarla ni preservarla de los microbios, no es necesario comprar leche, ni esterilizar biberones, ni hervir el agua, ni probar con tetinas hasta que el niño encuentre su medida justa. Además, no tendrá que levantarse a preparar biberones por la noche y podrá viajar con el bebé sin necesidad de ir cargada con mil y un utensilios.

La salud del niño también se beneficia con la leche de su madre. Apenas hay riesgo de diarreas o de estreñimiento y su alimentación es totalmente equilibrada en cuanto a proteínas (justo las necesarias y además sin peligro de que provoquen alergias), el tipo de grasas y las vitaminas y sales minerales que requiere su organismo. Además, la leche materna refuerza su sistema inmunitario, ayudando a prevenir las infecciones.

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EL BEBÉ QUE NO ENGORDA.

El peso del bebé suele ser una de las principales preocupaciones de los padres. En los días siguientes al! nacimiento, el niño pierde una décima parte de su peso debido a la evacuación de los desechos que ocupaban sus intestinos y a la escasa alimentación que recibe. A partir del tercer día empezará a aumentar entre 100 y 150 gr., a la semana el primer mes, y entre 150 y 200 g por semana durante los tres meses siguientes. Pero hay que tener en cuenta que los bebés no aumentan de peso de forma regular sino que tienen unas “puntas de crecimiento” en que engordan más y necesitan más alimento. Estas épocas suelen coincidir con las tres semanas, seis semanas, los tres meses y los seis meses de edad.

Si el niño no engorda, en primer lugar hay que determinar si es porque come poco y duerme mucho, o porque no recibe la leche adecuada tanto en cantidad como en calidad. En el caso de que tome biberón, el pediatra evaluará la necesidad de cambiar de leche o la dosificación de la misma, ya que muchas veces los bebés no se terminan el biberón porque la leche les resulta indigesta y se sienten molestos.

Cuando se trata de un niño de pecho, además de revisar la salud y dieta de la madre, hay que observar si el bebé succiona de forma correcta, ya que en algunos casos en que los bebés no engordan, la causa no está en la frecuencia y duración de las tomas sino en la calidad de la succión. Si el niño no succiona bien (chupa su labio inferior junto al pezón, aprieta sus mandíbulas sobre el final del pezón), las mamas de la madre no estarán suficientemente estimuladas y no producirán la leche necesaria, al tiempo que el bebé no ingerirá el alimento suficiente. Existen distintas técnicas para verificar si el bebé mama de forma correcta que puede aplicar la misma madre con el consejo del pediatra.

¿Cómo cuidar un bebé los primeros días?

madre con bebé

Desde los primeros días conviene establecer unos horarios y ritos fijos en el cuidado del bebé, como por ejemplo la hora de darle de mamar, acostarlo, bañarlo o sacarlo a pasear.

Estas costumbres dan seguridad y tranquilidad al niño y le ayudan a enfrentarse a ese mundo lleno de sorpresas y cosas nuevas que representa la vida fuera del seno materno.

Durante los primeros meses, madre e hijo mantienen un mismo ritmo de vida lleno de pequeños ritos que desempeñan un importante papel en el desarrollo y bienestar del bebé. Es importante desde el primer momento, ser consciente de estos ritos, planificarlos y con el tiempo se van haciendo de manera automática por ambas partes de forma natural.

RITOS Y HORARIOS FIJOS

Sostener al niño en brazos, acunarle, mirarle y hablarle mientras mama, bañarle, acariciarle, darle masajes, cambiarle los pañales, etc., son actos que la madre repite cada día, convirtiéndolos en costumbres que constituirán los pilares del futuro aprendizaje del bebé.

Repetir los mismos gestos cada día (tanto los destinados a su cuidado como las muestras de amor y cariño) convierte a la madre o al padre en un espejo en el que el bebé puede verse a sí mismo, ya que todavía no sabe verse como un individuo independiente. Más tarde, a los tres o cuatro meses, se pueden variar los horarios teniendo en cuenta que cada nueva experiencia debe producirse de una forma gradual.

PADRE DESDE EL PRIMER DÍA

padre con bebéEl padre puede integrarse desde el primer día en este juego de ritos y gestos con el bebé, porque a pesar de la natural dependencia del recién nacido de la madre, el desarrollo integral del niño necesita de la presencia de la figura masculina.

Si el padre aprende a tomar confianza con el bebé y no se autoexcluye de sus cuidados, sentará las bases para una relación plena con su nuevo hijo y con su pareja, evitando celos y sentimientos de abandono.

En la actualidad, muchos padres alternan con la mache los cuidados del niño bañándolo, cambiándole los pañales y dándole el biberón. Pero también es importante que se impongan un protocolo de mimos, caricias y juegos.

El bebé percibirá los gestos del padre de forma diferente a los de la madre porque su mirada, su sonrisa y su voz son diferentes. Eso creará una base sólida de armonía y entendimiento familiar así como un desarrollo óptimo del niño.

CANCIONES DE CUNA

El bebé tiene dos necesidades primordiales al nacer: la leche, y la voz y contacto maternos. Por eso en todas las culturas hay canciones de cuna para dormir, entretener y tranquilizar a los bebés.

La voz de la madre ha estado acompañando al bebé desde el cuarto mes de gestación, porque es a partir de ese mes cuando el feto empieza a percibir los sonidos en el medio acuático en el que vive. Después del parto, la voz de la madre conecta al niño con el exterior y es su primer punto de referencia para ir integrando el mundo sonoro que le rodea y para preparar su futura inserción lingüística, es decir, para aprender a hablar.

Algunos especialistas llaman al canto “el cordón simbólico”, ya que si la madre sigue cantando, puede distanciarse del niño y abandonar la estancia donde se halla el bebé sin romper el contacto con él, o incluso puede grabar sus canciones para tranquilizar al niño cuando tiene que ausentarse.

Las canciones de cuna o nanas suelen calmar y tranquilizar a los niños, ya que incluyen los tres elementos que más satisfacen la demanda de fusión del niño: la voz, el contacto físico envolvente del arrullo y la mirada. La nana más efectiva es la que se canta en la mecedora mirando y arrullando al bebé, porque el balanceo le producirá una grata sensación de equilibrio.

El significado del llanto

bebé llorandoEl llanto del niño al nacer es como una forma de respiración profunda, ya que su salida a través del canal cervical le produce una cierta hipoxia -falta de oxígeno- pasajera. Cuando la cabeza del bebé sale fuera de la vulva, deja de percibir la presión a la que está habituado y esto, junto con la falta de oxígeno y otros cambios que se producen, estimula el centro encargado de la respiración de su cerebro, produciendo el llanto que anuncia el nacimiento.

Al principio, el llanto será el único medio de comunicación del bebé. En los primeros días de su existencia, este lenguaje le servirá indistintamente para manifestar su sufrimiento, sus deseos y sus necesidades de comida. Bastarán unas semanas para que los padres aprendan a interpretar este lenguaje y para que averigüen que nunca son los gritos de un bebé lo que debe preocupar, sino su silencio prolongado.

EL SUEÑO

El recién nacido duerme una media de dieciséis horas al día con variaciones según cada caso. Los primeros días, el bebé no diferencia entre el día y la noche y sus períodos de sueño duran unas tres horas. Al cumplir el mes empezará a adquirir el ritmo día-noche, pero puede despertarse todavía una o dos veces por noche. Durante el día hace cuatro siestas y permanece un largo período despierto al final de la jornada entre las diecisiete y las veintidós horas.

A los tres meses puede llegar a dormir hasta nueve horas por la noche y el resto de los períodos de sueño los reparte en tres o cuatro siestas durante la jornada. Los períodos de vigilia se van alargando poco a poco.

Es importante que el bebé duerma lo suficiente, ya que es durante el sueño profundo cuando el organismo segrega la hormona del crecimiento que le permite la recuperación física. Por eso es esencial mantener y respetar el ritmo de sueño particular de cada niño. Si éste se altera, pueden existir problemas de crecimiento irreversibles, y los pediatras observan que estos niños sufren con más frecuencia problemas de otitis o rinofaringitis.

LA HABITACIÓN DEL BEBÉ

Al principio resulta más cómodo tener al bebé por las noches en la habitación de los padres en un pequeño moisés con ruedas. Pero durante el día, el bebé debe estar en su habitación, ya que de esta forma se reserva la intimidad de la alcoba y no se crean hábitos en el niño difíciles de erradicar cuando sea un poco más mayor. La habitación del bebé debe ventilarse al menos una hora al día e intentar que su temperatura no sobrepase los 20 grados en invierno. Cuando se usa calefacción hay que mantener el grado de humedad mediante humidificadores o recipientes con agua en la habitación.

Hay que evitar llenar la habitación del recién nacido con muchos muñecos de peluche, ya que son nidos de polvo. Es mejor conservar sólo uno y lavarlo con frecuencia.

LA HIGIENE DEL BEBÉ

El baño del bebé (rito diario obligado desde que se cae el cordón umbilical, unos diez días después del nacimiento) debe convertirse en algo más que una operación de limpieza, ya que es una excelente oportunidad para mantener una relación táctil entre madre e hijo o entre padre e hijo, y un momento privilegiado de intimidad entre el bebé y los padres. Hay que hacer durar el ritual del baño lo máximo posible y alargarlo dando un suave masaje con un aceite especial.

Existe la falsa idea de que a los recién nacidos no se les puede cortar las uñas porque les duele; sin embargo, cuando las tienen largas, es más peligroso no cortárselas ya que se podrían arañar. Para que resulte más fácil se le puede colocar un paquete de algodón dentro de la mano para que se le abran los dedos, y realizar la operación con mucho cuidado y en perfectas condiciones higiénicas.

Los primeros dientes del bebé no saldrán hasta los seis u ocho meses, pero algunos especialistas recomiendan que desde el quinto o sexto día de vida se empiece a cuidar su «dentadura» masajeando sus encías dos veces al día.

La madre o el padre pueden envolver su dedo índice en una gasa humedecida y masajearle las encías suavemente. Esto no sólo ayuda a eliminar posibles bacterias, sino que fortalece también sus encías previniendo así las típicas molestias que provoca la salida de los dientes de leche.

 

 Bebés prematuros

El bebé ha nacido antes de tiempo o ha nacido en fecha que le correspondía pero con poco peso, precisará de unos cuidados especiales y posiblemente deberá pasar unos días en la incubadora.

Sean prematuros o no, estos bebés pueden presentar problemas para mantener la temperatura y para ser alimentados con normalidad, dificultades respiratorias, hipoglucemia (niveles bajos de azúcar en la sangre), ictericia, etc.

En los últimos años, la mayoría de las clínicas no sólo permiten que los padres tengan acceso a la incubadora y pasen bastantes horas con su hijo, sino que además lo recomiendan, ya que se ha demostrado que los abrazos y caricias de la madre favorecen una recuperación más rápida del bebé.