Pecho o biberón?

Durante los tres primeros años de vida, la alimentación posee una importancia crucial para el buen desarrollo físico del bebé. Dar con la clave de la mejor alimentación para el bebé durante los primeros años, es garantizar el aspecto fundamental, junto con la higiene personal y el dormir “bien”, de su calidad de vida. Además de garantizar un desarrollo sano, la buena alimentación proporcionará al bebé grandes dosis de afecto y protección.

La alimentación es una de las claves de la salud del niño. Durante los primeros años se van adquiriendo las costumbres que determinarán el perfil alimentarlo del resto de su vida. Para que el niño crezca sano y feliz necesita el amor de sus padres, transmitido también mediante una buena alimentación. La lactancia materna favorece especialmente la íntima relación entre madre e hijo, se suministra de forma mucho más sencilla y cómoda y además ayuda a prevenir infecciones.

Si no es posible, la lactancia artificial también puede aprovecharse para alimentar al niño afectivamente. Después del calostro, al segundo o quinto día, se produce la subida de la leche, una leche especialmente concebida por la madre para su propio bebé y, por tanto, la mejor para él. Después de la primera semana, en la que madre y pequeño reajustan los horarios de las tomas, todo empezará a ser más fácil.

La madre, ya más relajada, es capaz de valorar la comodidad que le da el hecho de amamantar al bebé. Aunque está sujeta a unos horarios, las ventajas son Infinitamente mayores. Primero, la simplicidad: la leche está lista a cualquier hora del día, no hay que calentarla ni preservarla de los microbios, no es necesario comprar leche, ni esterilizar biberones, ni hervir el agua, ni probar con tetinas hasta que el niño encuentre su medida justa. Además, no tendrá que levantarse a preparar biberones por la noche y podrá viajar con el bebé sin necesidad de ir cargada con mil y un utensilios.

La salud del niño también se beneficia con la leche de su madre. Apenas hay riesgo de diarreas o de estreñimiento y su alimentación es totalmente equilibrada en cuanto a proteínas (justo las necesarias y además sin peligro de que provoquen alergias), el tipo de grasas y las vitaminas y sales minerales que requiere su organismo. Además, la leche materna refuerza su sistema inmunitario, ayudando a prevenir las infecciones.

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EL BEBÉ QUE NO ENGORDA.

El peso del bebé suele ser una de las principales preocupaciones de los padres. En los días siguientes al! nacimiento, el niño pierde una décima parte de su peso debido a la evacuación de los desechos que ocupaban sus intestinos y a la escasa alimentación que recibe. A partir del tercer día empezará a aumentar entre 100 y 150 gr., a la semana el primer mes, y entre 150 y 200 g por semana durante los tres meses siguientes. Pero hay que tener en cuenta que los bebés no aumentan de peso de forma regular sino que tienen unas “puntas de crecimiento” en que engordan más y necesitan más alimento. Estas épocas suelen coincidir con las tres semanas, seis semanas, los tres meses y los seis meses de edad.

Si el niño no engorda, en primer lugar hay que determinar si es porque come poco y duerme mucho, o porque no recibe la leche adecuada tanto en cantidad como en calidad. En el caso de que tome biberón, el pediatra evaluará la necesidad de cambiar de leche o la dosificación de la misma, ya que muchas veces los bebés no se terminan el biberón porque la leche les resulta indigesta y se sienten molestos.

Cuando se trata de un niño de pecho, además de revisar la salud y dieta de la madre, hay que observar si el bebé succiona de forma correcta, ya que en algunos casos en que los bebés no engordan, la causa no está en la frecuencia y duración de las tomas sino en la calidad de la succión. Si el niño no succiona bien (chupa su labio inferior junto al pezón, aprieta sus mandíbulas sobre el final del pezón), las mamas de la madre no estarán suficientemente estimuladas y no producirán la leche necesaria, al tiempo que el bebé no ingerirá el alimento suficiente. Existen distintas técnicas para verificar si el bebé mama de forma correcta que puede aplicar la misma madre con el consejo del pediatra.

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