Primeros días del bebé en casa

Hay ya en casa un nuevo inquilino, en torno al cual va a girar, presumiblemente, toda la vida de la familia. Cada día, cada momento de este inicio a la vida estará lleno de emociones y de gratas experiencias para el bebé y sus padres. Existen tantos aspectos fundamentales en esta etapa, y tantas interrogaciones, que se deberá estar especialmente atento a los adelantos del bebé, y seguirlos muy de cerca. Durante el primer año de vida, el bebé estirará su talla sorprendentemente, ganará peso y fortalecerá sus piernas, preparándolas para los primeros pasos.

El esbozo de un bebé en los primeros doce meses sería, a grandes rasgos, el siguiente: engordará y crecerá de forma espectacular para llegar, al cumplir el año, a los 10 kg y los 75 cm, aproximadamente. Buena parte de sus reflejos evolucionarán para convertirse en movimientos voluntarios. Aprenderá que estar contento o enfadado tiene sus propias expresiones diferenciadas, y que sus manos son la mejor herra

mienta para el conocimiento del mundo. Sus dientes comenzarán a aflorar en las encías y producirá sus primeras palabras. También se preparará para dar sus primeros pasos.

CONTROL DE TALLA Y PESO

Las estadísticas generales clasifican a los neonatos -bebés en el primer mes de vida- según el tiempo de gestación y el peso. Con todo, no hay que obsesionarse con esta clasificación. El primer apartado incluye tres subgrupos: recién nacidos a término, entre las treinta y siete y las cuarenta y dos semanas de gestación; prematuros, cuando llegan al mundo antes de las treinta y siete semanas de gestación; y nacidos después de las semanas establecidas, a partir de las cuarenta y dos semanas de gestación. El peso también conlleva divisiones: peso normal (entre 2.500 y 4.000 g), peso bajo (menos de 2.500 g) y peso elevado (más de 4.000 g). A partir de estas clasificaciones y combinándolas se dan todas las variantes posibles.

Un bebé que nace dentro del período considerado normal pesa, por término medio, 3.300 g, mide 50 cm y tiene un perímetro craneal de 34 centímetros. Estas cifras han de tomarse como simples orientaciones, ya que las características de un neonato pueden variar según el sexo -la estatura y el peso suelen ser algo mayores en los niños que en las niñas-, los factores genéticos -estatura y constitución de los padres- y las condiciones de vida de la madre durante el embarazo.

Durante los primeros días, el recién nacido pierde cerca del diez por ciento del peso que tenía al nacer. La denominada pérdida fisiológica se recupera fácilmente en la segunda semana. A partir de entonces resulta fácil comprobar el aumento de peso. En el primer trimestre los bebés suelen engordar entre 150 y 200 g semanales. En el segundo trimestre, de 100 a 150 g. En el tercer trimestre el aumento es de unos 100 g semanales, y en el cuarto se reduce a unos 70 g a la semana. Con esta progresión, a los cuatro o cinco meses doblan su peso, que estará en torno a los 10 kg cuando cumplan un año. Respecto a la talla, la media de crecimiento es de 10 cm a los cuatro meses y otros tantos a los doce meses, con lo que el pequeño medirá al año unos 20 o 25 cm más que cuando nació.

Los niños que han nacido con bajo peso o menor medida tienden a equipararse con sus coetáneos al cabo de unos meses. Así que no hay que desanimarse si un bebé prematuro, aunque en buen estado de salud, ha pesado sólo 1.570 g y medido 40 cm. A los doce meses puede haber alcanzado el peso y la estatura medios de un niño de su edad. Además, los bebés también pasan por «crisis» de crecimiento que surgen de pronto. Es fácil darse cuenta porque, de repente, parecen hambrientos e insaciables, abalanzándose al pezón o a la tetina del biberón.
La curiosidad lo puede todo

Imaginarse en la piel de un recién nacido da una medida de la gran aventura a la que debe enfrentarse: un mundo en principio extraño que puede provocar sensaciones de todo tipo. Necesita tiempo y un largo aprendizaje. Si el recién nacido duerme la mayor parte del día y apenas abre los ojos, poco a poco, a partir del primer mes, comenzará a interesarse por el mundo que le rodea: primero será su propio cuerpo, luego los objetos de su alrededor y por último las personas de su entorno (el hogar, el parque, la guardería). En todo ello, la curiosidad es el primer factor estimulante. Su inteligencia se va despertando a través de las vivencias.

Estas «crisis» acostumbran a durar, más o menos, dos días hasta que todo vuelve a la normalidad. Por ello es aconsejable no obsesionarse con el tema. Las periódicas visitas que el pediatra establece para el control del pequeño permitirán que sea el profesional el que evalúe su correcto desarrollo;

DE LOS REFLEJOS A LOS MOVIMIENTOS VOLUNTARIOS

El neonato presenta al nacer una serie de reflejos, algunos de los cuales desaparecerán mientras que otros evolucionarán para convertirse en movimientos voluntarios. Entre ellos se hallan la capacidad de dar algunos pasos cuando se les pone de pie, o la de agarrarse fuertemente a los dedos de un adulto. Además el bebé, desde el mismo momento en el que nace, es capaz de sostener la cabeza breves instantes cuando se apoya sobre el vientre. Si se le acostumbra a mantener esta posición cuando está despierto, es evidente que desarrollará antes los músculos que le permitirán «aguantar» la cabeza recta.

Su curiosidad por el entorno será un buen acicate para el entrenamiento. Pero, eso sí, cuando se le levante o se le coja en brazos, hay que sujetar bien su cabeza, porque hasta los tres meses sus músculos no están preparados para realizar por sí solos dicho esfuerzo y habrá que esperar más o menos hasta los cuatro meses para comprobar que puede sostenerla correctamente y girarla en todos los sentidos.

El recién nacido también presenta otros reflejos tan importantes para su supervivencia como es el de succión, y otros que delatan sus esfuerzos de adaptación al nuevo medio, que no es precisamente una tarea fácil para él. Por eso no hay que asustarse si estornuda a menudo, aunque no esté resfriado -es una simple reacción a las pequeñas partículas de polvo que se le introducen por la nariz-, o si se sobresalta incluso espontáneamente: hay todo un mundo de ruidos nuevos, extraños, e incluso sensaciones a las que se debe acostumbrar.

En este apartado se incluyen también las regurgitaciones después de algunas de las tomas, que no han de ser consideradas vómitos ni han de implicar un problema; lo mismo que los ruidos intestinales, la contracción de las piernas y la presión como si quisiera hacer de vientre cuando come.

Es bastante normal que durante los primeros meses las deposiciones del bebé coincidan con las tomas, sobre todo si se alimenta con leche materna. Es lo que se denomina diarrea fisiológica.

UN BEBÉ DE LA CABEZA A LOS PIES

salut-infantil-06-bebeUna observación detenida del cuerpo del bebé y de los cambios que experimenta según pasa el tiempo revela información interesante sobre la evolución física de los seres humanos. La cabeza de un recién nacido por parto normal tiene una forma ovalada que irá desapareciendo en el transcurso de los días siguientes.

Ello es debido a que los huesos del cráneo todavía no están soldados, lo que facilita la salida del bebé al mundo exterior a través de la vagina materna. Por el contrario, los niños

que nacen por cesárea y que, por tanto, no han realizado el mismo esfuerzo, presentan una cabeza redondeada. Pero independientemente de la forma que presente, destaca el perímetro de la cabeza del bebé, de unos 34 cm. Los huesos del cráneo presentan dos fontanelas o separaciones entre ellos; la anterior se cierra entre los nueve y los dieciséis meses de vida; y la posterior, entre el primer y segundo mes.

En comparación con su cabeza, el cuerpo del bebé parece casi Insignificante: pequeño, con una tripa prominente y unas piernas cortas y arqueadas. Estas características irán cambiando poco a poco.

Así, durante este primer año, su tripa seguirá destacando pero sus piernas arqueadas comenzarán a enderezarse conforme adquiera seguridad al caminar.

También sus pies se presentan planos, ya que el arco de la planta se va formando lentamente. De ahí que cualquier especialista aconseje que el niño ande descalzo sobre la arena. Es la mejor forma de fortalecer su musculatura y de que el arco de la planta evolucione normalmente.

Su piel también variará en los días inmediatos a su nacimiento. Su color perderá ese tono rojo tan intenso y característico de los recién nacidos y el manto blanquecino y grasoso que la protege. Paralelamente renovará la

piel, en un proceso normal (descamación fisiológica) que se acusa principalmente en los dedos de las manos y los pies. El vello que puede cubrir su cara y hombros, denominado lanugo, también desaparecerá. Pueden aparecer, sobre todo alrededor de la nariz, en los párpados y en la nuca, unas manchas rojas denominadas an-giomas, que se hacen más evidentes al realizar un esfuerzo o al llorar. También son típicos los puntitos blanquecinos en el triángulo del rostro, de la nariz al mentón. Ambas manifestaciones son temporales. Conforme van pasando los meses, la piel del pequeño se va tornando pálida, muy suave y extremadamente delicada.

Es conveniente que cualquier alteración cutánea sea consultada con el pediatra.

La sonrisa del primer trimestre

Será una de las primeras alegrías de los padres, por mucho que algunos teóricos se empeñen en afirmar que esos amagos con la boca son casi reflejos e incontrolados. Es evidente que durante el primer mes la capacidad visual y la conciencia social del bebé son excesivamente limitadas, pero eso no Impide disfrutar de su sonrisa. Además, de la misma manera que cuando un bebé llora está demostrando su incomodidad, en uno u otro sentido, una sonrisa puede reflejar su tranquilidad y bienestar. Esa pequeña curvatura en sus

labios, acompañada de la relajación plácida de sus miembros, es uno de los primeros regalos del nuevo miembro de la familia y merece tratarse como tal. Con ella el pequeño va tendiendo sus lazos con el entorno y especialmente con la persona que le alimenta, mima, besa y acaricia. Lo importante consiste, como progenitores, en ser capaces de establecer la complicidad que la comunicación con un ser tan pequeño conlleva. Posiblemente, el niño ya sonría a los dos meses cuando se le mire o se le hable.

Por lo general, al final del tercer trimestre, un adulto puede ya provocarle la risa.

En sus manos está el mundo

Las manos serán para el bebé casi como sus ojos. Por los movimientos que desarrolla con ellas se puede seguir paso a paso su despertar a la conciencia, ya que con su cuerpo aprende tanto como con lo que le rodea. La actividad mano-boca es muy corriente desde los primeros meses de vida. A partir de las cinco o seis semanas, el pequeño comenzará a fijarse en su mano cuando ésta pasa por su campo de visión e incluso insistirá en moverla, lo que Indica que se ha cerciorado de su existencia. A partir de entonces, si se coloca un sonajero o un móvil a su alcance, colgado en la cuna, dirigirá sus manos hacia el objeto para tocarlo. Redoblará sus esfuerzos si oye

su sonido y éste se mueve. Y poco a poco establece la relación entre el movimiento que hace, el objeto que ve y el sonido que oye. Palpar, coger y tocar se convertirán en sus aficiones más absorbentes. Sin embargo, por regla general, los bebés se interesan por todo sin tener conciencia del peligro. De ahí que a partir de que comience a gatear sea necesario extremar las precauciones: enchufes, objetos de cristal…

Esta ansia por saber tiene su recompensa, ya que hacia los siete meses su puntería se afina y es capaz de coger los objetos con ambas manos y llevárselos certeramente a la boca. Entre los ocho meses y el año las manos se convertirán en el instrumento para tirar al suelo todo lo que esté a su alcance. Esta etapa es necesaria en su aprendizaje, ya que con dicho juego mide distancias, calibra diferentes ruidos, anticipa lo que va a suceder…

Lo mejor es optar por eliminar de su campo de visión y tanteo todo aquello que se rompa o conlleve peligro, y dejarle jugar con el resto de los objetos.

Preparándose para andar

bebé llorandoEl bebé suele dar sus primeros pasos más o menos entre los diez y los dieciocho meses; sin embargo, en este aspecto, como en otros muchos, el ritmo de desarrollo de los pequeños es sumamente variado. El que un niño

comience a andar antes del año no implica que sea más listo ni más ágil que el que lo hace al año y medio. Cada niño tiene su propia cadencia de desarrollo y es necesario respetarla. Puede ser que a uno le cueste más andar pero, en cambio, su adquisición del lenguaje sea precoz, o viceversa.

Los profesionales han constatado que hacia los seis años, los niños suelen igualar sus capacidades.

Antes de que logre caminar ha sido necesario superar toda una serie de «pruebas» previas. El proceso ha comenzado por sostener erguida la cabeza y, más adelante, por sentirse capacitado para darse la vuelta por sí solo cuando se le coloca boca abajo. Hacia los ocho meses ya ha de poder mantenerse sentado, sin ayuda. A los nueve, empezará a ponerse de pie, siempre agarrado al parque, a un adulto…

Es entonces cuando algunos niños descubren que gateando pueden llegar a casi todos los sitios y se convierten en auténticos expertos en esta técnica. Otros, en cambio, ni se dignan apoyar las rodillas en el suelo.

Sobre el gateo existen opiniones para todos los gustos, desde las que argumentan que es fundamental para el desarrollo del niño a las que afirman que los niños que gatean tardan más en andar. Lo importante, a fin de cuentas, es respetar su evolución natural y que el pequeño no se sienta nunca forzado.

REGURGITACIONES

Es normal que mientras el alimento del bebé sea sólo líquido regurgite después de cada toma o biberón, es decir, expulse un poco de leche tras el eructo. Eso no debe preocupar a las madres excepto si lo hace en grandes cantidades y con mucha frecuencia. Si regurgita en exceso, la causa puede ser que mame demasiado deprisa, que trague aire al hacerlo o que la leche sea demasiado líquida. Hay que comprobar que el bebé introduce todo el pezón en la boca cuando mama para que no le entre aire y en caso de que tome biberón, revisar que el agujero de la tetina no sea demasiado grande. Otras veces, el exceso de regurgitaciones en los bebés de biberón se soluciona espesando más la leche (haciendo la mezcla con menos agua) o cambiando el tipo de leche, pero estas medidas deben tomarse sólo por indicación del pediatra. Sólo en el caso de que las regurgitaciones revelaran sangre hay que consultar al pediatra inmediatamente.

HIPO

Los recién nacidos sufren con frecuencia ataques de hipo que a veces, incluso, pueden durar hasta una hora. El hipo suele ser la consecuencia de que el bebé se alimente demasiado deprisa, tragando aire al succionar. Aunque los padres acostumbran a inquietarse, es poco lo que se puede hacer por el bebé aparte de mecerlo y acariciarlo. Para tranquilidad de los padres hay que decir que no provoca sufrimiento alguno al bebé.

Granitos blancos o milium

El milium, es decir, esos minúsculos puntos nacarados diseminados por la frente, la nariz, las mejillas, el mentón y a veces hasta el mismo pecho, aparecen a causa de una obstrucción de las glándulas sebáceas debido a que las secreciones no están completamente regularizadas. No hay que hacer nada. Desaparecerán de forma natural después de algunas semanas o meses.

Manchas oscuras

Sin relieve, son de un tono un poco más oscuro que el de la piel pero no tan marrones como los lunares. Afectan a uno de cada treinta recién nacidos, pero también pueden aparecer más tarde, en cualquier parte del cuerpo. No hay que preocuparse: son totalmente inofensivas y no evolucionan negativamente jamás.

Lunares

Los lunares congénltos, que ya se presentan en el nacimiento o durante las primeras semanas, afectan solamente a uno de cada cien bebés. Los más frecuentes son los que aparecen más tarde, sobre todo después de una exposición solar, afectando sobre todo a los bebés rubios y pelirrojos.

Marcas en forma de fresa

Su verdadero nombre es hemangiomas. Son unas manchas invisibles normalmente en el examen pediátrico que se hace en el nacimiento, pero que aparecen muy precozmente. Los pediatras suelen decir que su aparición coincide con la salida d¡e la maternidad. Empiezan como un minúsculo punto rojo, que se va agrandando durante los ocho o diez primeros meses de vida para formar una pequeña excrecencia. Se trata de una dilatación de algunos vasos sanguíneos en la capa externa de la piel y su causa es desconocida.

Muchos padres se desesperan ante estas anomalías estéticas que manchan sobre todo la cara y la cabeza. Pero en la gran mayoría de los casos es mejor no hacer nada al respecto, ya que estas lesiones desaparecen espontáneamente a la edad de cinco o seis años, sin dejar ninguna huella. Sin embargo, es necesario vigilar muy atentamente los hemangiomas próximos al párpado, ya que pueden provocar algunas lesiones en el ojo.

Las manchas de vino

Llamadas displasias vasculares o angiomas planos, estas manchas rojovioláceas aparecen en el nacimiento y crecen con el niño. Son muy frecuentes -afectan a uno de cada cinco niños-, y aunque raramente grandes, pueden resultar poco atractivas, sobre todo si afectan a la cara. En la mayoría de los casos, un tratamiento con láser permite hoy en día disimularlas.

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